Actualizado: 19:58 CET
Lunes, 09/12/2019

San Fernando

“Se arregla la acera, se quita la valla y al momento hay un coche encima”

Pascual Junquera, delegado de Vias y Obras, dice que los ladrones de cables son de La Isla porque "aquí no viene gente de fuera para robar 80 metros de cobre”.


Es uno de los concejales más cercanos a los ciudadanos, porque su delegación de Vías y Obras se lo exige y porque se lo exige él, que prefiere estar en la calle sobre el terreno antes que en un despacho. Los presidentes de las asociaciones de vecinos tienen línea directa con él y la respuesta a las peticiones, siempre que es posible, es inmediata. No iba a seguir en política pero terminaron convenciéndolo con la condición de no estar en Urbanismo, porque aunque su profesión es aparejador, es lo suficientemente honesto para reconocer que el Urbanismo es algo mucho más complicado que no se aprende en cuatro años, ni aunque sea del sector. Y aun así lo dejan en manos de políticos.

—Usted es delegado de Vías y Obras.
—De Vías y Obras, de Electricidad, de Movilidad, Señalítica, Transporte… pero lo vamos a reducir a Infraestructuras y Movimientos..

—Y delegado de tablados robados y de cables de cobre desaparecidos.
—Para mi desgracia.

—Lo del tablado ha salido en las televisiones nacionales, quizá más por el hecho en sí de robar un tablado por ser Carnaval y haber servido el día antes para las actuaciones carnavalescas. ¿Cómo se puede robar una cosa tan grande?
—El Ayuntamiento ayuda a las peñas carnavalescas aportándoles los seis o siete tablados que tenemos a su disposición para las actuaciones. Normalmente se ponen y se quitan el mismo día y así los controlamos, pero esta vez había que ponerlo para el domingo. Se desmontó para que pudieran pasar los coches y se dejó en la acera y al día siguiente, cuando fueron a recogerlo para llevarlo a otro sitio ya no estaba.

—Estaba desmontado.
—Sí, se desmonta para llevarlo al día siguiente a otro sitio en vez de llevarlo a la nave municipal y luego volverlo a llevar en estos días en los que hay actos a diario.

—Tampoco sería extraño que desmontaran uno y se lo llevaran, tal y como están las cosas.
—La verdad es que harían más ruido desmontándolo y algún vecino por lo menos llamaría a la Policía, porque si no ya sería lo último.


—¿Y tanto vale el hierro hoy en día? Por que están quitando hierros de la Magdalena, están desapareciendo las barandillas, cualquier día nos quitan la fuente de Tusquets…
—Eso querrían muchos. La verdad es que la crisis es así pero creo que es por el hecho de llevarse algo, porque realmente no les pagan lo que vale y desde luego no le van a pagar con respecto al daño que ocasionan tanto al ciudadano como al Ayuntamiento. Yo creo que la gente se lo lleva por llevarse algo, me van a dar dos euros, pues dos euros… y como San Fernando es muy grande y es complicado controlarlo todo a pesar de que tengamos a las fuerzas de orden público, la Policía Local, la Policía Nacional y ahora también la Guardia Civil, que están dando buen resultado, es muy difícil. Porque además el ciudadano no está concienciado de que lo que roba es de todos, no del Ayuntamiento, y el dinero que se gasta en reponerlo hay que sacarlo de otras partidas. Ahora este mes me ha llamado el delegado de Hacienda para decirme que ya ha salido la plica para reponer el cableado robado, 104.000 euros, 16 millones de las antiguas pesetas. Con eso podría arreglar dos calles o esa obra grande que estamos haciendo, la rotonda de Constitución, el semáforo de la Bazán, los badenes y el acerado en Cayetano Roldán…

—Lo del hierro se ve que la gente se agarra a un clavo ardiendo, pero en el caso del cobre parece algo más organizado, porque no es sólo en San Fernando, sino algo general .
—Yo creo que es gente de San Fernando, independientemente  de que haya grupos organizados, porque la Policía me dijo que se estaba pelando detrás del Puente de Hierro. Y además, son sectores muy marcados, muy conocidos. Yo no creo que venga una persona de fuera y sepa exactamente el sector en el que tiene que actuar y aquí lo saben y tocan sectores muy pequeños, de una calle de 80 metros, por ejemplo. No creo que venga una persona de fuera a llevarse 80 metros de cobre.

—En Chiclana han puesto un sistema que detecta al instante cuándo se está realizando una acción no controlada y avisan en dos minutos a la Policía y Guardia Civil. ¿No han buscado ustedes un método que pueda solucionar el problema?
—Cuando empiezan los robos yo hablé con el técnico de electricidad para que investigara en qué ciudades habían planteado soluciones menos drásticas que la que estamos planteando nosotros ahora mismo. Pedimos ofertas a las empresas especializadas y una de las propuesta era el cable trampa, que está conectado a través de onda con un receptor de la Policía. Pero cada cable trampa costaba 1.500 ó 2.000 euros, tenía que poner tres o cuatro y luego que el robo se produjera en esa situación porque no lo podíamos hacer en todo San Fernando. Entonces se tuvo que dejar porque costaba más el collar que el perro.

—Y si son de San Fernando se enterarían de dónde estaban puestos.
—Seguro.

—La medida que han adoptado consiste en tapar las cajas.
—Es matar moscas a cañonazos, pero sí que es verdad que está siendo muy efectivo. Las arquetas son de 80 centímetros de profundidad, nosotros metemos una pica de tierra donde se amarra el cable para que si se tirase del cable sólo se rompiera lo que va de luminaria a luminaria, y a partir de la mitad de la arqueta le ponemos una losa, encoframos y hormigonamos hasta la altura de la acera.

—¿Eso no suena a Pepe Gotera y Otilio?
—Seguramente que sí, pero nos está dando un resultado estupendo porque para robarlo ya tiene que llevar cincel y martillo y dedicarse a romper y me imagino que los vecinos de la zona lo escucharían.

—Y cuando se averíe el cable tienen que ser ustedes los que cojan el cincel y el martillo…
—Habrá que hacerlo, se tardará media hora o tres cuartos de hora más y después se va enganchando. Pero es muy difícil que se averíe el cable, a no ser que se queme o se lo coman las ratas, que también puede ser.

—Tampoco faltan ratas, sobre todo por ciertas zonas. Pero cambiando el tema, en dos años se han invertido en San Fernando 19 millones de euros de los planes del Gobierno central. ¿Con ese dinero no tendría que estar la ciudad prácticamente nueva?
—De ese dinero, diez millones de euros se lo ha llevado el alcantarillado para arreglar los problemas de este tipo que tiene San Fernando, que no se han terminado de arreglar. Se han enterrado bajo tierra para solventar las inundaciones de Buen Pastor, Casería… Han sido obras muy grandes pero que no se ven. En legislaturas anteriores se hicieroncosas que se vieran pero en la anterior se hicieron cosas que no se veían y gracias a ese dinero se pudieron hacer, porque si no hubiera sido imposible. Yo me acuerdo que el primer verano que estuvimos gobernando, con Carmen Pedemonte como delegada de Urbanismo, se inundó la zona de Buen Pastor y llegaba el agua hasta la cintura. Se aprobó por urgencia una inversión de un millón de euros para intentar parar el tema. Ahora, el 98 por ciento de aquello no se inunda, por lo que creo que se hizo una buena labor, lo que pasa que el ciudadano no lo ha visto. Lo han visto los que viven en esas zonas, pero los que viven en el resto de San Fernando no se han dado cuenta.

—¿Y el resto del dinero?
—Había dos partidos, uno llevaba unas áreas, otros otras áreas, nosotros llevábamos Urbanismo y le puedo decir que hice unos 200 proyectos de obras de reparaciones. Yo me acuerdo que en la primera entrega del dinero nos dijeron en el mes de diciembre que teníamos que tenerlo todo terminado en enero. Algunos técnicos se tuvieron que dar de baja con depresión porque se les obligó a hacer más de sesenta proyectos en un mes y medio. Y eran proyectos de lo que yo digo, que quiero mi calle con luz y mi calle asfaltada porque se ha visto que las grandes obras faraónicas no funcionan y aquí, anteriormente, se ha tirado mucho dinero en obras faraónicas y ahora este equipo de gobierno está intentando que esas obras faraónicas sirvan.

—Siguiendo en el tema. ¿Se han hecho bien las obras? Hay muchas que las están levantando, obras que no fueron recepcionadas…
—Pues siento decirlo como lo digo, pero muy pocas personas están concienciadas de que La Isla es tu casa, que esta es tu ciudad. Yo voy a ciudades o pueblos en los que la gente está enamorada de sus casas, de su ciudad y la mantienen, y la respetan. Aquí arreglas una acera, han pasado diez minutos que has quitado la valla y ya hay un coche encima. El anfiteatro del Parque de los Patos lo he pintado ya ocho veces en un año y medio y lo llegan de grafitis al día siguiente de terminarlo. Hemos pintado parte de la fachada del atrio del Ayuntamiento para los carnavales y estamos esperando al último día para volverlo a pintar porque ya lo han vuelto a ensuciar. Nos hemos gastado un buen dinero en la máquina del tren de la Glorieta y al día siguiente ya tenía dos gratifis. Eso es San Fernando. Sí se arreglan las cosas, el problema es que no se mantiene porque la gente no lo considera suyo. Y cada vez que se gasta dinero en reponer algo hay que quitarlo de otra obra. Yo tengo tres peones y tres oficiales para todo San Fernando y es penoso hacer trabajar a estos señores, que lo están haciendo estupendamente, y volver al día siguiente y ver que nos han robado la solería, nos han destrozado lo que estaba hecho.

—¿La gente no quiere a su ciudad porque les han dado motivos para ello? Porque no es una situación que se haya creado de un año para otro.
—Yo creo que el problema es la educación. Antiguamente había más educación y más respeto que ahora. Antes le decía a un niño que tuviera cuidado y el niño te miraba… ahora te insulta. Yo recuerdo que cuando éramos chicos teníamos cuatro asignaturas que teníamos que aprobar, urbanidad, educación… y valía como las matemáticas o la religión. Pero hoy en día no. Yo he pasado por el parque del Barrero y un grupo de chavales estaba grafiteando en un sitio recién pintado, les llamo la atención y encima te insultan. Se está educando a la juventud en un sistema que no teníamos antiguamente, cuando había un respeto a las personas, hacia los bienes, hacia lo que no es tuyo, que lo tienes que respetar.

—Yo creía que usted después del primer mandato corporativo se iba a retirar de la política, pero en 2011 lo vi en las listas y ahora, además de una concejalía, ostenta la secretaría local de un partido político. ¿Qué ha hecho usted, Pascual?
—Todo de acuerdo con mi señora, es importante decirlo.

—Si no estaría viviendo en una pensión.
—La verdad es que la anterior legislatura fue difícil, estuve un poco enfermo, también y cuando llegó ésta le dije al alcalde que me retiraba. Yo soy funcionario del Ayuntamiento de El Puerto, soy aparejador y tengo la plaza fija pero el alcalde me pidió que me quedara. Pero le dije que no quería más Urbanismo, que estaba harto de sentarme allí todo el día. Yo soy aparejador y me gusta más el tema de la calle. Y la verdad es que estoy muy contento porque hago una cosa que además de que me gusta, la entiende. Antes estaba en Urbanismo y la gente se cree que porque están allí es porque eres buenísimo, pero en tres o cuatro años no se tiene ni idea aunque seas de la profesión porque el urbanismo es muy difícil y depende de muchas personas. Aquí, gracias a Dios, sé, y que tú sepas mucho te da mucha seguridad en lo que estás haciendo. Y con respecto a la secretaría general, el alcalde confió en mí y eso es importante, porque a un alcalde que llega nuevo y confía en ti sin apenas conocerte, hay que decirle que sí.

—De todas formas, usted es la cara amable del equipo de gobierno y ahora la cara amable del Partido Popular.
—Depende de las mañanas, que yo también me enfado.

—Nosotros llevamos el pulso de la ciudadanía y sabemos que la gente lo aprecia, quizá porque le arregla  su calle.
—Yo creo que mi delegación es muy bonita y además tiene la ventaja de que ayuda muy rápidamente al ciudadano en un momento dado. A mí me llaman directamente los presidentes de las asociaciones si se les ha ido la luz, yo llamo al encargado y por la mañana van a arreglarlo. Antes a lo mejor no había ese trato, aunque el anterior a mí, Manolo Gómez Piñero, fue un buen delegado de Vías y Obras.

—Y yo creo que eso lo da el cargo porque Gómez Piñero también era una persona muy querida.
—Te hacer ser querido porque vemos los problemas del día a día, estamos en la calle y escuchando a todo el mundo, el 98 por ciento son críticas y el 2 por ciento son alegrías, pero ese dos por ciento te merece la pena.

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