Actualizado: 13:11 CET
Domingo, 27/09/2020

San Fernando

“Ni siquiera daba tiempo a pensar que podríamos morir ahogados”

'La otra cara de La Isla'. Más dinero para Servicios Sociales. El paro se sube por las paredes en San Fernando. "Algo huele mal" en la disolución del Centro de Soldadura.

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El 25 de marzo de 1954, entre las 17.30 y las 18.00 horas, a 19 millas este y 30 millas al sur de Marbella, se hundía el dragaminas Guadalete mientras cubría su servicio de vigilancia costera. Un fuerte temporal de levante y las deficiencias técnicas provocaron este terrible suceso que acabó con la vida de 34 personas, muchos de ellos ciudadanos de San Fernando, del total de 78 que formaban la dotación del barco.

Se cumplen pues 60 años de la tragedia del Guadalete y tanto el Ayuntamiento de San Fernando como la Armada han unido sus fuerzas para su conmemoración.

De esas 34 personas que perecieron sólo se pudieron rescatar once cadáveres, de los que siete fueron enterrados en el Cementerio isleño y el resto en Ceuta. El Guadalete tenía un base central en la ciudad norteafricana, si bien sus lazos de unión con La Isla eran bastante fuertes, ya que era la ciudad escogida para recoger suministros.

El teniente de alcalde de Presidencia, Daniel Nieto, y el periodista Francisco Sánchez Zambrano, ambos en calidad de descendientes de víctimas del buque, presentaron los actos con los que el Ayuntamiento tiene previsto conmemorar la tragedia del Guadalete, 60 años después.

Homenaje este lunes
Este lunes 7 de abril tendrá lugar en el Cementerio de San Fernando, en la parte militar, la colocación de una placa conmemorativa por parte del Alcalde, José Loaiza, y el almirante de la Flota, Santiago Bolíbar.

Acto seguido se celebrará un responso en recuerdo de esas 34 víctimas y, una hora después, a las 20.00 horas, el Centro de Congresos Cortes de la Real Isla de León culminará el acto con la conferencia del capitán de navío Luis Mollá Ayuso, el cual relatará la última singladura del Guadalete.

Uno de estos supervivientes es Jaime Beltrán, de 85 años de edad, que ayudaba al radiotelegrafista en el barco y que vivió la tragedia en cierto modo resguardado del peligro que debía haber en cubierta. Beltrán, quien después del naufragio se embarcó en otro dragaminas exactamente igual y terminó su carrera como subteniente, recibía a la prensa en su vivienda de Reyes Católicos y contaba cómo vivió esos momentos.

“Salimos a las diez de la noche del día 24 de Ceuta para Melilla vigilando la costa. Había levante fuertecito pero de madrugada fue arreciendo cada vez más. Sobre las dos o tres de la madrugada la presión de la caldera se venía abajo porque teníamos un carbón malo, de ese que había en España en aquellos tiempos. Más adelante, sobre las dos de la tarde del día 25 había ya olas de 16 ó 18 metros, sin exagerar, porque el Mediterráneo es más tranquilo, pero con un temporal es peor que el Atlántico”.

La única ventaja con la que contaban es que las olas no rompían, lo que les permitía mantenerse a flote, pero cuando intentaron dar la vuelta subiendo la presión a costa de quemar toda la madera que tenían a mano, lo consiguieron “pero a las cuatro o las cinco de la tarde era ya tan fuerte el oleaje y tan poca la presión que no pudimos salvar el barco”.

El hundimiento no fue de repente. “Nos íbamos escorando cada vez más a estribor, 45 ó 50 grados, perdimos todo el movimiento de máquinas y comenzaron a caer las olas dentro. Estuvimos escorados casi 65 grados a estribor”.

Héroes olvidados
Jaime Beltrán estaba en la radio junto al suboficial de comunicaciones en contacto con Cádiz. “El suboficial se portó maravillosamente bien, estuvo todo el día transmitiendo y yo le sujetaba la espalda porque con el balanceo los sillones se movían a pesar de estar anclados al suelo con una cadena”. Manuel Sempere, brigada de radio, falleció en el naufragio “y no ha quedado constancia de nada, de su trabajo”.

¿Qué ocurre durante veinte horas en un barco arrastrado por el temporal? Beltrán reconoce que por su trabajo en el buque apenas se daba cuenta de lo que estaba pasando, “simplemente recogía los mensajes y los entregaba”. Ni siquiera daba tiempo a pensar que podían morir ni siquiera en las siete u ocho horas más malas de la travesía.

Pero en los últimos momentos, cuando ya se dio orden de abandonar el barco, “se piensa en tu vida, todo lo que has pasado desde chiquitito, tus amigos… todo se pasa por la cabeza. Toda la vida en media hora a una velocidad espantosa y me acordaba de todo, de todo”.

Pero cuando realmente se dio cuenta de la magnitud de la tragedia fue ya en el agua “cuando vi a un chaval boca abajo, ahogado”.

Precariedad
En esas muertes tuvo mucho que ver la precariedad de los equipos de salvamento de aquellos tiempos. “Los chalecos salvavidas estaban muy malos, de esos antiguos con trozos de corcho amarrados con una cinta, los botes salvavidas volcaron,  el bote auto también se volcó y el chinchorro se fue volando con el viento”.

No sabe cómo se salvó. “Yo estaba en el agua nadando y entonces llegó un barco italiano muy alto con una escala gato de lo menos veinte peldaños. Yo la subí bien, era joven y había tenido poco movimiento porque estuve todo el tiempo con la radio. Creía que el segundo comandante se había quedado allí, pero se salvó”.

El barco italiano los llevó a Gibraltar “y los ingleses nos dieron unos pantalones muy bonitos de rayas y un jersey y luego nos llevaron al hospital de ejército donde estuvimos tres o cuatro días de reconocimiento”, cuenta Beltrán, el último superviviente en La Isla.

El silencio oficial en la España que huía del aislamiento

El  silencio oficial sobre la tragedia lo aclara perfectamente el capitán de navío Luis Mollá Ayuso, el mismo que ofrecerá este lunes una conferencia.

Apenas a una semana de celebrar los 15 años de la tan anhelada paz, el país comenzaba a sacudirse de las secuelas de una guerra demasiado dura y cruel. Después de un largo período de ostracismo, los Estados Unidos se acercaban a España sabedores de la importancia estratégica de nuestro país con vistas a un hipotético conflicto con la Unión Soviética cada vez más probable.

Ese mismo día 24 de marzo, mientras el Guadalete daba comienzo a su última singladura, “llegaban a Sevilla los coroneles de aviación Iglesias y Jiménez para dar mayor brillantez a los actos conmemorativos del aniversario del vuelo trasatlántico que 25 años atrás había unido la capital Hispalense con la ciudad brasileña de Salvador de Bahía. La gesta era muy parecida a la realizada algunos años antes por el Plus Ultra, pero había una diferencia que la prensa resaltaba orgullosamente en grandes titulares y es que el Jesús del Gran Poder había sido construido íntegramente por la industria nacional”.
 

También ese mismo día se recibían en Talavera los seis primeros aviones a chorro, pilar de la futura escuela de reactores del Ejército del Aire. La apertura era un hecho y los días tristes poco más que un vago recuerdo.
 

En la Armada también se vivían momentos de euforia pues, entre otros importantes avances, se acababan de recibir los primeros helicópteros con los que se buscaba volver a despegar en pos de la gloria que los marinos ya conocían desde los tiempos de la aeronáutica, tan injusta y tristemente condenada a desaparecer.

Para completar el cuadro del “paroxismo nacional”, ese mismo día 24, zarpaba del puerto de Odessa el buque Semíramis, en el que 286 veteranos de la División Azul regresaban a sus casas tras largo y desgraciado cautiverio en las frías estepas rusas.
 

Como quiera que por aquellas fechas en España no se conocían los televisores y dado que los rusos se habían negado sistemáticamente a facilitar información sobre las identidades de los prisioneros liberados, es fácil aventurar la fascinación que la radio debía causar en los españoles, ya que cada enlace con el Duque de Hernani, Presidente de la Cruz Roja Española y que navegaba a bordo de la motonave como delegado del gobierno, se convertía en un serial lacrimógeno seguido con inusitado interés y es que fue a través de las ondas como la mayor parte de las familias conocieron el regreso de unos seres queridos a los que en la mayoría de los casos habían dado por muertos.
 

“Por eso, y aunque la Armada se volcó en el tratamiento de los supervivientes y en el de las familias de los muertos y desaparecidos del Guadalete, la noticia de su hundimiento no tuvo quizá la trascendencia merecida en la prensa. El luto era un lastre que ya nadie quería por lo que puede decirse que, finalizados los actos fúnebres, la vorágine de noticias se tragó literalmente la tragedia del Guadalete, sobre todo cuando, tratando sin éxito de hacerlo coincidir con el aniversario de la Victoria, el Semíramis llegaba el día dos de abril al puerto de Barcelona en medio del fervor enloquecido de los catalanes y de tantos españoles llegados a la ciudad Condal desde los más remotos lugares de nuestra geografía.
 

Mientras tanto, ajenos a esta parafernalia, los 78 marinos del Guadalete se aprestaban a vivir las últimas horas del buque y, en muchos casos, también de sus vidas.

A pesar de que al producirse el hundimiento en la época del régimen franquista "parece que se puso una losa sobre esta tragedia", en el año 1957 se le concedió la Medalla del Mérito Naval a la tripulación del dragaminas y "muchos de los supervivientes no saben a día de hoy que tienen esa distinción concedida", dijo Sánchez Zambrano.

 

LA OTRA CARA DE LA ISLA

Son casi un millar de personas en Facebook, donde tienen su cuartel general y desde donde dan a conocer sus inquietudes. Y aunque parezca que es una plataforma chovinista montada por el gobierno de turno contra los criticones y derrotistas, es casi todo lo que parece, menos derrotistas y menos políticos.

Se trata de pelear por San Fernando a través de la crítica, pero eso no quita que se potencien y se “vendan” sus muchas virtudes, tanto al público autóctono como al que llegue a la  ciudad o al que visite las redes sociales.

O dicho de otra forma, haciendo una crítica constructiva para que se arregle aquello que hay que arreglar, para que funcione mejor lo que funciona mal o no funciona, para finalmente se llegue a conocer el nombre de la plataforma como algo más que el nombre de una plataforma. Para que La Isla tenga otra cara y para que La otra cara de La Isla sean la misma cosa.

Se han reunido con el alcalde, José Loaiza,al que le explicaron que el colectivo nace con la idea de mostrar San Fernando en las redes sociales y enseñar su riqueza histórica, turística, social y cultural. “Entre todos tenemos que aprender a valorar y potenciar a esta ciudad y hacer de La Isla una ciudad viva”.

Los miembros de la nueva plataforma trasladaron al regidor isleño los objetivos que se han marcado, entre los que se encuentra convertirse en un movimiento social activo, creativo y fuerte. Precisamente para conseguirlo quieren contar con el apoyo de las instituciones, los medios de comunicación, entidades y asociaciones.

Pero en este periódico, donde estuvieron este semana, también dejaron claro que de complacientes, nada. Que la plataforma nació como un movimiento reivindicativo que se ha ido matizando poco a poco para poner las dos cosas en la balanza, potenciar lo bueno y mejorar lo malo y que está formada por personas de toda condición.

Toñi Lebrero Ruiz y Mame Ponce Cereceda son las dos caras visibles para este periódico, aunque son más y las que explicaron sus cuitas pidiendo además la implicación de más gente, hasta conseguir cambiar, si es posible, una mentalidad demasiado anclada en el derrotismo, algunas veces excesivamente gratuito.

Hay mucha gente apoyando que puede aportar muchas ideas y que sólo esperan la receptividad de las autoridades en la parte de que les corresponde, porque la obra parte la ponen ellos.

El alcalde de la ciudad, José Loaiza, calificó el encuentro de “cordial” y valoró este tipo de iniciativas. “Es importante que los ciudadanos se agrupen y trabajen por el progreso y en beneficio de la ciudad. Es bueno que todos vayamos en la misma dirección y que trabajemos codo con codo para hacer de San Fernando una ciudad referente en la Bahía de Cádiz”, declaró.

También el Grupo Municipal Socialista ha tenido un encuentro con los miembros de La otra cara de La Isla. Los frutos se irán viendo pasados los meses, pero al menos ya hay  gente con otro talante.

 

SERVICIOS SOCIALES

EL Ayuntamiento destinó el año pasado del presupuesto municipal un total de 642.510 euros para ayudar a familias de San Fernando con problemas económicos, 40.036 euros más que lo invertido en el año 2012.

Los 642.510,38 euros se repartieron dentro de dos programas municipales, uno de ellos, Prestaciones Sociales (567.436,38 euros), y el otro denominado Ayudas Económicas Familiares (75.074 euros).

 

SUBIDÓN DEL PARO

El desempleo en la provincia de Cádiz en el mes de marzo y se ha registrado en el cómputo global un incremento de 1.231 personas, alcanzándose la cifra de 203.244 parados a nivel provincial.
 
El incremento de desempleados en el caso de San Fernando ha sido de 674 personas, una cantidad que supone más de la mitad el total de parados de la provincia. El número de desempleados que tiene La Isla asciende a 14.930 personas.

Lógicamente, han saltado todas las alarmas, tanto a nivel provincial como local y en ambos casos ha sido la misma persona, José Loaiza, quien ha hecho un llamamiento a la Junta de Andalucía.

 

"ALGO HUELE MAL" EN LA DISOLUCIÓN DEL CTI

El alcalde de San Fernando, José Loaiza, ha anunciado que el Ayuntamiento irá a los tribunales contra la Junta y el personal que ha formado parte del Consorcio del Centro de Técnicas Industriales de Fadricas (CTI), al entender que la disolución del mismo se ha realizado en “fraude de ley”, además de “con nocturnidad y alevosía”, ha indicado el primer edil.
 

En este sentido, el pasado martes se celebró el consejo rector en el que se acordó su disolución y, al mismo, no pudo acudir el primer edil por encontrarse en Madrid por motivos de agenda. Desde el Ayuntamiento se pidió retrasar su celebración para que Loaiza pudiese estar presente, pero finalmente se hizo caso omiso a esta petición y se desarrolló.
 

Pues bien, el alcalde isleño acusa a los responsables del CTI y, por ende, a la Junta, de “falta de claridad” porque “no hay cuentas”, y que lo único que ha sucedido es que “la presidenta ha cogido su bolso y se ha ido sin más, sin dar explicaciones”.

Es por ello que desde el Gobierno municipal se ha optado por acudir a la vía legal para que todo quede aclarado. En este sentido, también se va a encargar una auditoría externa para conocer la situación real económica del centro; se va a pedir información a la Cámara de Cuentas sobre qué se está produciendo en torno a esta marcha del centro; y, por último, saber cómo se va a acometer la liquidación de todo el equipo que ha formado parte del CTI desde que se puso en marcha en San Fernando.

Loaiza entiende que por los derroteros que se han tomado por parte de la Administración autonómica en torno a esta problemática, solo hay dos caminos posibles. “O se quiere hacer daño a este Ayuntamiento, o se está tapando algo que no quieren que se sepa. Esto huele muy mal”.

Reclama 900.000 euros
El primer edil ha destapado que desde el Consorcio se le pide al Ayuntamiento una deuda de 900.000 euros y no conocen en concepto de qué. “Lo único que quiero saber es porqué me piden ese dinero”. Máxime cuando según las cuentas municipales la cantidad a abonar no llega a los 500.000 euros, un dinero que incluso ya está consignado desde hace tres años y que no ha sido entregado porque, precisamente, desde la Junta no se le ha facilitado al Ayuntamiento las cuentas.

El CTI ya ha dejado de tener actividad desde hace un mes y Loaiza ha recordado que el Ayuntamiento de San Fernando ha sido el único de Andalucía que ha colaborado económicamente con el Consorcio. En otros municipios se han montado a cambio de parcelas o de construcción de las instalaciones.

El alcalde isleño ha llegado a señalar que se ha generado una situación, cuando menos, inverosímil en todo este embrollo, puesto que la propia Junta, a través de la Delegación Provincial de Educación, le está reclamando una subvención de algo más de un millón de euros. Algo que “choca” al primer edil al tratarse de la misma administración.

José Loaiza también se ha despachado a gusto con el actual delegado de Gobierno de la Junta en Cádiz, Fernando López Gil, y la portavoz del PSOE de San Fernando, Patricia Cavada. “Por un lado anuncian el cierre del CTI, pero por el otro, no dan el visto bueno ni hacen un ejercicio de responsabilidad en el Pleno Municipal para que el Ayuntamiento deje de pertenecer al Consorcio”.

Y es que, al salirse la Junta de Andalucía del Consorcio del CTI, solo queda en el mismo el Ayuntamiento, o lo que es lo mismo, que tendría que asumir la gestión en solitario del centro, algo a lo que el alcalde isleño no está dispuesto, y  menos sin tener ni un documento, ni las cuentas claras.

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