Actualizado: 20:02 CET
Miercoles, 24/07/2019

San Fernando

Cada vez más enfermos y menos corazones para realizar trasplantes

La balanza se inclinará indefectiblemente hacia la implantación de corazones artificiales para paliar la gran epidemia del siglo XXI, la insuficiencia cardíaca.

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Lo ha hecho en innumerables ocasiones. Sus manos han estado en contacto con el corazón y con el paciente. Ha sufrido los nervios de un proceso que no admite fallos y que hay que sincronizar al segundo desde que una persona pierde la vida en algún lugar de España, le extraen el corazón y lo trasladan a una clínica a cientos de kilómetros.

Son las cuatro horas en las que se produce una muerte y comienza a recrearse una vida. Los pocos minutos en los que una familia pierde a un ser querido y otra familia ve la esperanza de salvar al suyo.

El año pasado se efectuaron 7.626 trasplantes de corazón en todo el mundo y diariamente se trasplanta un corazón en algún lugar, se le da una segunda oportunidad a la vida. Se intenta al menos y lo que es mejor, los éxitos van subiendo año a año desde aquellos primeros tiempos en los que era un milagro que un trasplantado viviera escasas horas.

Los últimos 50 años han sido 50 años prodigiosos en los que 18 astronautas pisaron la Luna; se ha desentrañado el genoma humano incluso adelantándose a los plazos gracias a la velocidad a la que avanza la ciencia.

En los últimos 50 años hay supercomputadoras que pueden realizar billones de operaciones por segundo y que a pesar de que consumen mucha electricidad porque se calientan “igual que a nosotros se nos calienta la cabeza cuando pensamos mucho” y hay que enfriarlas, el hombre ha sido capaz de transformar ese calor en calefacción.

Robot operan a pacientes en todo el mundo y aviones que trasladan a mil personas a miles de kilómetros de distancia. Internet puede conectar en tiempo real a personas que están a uno t a otro lado del planeta...


“Todo es emocionante, pero nada es más emocionante que vivir con un corazón ajeno. Yo, a pesar de los años, todavía no me acostumbro”, dice el catedrático de Cirugía y profesor emérito de la Universidad de Cantabria, José Manuel Revuelta Soba,

Con corazón ajeno

Lo dijo en una de las conferencias de la Real Academia de San Romualdo de Ciencias, Letras y Artes correspondiente al curso 2018-2019 que se desarrolla cada martes en el Centro de Congresos de San Fernando.

Y lo dijo además sintiéndose feliz por ser parte de este mundo que avanza a un ritmo vertiginoso y haber podido ayudar a muchas personas a vivir esa experiencia que comenzó en Sudáfrica cuando un tal doctor Christiaan Barnard saltara a las portadas de todo el mundo al ser el primero en trasplantar un corazón humano con un éxito relativo pero que consiguió que lo que hasta los años 60 se considera ciencia ficción pasara a ser una realidad cada vez más exitosa.

A la vez que se fueron sucediendo los progresos avanzada lo que hoy en día se considera la epidemia del siglo XXI, la insuficiencia cardíaca terminal motivada sencillamente porque las personas viven más, porque ha cambiado la forma de vida. Y lo que es peor, va a seguir aumentando.

Revuelta Soba explicó los orígenes de los trasplantes comenzando por Alexis Carrell, Premio Nobel en 1912 y por la larga lista de médicos que siguieron la estela, dejando claro que Barnard fue el primero en conseguirlo, pero no el primero en intentarlo.

Desde experimentos fallidos como trasplantar el corazón de un chimpancé a un hombre que de todas formas iba a morir, hasta la labor de otros médicos que fueron descubriendo las distintas técnicas para ir aislando los huecos al fracaso.

Y así se llegó, con los estudios y descubrimiento de muchos más, a aquel 3 de diciembre de 1967 cuando en el Groote Schuur, Hospital Cape Town de Sudáfrica se produjo el primer éxito. Louis Washanski recibió el corazón de Denise Darvall, fallecida por un atropello en la calle. Fue un éxito, aunque efímero.

Sólo tres días más tarde en Estados Unidos tenía lugar el segundo trasplante con éxito en un bebé de 19 días. Lo hizo Adrian Kantrowitz en el Maimonides Medical Center de Nueva York, aunque el niño sólo sobrevivió seis horas.

Pero fue el tercer trasplante, el 2 de enero de 1968, el que realmente supuso el principio del éxito y de nuevo realizado por Barnard a Philip Blaiderg, que sobrevivió un año y medio y haciendo una vida normal.

El cuarto trasplante lo hizo Norman Shumway sobreviviendo el paciente 14 días y el quinto Adrian Kantrowich, aunque el paciente murió al día siguiente. Los dos en Estados Unidos.

Trasplante en España

En España ya se estaban dando pasos en ese campo y fue el médico Cristóbal Martínez Bordiú, marqués de Villaverde, el primero que lo realizó el 18 de septiembre de 1968 en un hombre de 41 años que sufría una miocardiopatía valvular terminal. Alteraciones metabólicas le causaron la muerte.

Es ese uno de los casos que se han tratado de silenciar inexplicablemente -decía Revuelta Soba- diciendo que había durado muy poco cuando en realidad todos los pacientes que se sometían a un trasplante durante pocos días en aquellas fechas y todas partes del mundo.

“Las cosas no iban bien”, dice Revuelta a pesar de que las páginas de los periódicos se llenaban de noticias de trasplantes poco exitosos en el tiempo. Sólo el 11 por ciento sobrevivió dos años en todos los trasplantes que se hicieron en aquellos tiempos, lo que hizo que de los elogios se pasara a las críticas.

Se produjo una moratoria internacional entre 1972 y 1980 en la práctica de trasplantes para tratar de averiguar dónde estaba el fallo. Hasta que llegó la suerte de forma un tanto estrafalaria.

En Suiza se encontraba un médico llamado Jean Morel realizando ensayos con un antibiótico “que era un mamarracho, no servía para nada”. Moreal mantenía que eso era bueno.

Como antibiótico “no mataba nada” pero se dieron cuenta de que era bueno para la inhibición selectiva de los linfocitos, que son parte de la inmunidad específica. “Controla los linfocitos y si yo controlo los linfocitos no me acaba con el órgano”, explica Revuelta Soba.

El desafío estaba entonces en evitar el rechazo sin dejar sin defensa al paciente. Llegando a ese equilibrio se llega al éxito que se refleja en la actualidad, aunque los médicos se encuentran ahora con otro problema.

Los enfermos que precisan de un corazón cada vez son más y los corazones disponibles cada vez son menos. Las campañas de la Dirección General de Tráfico está dando resultados y hasta el carnet por puntos.

Y ahí es donde llega el modelo que también fue ciencia ficción en su tiempo y hoy en día otra realidad: el corazón artificial.

Organización Nacional de Trasplantes

Una de las leyes mejor plasmadas de las aprobadas en España es la Ley de Trasplantes de 1979, modificada en 1999. Toda persona que no ha manifestado anteriormente que no quiere que le extirpen un órgano es donante, aunque la práctica habitual es pedir permiso a la familia. Nunca se ha aplicado la Ley tal como está redactada.

 Y nadie puede interceder para que un órgano se destine a un paciente en concreto porque todo está centralizado en la Organización Nacional de Trasplantes. “No hay nada más transparente y serio que la Organización Nacional de Trasplantes. Yo puedo tener un familiar al lado y el que va a operar es amigo mío y no puedo hacer nada. Llaman y dicen a quién tienen que trasplantar. Nunca ha habido un caso en que alguien se haya podido saltar el protocolo por algún tipo de influencia”, dice Revuelta Soba.

El rechazo psicológico

Los datos del Registro Nacional del mes de octubre de 2018 de la Sociedad Española de Cardiología señalan que el 86 por ciento de los trasplantados vive cinco años; un 70 por ciento llega a los diez años; un 51 por ciento a los 15 años y un 35 por ciento a los veinte años con un corazón ajeno.

Unos datos que van a ir mejorando porque también bajan los casos de rechazos en el primer año. La autonomía personal completa en el caso de trasplantados alcanza el 85 por ciento, aunque también hay un aspecto a tener en cuenta sobre los rechazos y es el rechazo psicológico al que se enfrenta la persona trasplantada cuando es consciente de que vive con un corazón ajeno.

La depresión y la ansiedad; las alteraciones del sueño y los cambios de humor y afectividad son síntomas que poco a poco van dando paso a una situación completamente distinta. Desde la normalidad hasta el agradecimiento infinito a quien dejó la vida, pero también un corazón.

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