Por nuestros muertos

Publicado: 31/10/2014
Ser corrupto hoy sale, a niveles públicos, muy barato debido a que la vertiginosa actualidad te borra de cartel en dos o tres días ante el siguiente caso
“Una vez terminado el juego, el rey y el peón vuelven a la misma caja”. Proverbio italiano.

Ser corrupto hoy sale, a niveles públicos, muy barato debido a que la vertiginosa actualidad te borra de cartel en dos o tres días ante el siguiente caso, que suele ser más grave, más sonoro, más vergonzante que el anterior. Los dos grandes partidos artífices de este desequilibrio democrático oscilan entre señalar al de enfrente con el “y tú más” o pedir perdón, que muy tarde y solo faltaría que ni eso. No es admisible que no impere la responsabilidad y, partidismos a un lado, consensuen un pacto que comprometa a todos, que airee alfombras y que sea creíble, nada de escenificar intenciones como hasta ahora. Pero el CIS publica encuesta esta semana y cada uno hará sus cuentas, incluidos Podemos, con lo cual olvídense de que nadie anteponga el interés ciudadano porque aquí lo único que cuenta, demostrado está, es mantenerse girando en este tiovivo político.

Shock. La semana ha sumido al PP en ese estado. No dan crédito. No pocos son los que internamente temen que “esto no lo levanta nadie” y que, incluso, avalan la tesis interna de un cambio de candidato de cara a las generales porque la imagen de Mariano, el lento, el que lograra mayoría absoluta hace tan poco tiempo, no parece hoy capaz de levantar el vuelo de esta gaviota que tan habitualmente parece planear por cielos que cubren paraísos fiscales. Sale lo de las tarjetas opacas y Rodrigo Rato, que de momento señala a Bankia y me cuestiono si esa práctica no ha sido habitual en todo ese mismo sector rescatado como método perfecto de compra de voluntades, asalta la imputación de Acebes, al que el juez Ruz señala como impulsor del pago en B de 1,7 millones, nada menos, en la trama Gürtel, que preocupado tiene o debería a más uno, en obras realizadas en Génova, y remata la Operación Púnica, la trama madrileña del tres por ciento por obtener concesiones y que en el PP ha dejado sensación de hundimiento general y cola ante el confesionario para rogar perdón divino.

El comentario interno es que Rajoy tal vez debería dejar paso a Sáenz de Santamaría, mujer joven y preparada, que manejó mejor la crisis del Ébola tras apartar a Mato y que, en definitiva, copia lo hecho por el PSOE en Andalucía cuando Chaves, quemado, dejó a Griñán que, quemado, dejó a Susana Díaz para aún siendo del mismo partido argumentar y parapetarse en que nada tienen que ver con los de antes, esos a los que colocan en cómodos puestos.

En el PP hay vértigo por todo lo que está pasando, temor ante todos los contratos que se firman y que puedan financiar situaciones de interés político, cautela en los gobiernos municipales, que son los principales focos de corrupción de este país exceptuando todo lo sucedido en torno a la Junta, y pensamiento colectivo de que en la situación actual ser político empieza a no merecer la pena vitos, además, lo ágiles de gatillo que andan los jueces dictando prisión por causas que, tal vez, no merecieran tanto castigo. ¿Qué harán cuando deban sentenciar al tal Granados, a Pujol, a Urdangarín, a Bárcenas, a la Junta por los Eres y la formación o a implicados de la trama Gürtel? De estar señalado en alguna es para dormir solo a ratos.

Cárcel. Dicho lo cual, no me imagino lo duro que debe resultar ser escoltado al interior de una prisión como Puerto 3, moderna, enorme, amurallada en una especie de oda al hormigón, espinos y vallas, guardias, torreones... Y cuando un político como Pedro Pacheco, del que nunca fui devoto y al que hoy en la distancia que ofrece el tiempo le concedo luces y sombras en su gestión, entra en la cárcel no puedo sentir más que tristeza, sea por él o por cualquier otro porque retrata la decadencia del sistema; no creo que el caso juzgado justifique donde está salvo por el aparente mal ejercicio del oficio que han hecho sus abogados, Pilar Sánchez debe, intuyo, arrepentirse de haberle denunciado porque nunca imaginó que terminaría así y menos mirándose ella al espejo que refleja su presente, no comparto la miseria humana de quien se alegra por algo así, esté justificado o no.

Sus primeras horas en la celda han sido de mucha depresión; después ha pedido libros, cuadernos, material para escribir, se ha inscrito como tenía previsto en la UNED para estudiar historia del arte y no son pocos los compañeros de pasillo, muchos naturales de esa misma ciudad de la que durante tantos años fuera alcalde porque la gente le votó muchas veces por mayoría, que le llaman don Pedro. Suele pagarse caro, concluyo, el no adivinar el momento adecuado de la retirada y es por esto que hoy está donde nunca imaginó terminar.

Todos los Santos. Vaya por delante que no me gusta nada eso de importar tradiciones extranjeras como si no tuviéramos suficientes con las nuestras y menos, teniendo en cuenta, que no me imagino a una polaca de flamenca y de romería pateando el monte, pero El Corte Inglés ha tenido por su bien traernos Halloween y, con él, la celebración de esta cita anual con la calabaza (dicc): fruto globoso de la calabacera, con muchas pepitas y que en determinadas zonas se consume en guiso con legumbres, acompañada de pan sopero y vino oscuro de la tierra nuestra; es recomendable para prevenir la próstata, cuidar la vista y el corazón y evita el estreñimiento. La ficha culinaria no advierte sobre el fétido aroma gaseoso que tras su consumo se desprende por conducto íntimo previo a ser evacuada, lo que en algunos casos provoca más pánico colectivo que en su versión fantasmagórica.

En este uno de noviembre, día de Todos los Santos, es tradición honrar y traer a la memoria a aquellas personas nuestras que han muerto. No soy habitual de cementerios porque no siento que allí haya nada mío, pero sí pasearé un año más por el centro de mi hermosa ciudad, grande porque muchos de ahora y de antes también hacen e hicieron cosas bien hechas, buscaré el primer frío de esta temprana noche y, de él, un cercano puesto de castañas asadas para con su sabor viajar en recuerdo de mis muertos. A los que no hayo tiempo ni modo de agradecer cuánto dieron para dejar un mundo infinitamente mejor del que ellos tuvieron.

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