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Viernes, 25/05/2018
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El Pasajero

El mismo día en que lo despiden, una misteriosa pasajera (Vera Farmiga) le propondrá un intrigante reto que deberá resolver antes de que el tren llegue

  • El Pasajero

Dentro de unos años pondrán una peli de Jaume Collet-Serra en la tele. Seguramente la protagonice Liam Neeson o, quizás, un enorme y mortífero tiburón blanco (Infierno Azul, 2016). Puede que la hayas visto antes, incluso varias veces, o puede que ni siquiera te suene el título, pero eso poco importa. Incluso si la cogieses empezada, de pura casualidad, la escapatoria habría dejado de ser una opción. Para cuando quieras darte cuenta, te hallarás atrapado en tu sofá, prisionero de cada una de sus escenas, y no podrás levantarte hasta que la cinta acabe.

El Pasajero (2018) se convierte en la cuarta colaboración de Collet-Serra con Liam Neeson, y supone la confirmación de que el director catalán ha encontrado un nicho en el Hollywood actual en el que desarrollar la concreción de su personal estilo.

La cinta, a través de un prólogo magistral, nos presenta la rutina a la que Michael MacCauley (Liam Neeson) se enfrenta todos los días de su vida, que acaban con un trayecto en tren de vuelta a casa del trabajo.

El mismo día en que lo despiden, una misteriosa pasajera (Vera Farmiga) le propondrá un intrigante reto que deberá resolver antes de que el tren llegue a su destino. El cine de Collet-Serra es letalmente entretenido.

El Pasajero resulta un film singularmente clásico, con una trama conspirativa de aires “hitchcocknianos”, pero contemporáneo a la vez, con pequeños guiños visuales a referencias culturales de actualidad (el póster de Paddington en la estación de tren, la novela La Sombra del Viento en la mesita de noche) que nos contextualizan la historia y nos sitúan en el mismo tiempo y espacio que su protagonista, un hombre común y corriente, con problemas económicos, costumbres fijas y dudas existenciales constantes sobre el emborronamiento que ha sufrido su identidad como persona tras años de esclavitud empresarial.

A pesar de su divertida previsibilidad, la cinta te atrapa y te somete a una tensión in crescendo en la que Liam Neeson, desprendiendo una cotidianidad superlativa digna del mejor James Stewart, se verá expuesto a situaciones extremas que le harán replantearse qué clase de persona es en realidad, teniendo que reencontrarse con la mejor versión de él mismo para superar toda clase de adversidades.

Los múltiples elementos de cine negro (vistos anteriormente en Una noche para sobrevivir, 2015) y la profunda admiración que la película profesa al cine de acción de clase B (como ya ocurriese en Sin escalas, 2014) aportan pistas sobre su verdadero giro final, que va más allá de lo que uno pueda esperarse tras un análisis superficial: el cine de Collet-Serra es cine del bueno.

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