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Miercoles, 19/09/2018
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Red sparrow

Jesús González Sánchez | Francis Lawrence dirige Gorrión Rojo (2018), una cinta de espionaje difusamente ambientada en la actualidad,

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El cine de espías siempre ha resultado seductor. Las historias enmarcadas en este género cinematográfico suelen ofrecer al espectador una oportunidad de evasión que combina la cercanía de un contexto sociocultural de una época concreta con las dosis adecuadas de acción, intriga, sensualidad y aventura. Hitchcock conocía muy bien el deseo del espectador por protagonizar este tipo de relatos, y por eso utilizaba actores como Cary Grant (Con la muerte en los talones, 1959) o James Stewart (El hombre que sabía demasiado, 1956) para favorecer el grado de inmersión del ciudadano de a pie en sus emocionantísimas historias.

En la actualidad, pese a que el género cada vez se rebela más contra los clichés que lo encorsetan, pervive aún inamovible ese poder de seducción por medio de nuevos y atractivos personajes y los actores que les dan vida.

Francis Lawrence dirige Gorrión Rojo (2018), una cinta de espionaje difusamente ambientada en la actualidad, donde aún resuenan los últimos estertores de la guerra fría.

La película narra la historia de Dominika (Jennifer Lawrence), una bailarina rusa que ve truncada su carrera profesional y pierde, junto a su condición de estrella de la nación, la posibilidad de mantener a su madre enferma.

Su tío, alto cargo del servicio de inteligencia ruso, ve en ella una oportunidad y le “ofrece” instruirse como gorrión, un tipo especial de agente secreto caracterizado por aprovechar sus atributos físicos y su conocimiento de la mente humana para sonsacar todo tipo de información a través del sexo y la manipulación.

El arquetipo de femme fatale puesto a disposición del estado para satisfacer su ansia de información y poder. Francis Lawrence, quien ya dirigió a Jennifer Lawrence en las últimas entregas de la famosa saga de Los Juegos del Hambre (2013-2015), ha conseguido dejarme perplejo ante su película, tan provocativa, absurda y auto-consciente que se encuentra cómoda funcionando en un extraño equilibrio entre el despropósito y lo espléndido. Por una parte, el realizador consigue un trabajo notablemente cuidado a nivel estético, sobre todo si lo comparamos con sus anteriores películas, ofreciendo un relato de ritmo pausado en el que predomina el diálogo, una lograda atmósfera de intriga y sexualidad, y una descarnada visión de la violencia.

Por otra, el guion ofrece una visión simplista de ambos bandos (ruso y norteamericano), empobreciendo el discurso político de la cinta; y, además, se resiente al desembocar en su tercer acto, evidenciando trampas narrativas efectistas que buscan la sorpresa del espectador sacrificando la cohesión del relato.

Afortunadamente, por encima de cualquier defecto o virtud, se alza la figura absolutamente protagonista de Jennifer Lawrence. La actriz de Madre! (2017) encadena con esta interpretación dos papeles protagonistas arriesgados, provocativos y totalmente opuestos a la indiferencia. Su personaje lucha impasible contra todo tipo de adversidades, deja en evidencia el machismo inherente al individuo heteropatriarcal en una escena de desnudo literal y figurado frente a la cámara, y se aprovecha de la misoginia del sistema para favorecer sus propios intereses como individuo y devolver el golpe desde dentro. La femme fatale se rebela contra su condición de arquetipo a través de una interpretación maravillosa.

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