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Miercoles, 08/04/2020

La Plazuela

Gistau

Publicado: 17/02/2020 ·
17:06
Actualizado: 17/02/2020 · 17:11

Su fachada era colosal. Entre tanto vestido de goyesca y trajes de chaqueta en el tórrido septiembre rondeño, él iba con su habitual uniforme

  • David Gistau.

Era un tipo grande. Cuando le vi entrar por la puerta de la redacción de El Mundo hace doce años me puse nervioso. Yo estaba sentado a la derecha de Ferrer Molina y frente a Lucía Méndez, pero me acobardé al ver a aquel tipo que andaba como si al aire le tuviera miedo, con maneras de actor de western pero un par de allas más grande. Recuerdo que para entonces ya le había enviado un correo para pedirle su libro A que no hay huevos. Se hablaba de aquel libro por entonces entre mis compañeros de promoción como una especie de Voynich del periodismo. Por aquella época estaba descatalogado y no era fácil conseguirlo. Me acerqué a hablar con él como esos niños que van hoy a recibir a los hoteles a Cristiano Ronaldo. Con la misma, Gistau, con educada indiferencia, me mantuvo la corta conversación. 

Le vi en Ronda, solo, rondando la plaza de toros el día de la Goyesca. Me acerqué con la seguridad de que le iba a molestar que en mitad de tanto famosete alguien se dirigiera a hablar con él. Él iba para contar quién estaba, no para ser él el protagonista. Su fachada era colosal. Entre tanto vestido de goyesca y trajes de chaqueta en el tórrido septiembre rondeño, él iba con su habitual uniforme. 

Gistau ha marcado a más de una generación de periodistas. A más de una generación de columnistas. El columnismo es un género periodístico con un estilo especial en España. Él, como Larra, Cavia, Ruano, Campmany o Umbral, ha tallado su nombre en el mármol del pabellón de hombres ilustres de las letras españolas. La literatura en los periódicos es posible, existe y él era uno de sus exponentes contemporáneos. Posiblemente el más reconocible. Probablemente el más respetado. 

De Gistau se está diciendo mucho, pero todo es poco. A Gistau no le leerá Zorrilla en su entierro, como a Larra, ni Campmany le hará un obituario, como a César González-Ruano. A Gistau le han recordado y escrito los suyos: Amón, quien con sólo siete preguntas reflejaba un obituario sonoro cuya coda, unos segundos de silencio en radio, sirvieron para imaginarse a Gistau en el parnaso del columnismo. Gistau se ha ido siendo un periodista admirado y admirable por los propios. Ahora que Gistau no está, ahora que se ha perdido a un periodista de los de categoría, sólo no queda preguntarnos. ¿A quién leemos ahora?

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Autor en Andalucia Información

Fran Cristófol

Doctor en Periodismo y docente e investigador. Malaguita por definición, con todo lo que eso significa

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