Actualizado: 21:48 CET
Jueves, 12/12/2019
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San Fernando

María Vargas agradeció por bulerías la octava Leyenda del Flamenco

La cantaora nacida en Sanlúcar y afincada en Jerez comenzó a cantar con doce años y luego a ganar los premios que entonces eran esenciales para ser reconocida.

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La cantaora María Vargas se convirtió en la noche de este viernes en la octava Leyenda del Flamenco que otorga Flamenco de La Isla y la Venta de Vargas.

La entrega del galardón estaba programada para este sábado pero Mará Vargas todavía está en activo y de hecho en esta jornada de sábado canta en Madrid, por lo que apenas tenía tiempo para recoger el premio y salir de viaje.

Acompaña en el escenario por Santiago Muñoz, contó cómo se había enterado de la concesión del galardón que es un reconocimiento a toda una vida y que en vida se recibe, uno de los requisitos inviolables.

María Vargas Fernández, nacida en Sanlúcar de Barrameda en 1947 cantó en público por primera vez cuando tenía doce años y sorprendió durante un homenaje a la Cátedra de Flamencología de Jerez. Posteriormente ganó la Copa Jerez en los festejos celebrados en su ciudad natal, acompañada a la guitarra por su paisano Manolo Sanlúcar.

 

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Su revelación artística oficial se produjo ese mismo año en el Teatro Villamarta de Jerez de la Frontera, en 1959, con motivo del homenaje a Manuel Torre y Javier Molina, organizado por la Cátedra de Flamencología y Estudios Folklóricos Andaluces, en el que tomó parte Antonio Mairena y Juan Talega, como muchas figuras consagradas del arte flamenco, entre ellas Rosa Duran.


Este mismo año fue premiada en el Concurso Nacional de Arte Flamenco de Córdoba. Ha recorrido los escenarios de toda la geografía española y se ha hecho siempre acompañar por los mejores guitarristas, tales como Paco de Lucía, Manolo Sanlúcar o Paco Cepero.

La escritora neoyorquina y conocedora de lo jondo, Estela Zalatia, buena amiga de la cantaora, fue la encargada de relatar los puntos más importantes de la  larga carrera profesional de María Vargas.

María, ya con la estatua de Camarón en la mano que le entregó precisamente el autor de la estatua original que está frente a la Venta de Vargas y obviamente de la reproducción pequeña, Antonio Mota, recordó mirando a José Monje las fatiguitas que pasaron cuando se quedaron encerrados en un ascensor en Alemania, “porque como no sabíamos leer nos metimos ocho cuando sólo se podían meter cuatro”.

Finalmente y a modo de agradecimiento, María cantó por bulerías demostrando por qué sigue en activo y lo que es más importante, que le quedan muchos escenarios que pisar.

Los honores de rigor a la homenajeada corrieron a cargo de Carolina Castilla en el cante y la guitarra de Javier Mota.

 

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