Pilar Lobato, 66 años buscando que pidan perdón por los silencios

Publicado: 21/08/2018
'Una vida truncada: Manuel Vázquez Rodríguez', es una de esas historias que claman por un final que entierre de una vez los recuerdos.
"Esta es la historia de una mujer y su constante periplo por administraciones y ministerios en busca de justicia ante la pérdida de su marido. Una realidad, un viaje, una esperanza, una entereza increíble que nos pone en primera persona el poder de la honestidad. Pero ante todo, el verdadero protagonista es el amor, que no se detiene ante nada". Así reza la reseña de su libro, Una vida truncada: Manuel Vázquez Rodríguez, una obra que condensa el pasado, el presente y el futuro de esta mujer.

Pilar Lobato Pino nació en San Fernando en 1932. Se casó en la Iglesia Mayor de San Pedro y San Pablo el 8 de marzo de 1952, tiene tres hijos y se quedó viuda el día 16 de noviembre de 1965.

Después de la muerte de su marido ha intentado resolver la injusticia de los hechos sin ningún resultado y sintiendo una profunda nostalgia.

Manuel Vázquez Rodríguez falleció en accidente de tráfico cuando circulaba por la Bazán haciendo su trabajo. Estaba destinado en el Dragaminas Júcar, del que era suboficial de cargo, que se encontraba esos días en la Carraca. Tenía un ciclomotor que le serviía paa hacer sus tareas por el arsenal y ese fatídico día 16 de noviembre tuvo el accidente, falleciendo pocas horas después en el Hospital Naval de San Carlos.



El accidente tuvo lugar vestido de uniforme y en horas de trabajo y así se le reconoció por los mandos, pero el Consejo Supremo de Justicia Militar no admitió el informe del comandante del buque.

Esa circunstancia le valió perder los derechos que le hubieran correspondido a ella y a sus hijos, lo que la obligó a buscar un trabajo para sacar adelante a su familia en vez de disfrutar de la paga que ella siempre defendió que le correspondía.

Tuvo que dejar su casa del Ministerio de Defensa en San Fernando y se marchó a Madrid, donde consiguió un empleo de costurera en un hospital militar.

Pilar Lobato no ha parado desde entonces de contar su historia y lo sigue haciendo, ya con un libro editado en el que cuenta con pelos y señales todo lo ocurrido y los pasos que ha dado buscando algo mucho más importante que las cosas materiales: la verdad de lo sucedido porque sobre aquel accidente no hubo ni juicio.

El dinero de la indemnización, 300.000 pesetas, se los gastó la mayor parte en abogados militares y civiles y ella sigue peleando contra la opacidad de un accidente que quiere desvelar ante la constancia de tantas preguntas sin responder. Todo por la verdad, por el reconocimiento de lo que ocurrió. Sólo busca que alguien le pida perdón, que reconozcan que se equivocaron.

Pilar Lobato sigue contando su historia a quien quiera escucharla y el pasado sábado lo hizo a los usuarios de la residencia Vitalia San Fernando, invitada como parte del programa de actividades del centro.

Y los residentes disfrutaron de la visita de Pilar, quien se encargó de entretenerlos y emocionarlos con la lectura de su historia. La actividad resultó ser un éxito entre los asistentes, residentes y familiares, que participaron activamente en ella.
Allí dejó un nuevo testimonio de coraje, de entrega, de amor... Y no será el último.

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