Actualizado: 23:13 CET
Viernes, 22/02/2019

San Fernando

La NASA y el científico isleño que le ha puesto voz a casi 8.500 estrellas

El trabajo de un científico y músico isleño, proyecto educativo de la NASA. Plan de Empleo Joven, el dinero por delante. La salud de la mujer, un reto. 'De ninis, nada. Estudiantes'. La playa y hay cosas que sólo pasan en La Isla (y en Chiclana). Entre tangos. María Auxiliadora, en las calles.

Cargando el reproductor....

Si realizamos un recorrido por la astronomía partiendo de una época relativamente cercana como es el Renacimiento, la primera cita obligada es con un hombre llamado Nicolás Copérnico, nacido en Polonia en 1473 y que propuso el modelo heliocéntrico oficialmente en 1543, después de su muerte, aunque por lo que se conoce, eso ya lo sabía un tal Aristarco de Samos, un griego que murió en el 230 antes de Cristo.

Y obviamente, la filósofa Hipatia, que según Alejandro Amenábar descubrió en el siglo V la trayectoria elíptica de la tierra, aunque se trata de una película muy discutida en ese aspecto. Entre otras cosas porque la protagonista muere antes de poder contarlo, pero un tal Apolonio de Pérgamo sí lo dejo escrito y el pergamino se salvó del incendio de la biblioteca de Alejandría.

De la ficción a la realidad, el siguiente en la lista es Galileo Galilei, pisano nacido en 1564 e inventor del telescopio, un instrumento fundamental para todos los que llegaron detrás.
Galileo, al contrario que Copérnico que prefirió morirse antes de publicar sus descubrimientos, los publicó estando vivo y le costó que la Iglesia -con la Santa Inquisición en pleno auge- lo condenara a prisión de por vida por desafiar la doctrina imperante del geocentrismo y se la conmutara por arresto domiciliario de por vida.

Eso sí, después de abjurar de sus ideas, aunque lo hizo por una cuestión de supervivencia. Recuerden esa frase que dicen que dijo y que nadie ha demostrado que la dijera en ese contexto, Eppur si muove (Y sin embargo, semueve).

Sentadas las bases de una nueva doctrina astronómica, en 1571, prácticamente coetaneo de Galileo, nace en la ciudad alemana de Weil der Stadt Johannes Kepler, quien dijo que los planetas tienen movimientos elípticos alrededor del Sol, estando éste situado en uno de los 2 focos que contiene la elipse.

También que las áreas barridas por los radios de los planetas son proporcionales al tiempo empleado por estos en recorrer el perímetro de dichas áreas.

Y finalmente, que el cuadrado de los períodos de la órbita de los planetas es proporcional al cubo de la distancia promedio al Sol. O sea, lo que se conoce como las Leyes de Kepler, que tienen una deuda de gratitud con el tal Apolonio de Pérgamo, cuyos documentos llegó a cotejar.

Dando un salto en el tiempo aparece Edwin Hubble, quien da nombre al telescopio espacial que tantas fotografías impresionantes nos proporciona y que se refirió en 1929 a la teoría de la expansión del universo, aunque parece que un belga llamado Georges Lemaître se le había adelantado dos años antes.

Y luego está, obviamente, Albert Einstein, el autor de la Teoría de la Relatividad, esa que casi todo el mundo conoce relativamente. Además de otros muchos de todos los siglos que han ido descubriendo y aportando datos sobre lo poco que sabe el ser humano sobre el universo, pero con estos se pueden marcar los acontecimientos principales del conocimiento del espacio, con perdón de los especialistas en la materia.

No estando todos los que son pero  siendo todos los que están, cuantos han hecho posible las bases del saber tienen en común una cosa: miraban hacia el espacio exterior, hacia las estrellas.
Y es que el hombre nació con el sueño de volar y el Renacimiento vino a ponerlo en órbita con los diseños de Leonardo Da Vinci que sólo fue el principio.

Es bien conocida la evolución de los aparatos que hicieron que el hombre surcara los cielos, hasta llegar a sobrepasar la atmósfera y adentrarse en el espacio exterior. No muy exterior, porque el hombre sólo ha llegado a la Luna, aunque sus ingenios han salido incluso del Sistema Solar. En términos astronómico, no han pasado de la esquina, pero algo es algo.

Lo bueno y lo malo
Y en este viaje ha habido de todo lo malo y lo bueno del ser humano. Robert Goddar, nacido en Worcester, Massachusetts, el 5 de octubre de 1882 fue el precursor de los cohetes y tan precursor que se reían de él ante lo avanzado de sus planteamientos. Como la inmensa mayoría de los científicos, no imaginaba que lógicamente, sus coetáneos utilizaran sus conocimientos para cargarlos con explosivo y matar desde lejos.

La Operación Paperclip fue un claro ejemplo de ello, con los norteamericanos sacando de Alemania a los científicos que idearon las armas más mortíferas del régimen nazi, desde los cohetes hasta las armas químicas, aunque en tiempos de paz la investigación degeneró en la Guerra Fría y en la carrera espacial.

Quizá eso fue lo mejor y que comenzaran a sonar por cosas buenas nombres como Yuri Gagarin, el primer hombre en salir al espacio exterior en 1961 o Valentina Tereshkova, la primera mujer cosmonauta que subió al espacio en 1963, aunque no le dejaron tomar los mandos de la nave.

O Neil A. Armstrong, Edwin Aldrin y Michel Collins, los tres primeros hombres que pisaron la luna en el Apolo XI, obviamente gracias a los esfuerzos de muchos Apolo hasta conseguirlo. Y las imágenes dieron la vuelta al mundo, la de los astronautas en la Luna y la de los científicos el 21 de julio de 1969, esa noche en la que estábamos todos los niños de la época mirando al satélite como tontos a ver si se veía algo.

Ya más cerca del la actualidad, el 24 de abril de 1990, el transbordador espacial Discovery despegó de la Tierra llevando consigo una carga muy especial: el Telescopio Espacial Hubble, ese ojo de la Humanidad que nos está mostrando los colores del universo, las formas del universo, las entrañas del universo, hasta lo que no se ve del universo.

Pero lo que no nos han mostrado hasta ahora es la voz del universo. Cómo suena el universo lejos de las películas. Quizá porque en el universo no hay sonidos, todo es silencio. Pero las estrellas tienen voz. No desde hace mucho, pero tienen voz.

Realmente, siguen sin tener voz, pero no hay nada que un isleño no sea capaz de hacer cuando se lo propone, sobre todo cuando además de científico es músico. Francisco Camas, que ahora vive en Madrid, estuvo durante un tiempo en el Instituto Tecnológico de Massachusetts en Boston y en sus ratos libres utilizó unos datos astronómicos de la misión Kepler de la NASA para construir una web interactiva que mezcla Astronomía y Música. Y no se conformó con media docena, sino que tradujo las curvas de luz de 8.500 estrellas a curvas de sonido y las situó sobre un mapa estelar navegable que cubre la región del cielo mapeada por la Misión Kepler.

A ese trabajo lo llamó Stellar Choir, Coro de Estrellas y la propia NASA lo incluyó en la página oficial de la misión Kepler, un programa creado para buscar planetas parecidos a la Tierra.

Casi 8.500 estrellas con voz en la Misión Kepler de la NASA

Francisco Camas es uno de esos talentos innatos que vio la luz en San Fernando en el año 1973 y al que su infinita pasión por descubrir le ha llevado a poner en marcha una web interactiva que mezcla Astronomía y Música a partes iguales, denominada Stellar Choir, que no ha pasado desapercibida ni tan siquiera para la NASA.

Todo surgió en sus “ratos libres”, como él mismo dice, en el Massachussets Institute of Technology (MIT) donde en los últimos años ha estado realizando una estancia postdoctoral en Física de Sistemas Complejos.

Aprovechando las horas en las que desconectaba del Instituto, se dedicó a coger y utilizar unos datos astronómicos de la Misión Kepler de la NASA, cuyo objetivo es detectar planetas parecidos a la Tierra alrededor de otras estrellas, para desarrollar la web interactiva antes reseñada.

En concreto, su ardua labor le ha llevado en los últimos años a traducir las curvas de luz de 8.500 estrellas a curvas de sonido, situándolas sobre un mapa estelar navegable que cubre la región mapeada por la nave Kepler.

La agencia espacial de Estados Unidos ha integrado el proyecto Stellar Choir (www.stellarchoir.com) de Francisco Camas en su página oficial de la misión Kepler, en la sección de Educación a través del enlace http://kepler.nasa.gov/education/fun/arts/music/, como en la galería de audio en el enlace http://kepler.nasa.gov/multimedia/Audio/sonification/. Los curiosos también pueden escuchar el sorprendente resultado en la propia página del Coro Estelar, traducción al castellano de Stellar Choir, en la dirección www.stellarchoir.com.

El manejo es bastante sencillo y el resultado es, sencillamente, extraordinario. Una vez que se ha entrado en algunos de los tres enlaces, en la parte de debajo de la página aparece un mapa estelar navegable con un punto rojo localizado sobre cada una de las estrellas cuya curva de luz ha sido convertida en sonido por el científico isleño.

Si se pone el puntero del ratón sobre uno de los puntos rojos, aparece la curva de luz original y, basta con hacer click en el propio punto rojo para escuchar el sonido correspondiente a cada estrella.

En la web original solo se cargan 1.000 estrellas y para obtener la versión completa, de 8.500 estrellas, hay que hacer un click en el vínculo que aparece al final de las instrucciones.

Un ‘culo inquieto’
Quizás para conocer un poco mejor a Francisco Camas hay que echar un vistazo a su currículum en el que aparece que es científico y músico y actualmente ejerce como profesor en el Conservatorio Profesional de Música Teresa Berganza de Madrid.

Obtuvo el Título Superior de Profesor de Música en el Conservatorio Superior de Málaga, pero sus insaciables ansias por seguir aprendiendo y creciendo como persona le hicieron sacar la Licenciatura en Ciencias Físicas por la especialidad de Física Teórica en la Universidad Autónoma de Madrid y, posteriormente, el doctorado en Física de Sistemas Complejos en la Universidad Complutense de Madrid, el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas y el Centro Nacional de Biotecnología.

Su más reciente pasado profesional incluye la ya reseñada estancia postdoctoral en el Massachussets Institute of Technology (MIT) como investigador en los campos de Biología de Sistemas y de la Genómica.

Aparte de la investigación pura dentro de estas disciplinas, la búsqueda de puntos de contacto que vinculen su doble formación científico musical ha dado lugar al desarrollo de proyectos como de Stellar Choir. En definitiva talento puro nacido en La Isla, tierra de la que se siente muy orgulloso y a la que lleva por bandera en todos y cada uno de los proyectos en los que se embarca. Lo que se dice un isleño orgulloso de serlo. De tal palo, tal astilla.

 

SATISFACCIÓN POR LOS BAM

El alcalde de San Fernando, José Loaiza, manifestaba prácticamente a la vez que el Consejo de Ministros daba vía libre a la construcción de los do Buques de Acción Marítima, su satisfacción porque la Bahía de Cádiz cuente con nuevas cargas de trabajo, no sólo las plantillas de la factoría de San Fernando sino la industria auxiliar de la comarca. Loaiza dijo que el anuncio no llega de ningún miembro del Partido Popular y que si los trabajadores querían conocer la noticia de boca de la empresa, así ha sido.

El alcalde aseguró que el Gobierno sigue trabajando para conseguir más cargas de trabajo para los astilleros y comparó la acción del Gobierno del Partido Popularcon la del anterior Ejecutivo socialista cuando no se consigueron nuevos contratos. “Sabemos que el Gobierno está trabajando, que la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales está trabajando y que Navantia está trabajando”. Loaiza dijo que se cumplen las promesas que se hicieron desde las alcaldías de Cádiz y San Fernando.

 

COMENTARIOS

Andaluca InformacinPublicidad AiPublicidad Ai Publicidad AiPublicidad AiPublicidad Ai
chevron_left
Loaiza pide dinero en la mesa para abordar el Plan de Empleo Juvenil
chevron_right
Sin dinero y sin bandera