Actualizado: 18:50 CET
Viernes, 06/12/2019

San Fernando Cofrade

Buen tiempo para un Miércoles Santo con novedades

Servitas estrena los candelabros de su paso, mientras que Gran Poder estrena cruz parroquial y ciriales y candelabros entrevarales para el paso de palio.

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El Gran Poder protagonizó un año más el Miércoles Santo isleño. Arrastró el gentío en torno a su paso y lo hizo desde su temprana salida, aunque este año 45 minutos más tarde, ya que la hermandad recortó su estancia en la calle al prescindir de subir hasta la calle Constructora Naval y seguir por Rosario para llegar a la calle Ancha.

La cofradía del barrio de la Bazán presentaba muchas novedades, como la cruz parroquial y ciriales, los candelabros entrevarales para el paso de palio, la bandera de paso, faroles de guía e incensario, con toda la orfebrería obra de Antonio Santos. También un juego de pértigas para escolta del guión sacramental y primera fase de escudos para las capas de los hermanos que las portaban.

También fue novedad la Agrupación Musical Polillas tras el paso del Gran Poder, pero sobre todo la salida estuvo marcada por el recuerdo hacia Francisco Martínez Hurtado, que fuera capataz del Gran Poder durante los últimos años y fallecido el pasado mes de diciembre. El luto en los pasos no impidió que la devoción se palpara en torno a una hermandad que sigue reinando en la tarde noche del Miércoles Santo, no en vano es la única con dos pasos y con bandas de música en la jornada.

La cofradía se recogió con retraso. Bastante, ya que a la 1.20 horas, aún estaba a tres calles de la entrada en el templo, cuando la recogida prevista era a las 00.50 horas para la Cruz de Guía. Pero no fue algo de recogida, ya que a estiró la procesión para entrar a hora en la Carrera Oficial, realizando un gran esfuerzo su cuadrilla de hermanos cargadores para llegar a Carrera Oficial con 45 minutos menos que el año pasado.

Servitas salía a las 18.45 horas. Media hora antes que el año pasado salió a la calle y lo hizo así tras la ampliación del itinerario, que este año llegó hasta la calle Ancha, y la bajó en su totalidad para continuar por Manuel Roldán, Colón y Callejón de Ánimas, uno de los momentos más destacados de esta salida procesional.

 


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La música de capilla iba acompañando el paso de templete, que estrenaba los candelabros de luces, realizados por el tallista isleño Manuel Oliva León, que ha realizado un nuevo proyecto para este paso, independiente del que en su día realizó el tallista Manuel Guzmán Fernández.

La gran novedad de Servitas fue también su carga. Se acabó aquella historia de la cuadrilla de hermanos más antigua de San Fernando y este año fueron los cargadores de las cuadrillas de hermanos del Nazareno, los encargados de portar el paso de templete, a las órdenes de Javier Padillo Cabrera, acompañado por miembros de su cuerpo de capataces. De hecho, la primera levantá del paso estuvo dedicada a la Hermandad del Nazareno por su 250 aniversario fundacional.

El paso de templete se topó con una farola en el callejón de Ánimas. Una de esas farolas que tenía que doblar los servicios municipales del Ayuntamiento y que pasó desapercibida, hasta que se vio la imposibilidad de pasar. De hecho, se llegó a ir a la iglesia Mayor por lo patines del paso para que pasara a ruedas, pero los servicios en acción del Ayuntamiento, acudieron para plegar la farola y permitir el paso del templete por la calle.

La tercera de las hermandades en procesionar, aportó el rigor y la seriedad que caracterizan desde hace siglos a la cofradía de la Vera-Cruz.

 

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Las puertas de la capilla de la Vera-Cruz se abrían por segundo año consecutivo, tras el paréntesis del cierre de la capilla por las obras, para la salida de la hermandad, cuyo paso fue portado por la Asociación de Jóvenes Cargadores Cofrades. Una entidad que además estaba marcada por el fallecimiento de un joven cargador de 24 años, Antonio Zaldívar Cruceira, que falleció de forma repentina este Miércoles Santo, después de haber cargado el paso de Humildad y Paciencia el domingo, y de Ecce Homo el lunes. Esa tristeza se veía en el rostro de los cargadores de la JCC, que llevaron el paso hasta la iglesia Mayor, para el rezo de su estación de penitencia.

El paso de la Vera-Cruz, exornado con un toque clásico por José María Domínguez Morillo, procesionó por las calles isleñas un año más, demostrando que la hermandad se repone poco a poco de sus momentos más difíciles de los últimos años.

Ante el paso de la Vera-Cruz figuró un cuerpo de acólitos, cuyas dalmáticas y pértiga fueron cedidas por la hermandad de la Caridad y los ciriales por la hermandad de los Afligidos.

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