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Martes 04/10/2022  

San Fernando

¡Qué noche la de ese parque con tres grandes mujeres cantando como Dios manda y ordena!

Alba Bazán abrió una noche mágica que Anabel Valencia llevó a lo más alto de los cielos para aterrizar en el Jerez con María Terremoto sabia y con maestría

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No decepcionó ni mucho menos el primer festival flamenco en el Parque Almirante Laulhé en esta edición dedicado al cante de mujer. Alba Bazán, de Sanlúcar, abrió el fuego cantando cante de trilla, toná y el doble de Vallejo para poner al público en órbita.

Con la guitarra del maestro Manuel Lin y las palmas de Naim Real y Miguel Katumba, Alba fue generosa en su actuación -posiblemente demasiado- y deleitó el público caracoles, granaína y media, tangos extremeños, fandangos y bulerías. En total más de una hora sobre el escenario.

 

 

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Anabel Valencia dio un auténtico golpe de timón al festival saliendo a cantar con toda la carne en asador. No cualquier cantaora se planta ante el público cantando la soleá de Charamusco, porque no cualquiera tiene las facultades -y además sobradas- para hacer ese cante. Hay que tener un registro muy amplio para no sólo salir indemne, sino sentar cátedra y calentar el ambiente.

Siguió luego por malagueñas para pasar a las alegrías y cantinas dando un tono festero a la noche, pero de nuevo volvió por sus fueros de cantaora de armas tomar para hacer tres letras por seguiriyas para que templaran los árboles del parque y hasta los patos se levantaron a esas horas para quitarse el sombrero.

Las bulerías con las que cerró su actuación llevaban el aire y la denominación de origen de Lebrija, bulerías al golpe, algo imposible de escuchar en boca una artista que no sea lebrijana. Se acordó del Chozas, de Utrera y remató con un cuplé en el que tuvo que dar el máximo para llegar a esos cielos del cante. La acompañaron la guitarra de Curro Vargas y las palmas Juan Diego Valencia y Javi Peña.

 

 

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Y lo mismo que se dice de Lebrija se dice de Jerez. Hay que ser jerezana -o jerezano, pero la noche iba de mujeres- para alcanzar a ejecutar con autoridad el cante de esa bendita tierra. María Terremoto -¡lo que pesa ese apellido!- demostró ya pasadas las doce de la noche y sin que se hubiera movido un alma del auditorio del parque, lo que es cantar. Estuvo acompañada por Nono Jero a la guitarra y a las palmas por Manuel Valencia y Manuel Cantarote

La caña, el cante minero, los tangos, las alegrías, y las bulerías dejaron el buen sabor de boca y la convicción del público asistente que a buen seguro dijo eso de “que me quiten lo escuchado”.

Ah, un inciso antes de terminar porque es de justicia. Las noches flamencas en el Parque y las de la Alameda se hacen gracias a que el Ayuntamiento de San Fernando patrocina los actos de entrada libre de La Isla Ciudad Flamenca. Lo dijo Santiago Muñoz, el presentador del acto y le dio las gracias a la presidenta de la Corporación y alcaldesa de San Fernando, Patricia Cavada,

 

 

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