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29/05/2022  

Provincia de Cádiz

“No es una etapa, no estoy confundido, ni es vicio... ¡soy bisexual!”

El colectivo reivindica visibilización y aerta de que, si bien está más tolerado entre las chicas, los jóvenes tienen más dificultad para expresar su identidad

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  • Cartel distribuido por la Red de Municipios Orgullosos con motivo del Día Internacional de la Visibilidad Bisexual, celebrado el pasado jueves 23 de septiembre.

La be en la sopa de letras Lgtbq+ es como la hache. No suena porque “parece que la bisexualidad está normalizada”, apunta Joaquín Gómez, vicepresidente de la Asociación Delta, en Arcos, promotora del Orgullo Serrano. “Incluso está bien vista entre los alumnos adolescentes”, asegura el presidente de la organización, Rafael Gil, quien ha podido trabajar directamente con los jóvenes entre 2016 y 2019 en talleres de sensibilización y concienciación con los programas De Colores y Escuela Diversa, financiados por la Diputación Provincial de Cádiz. Pero la realidad, lamentan, es bien distinta. Como cualquier orientación ajena al “heteropatriarcado”, hay un buen puñado de prejuicios y mucho miedo.

“Lo más habitual es que la bisexualidad sea considerada como una etapa”, explica Gómez. “Pero no, no es un periodo de transición”, remarca. Se trata de una identidad entre todas las opciones posibles, y el pasado jueves, 23 de septiembre, se celebró el día internacional del colectivo, que reclama una mayor visibilización.

No resulta fácil de comprender por el entorno por lo general. “La presión social es muy fuerte”, porque la mayoría de las personas es incapaz de asumir que elegir pareja sexual o sentimental no es una cuestión de disyuntiva, hombre o mujer, sino que puede ser cuestión de conjunción copulativa, hombre y mujer. Pero esta cuestión conduce irremisiblemente en muchos casos a tachar de viciosos a los bisexuales, como si todo fuera una cuestión de deseo, en uno de los prejuicios más odiosos, por lo común. “A un bisexual no le gustan todos los hombres y todas las mujeres”, aclaran. “No es una perversión”, coinciden Gómez y Gil, quienes lamentan, al mismo tiempo, que “hemos pasado de una época de libertad a una, actual, mucho más conservadora”.

“Ha ido calando un discurso xenófobo y racista, homófobo y que niega la existencia de lacras sociales como la violencia de género” en todos los tramos de edad, pero especialmente entre los más jóvenes, señala el presidente de la organización, docente de profesión. “Ahora se lucha contra lo políticamente correcto, hay una rebelión contra la tolerancia”, conquistada por el activismo en los últimos años, agrega.

El resultado de ese movimiento, advierte, es el crecimiento del discurso del odio. “Los jóvenes se sienten impunes”. Pero el colectivo Lgtbq+ ha perdido el miedo a denunciar. “Los números crecen” y urge actuar porque el machismo va ganando terreno en las aulas y en las calles.

Todo esto lo sufren igualmente los bisexuales. “Las chicas, no tanto”, matizan, porque “para el heteropatriarcado solo son mujeres, no le dan importancia, no se lo toman en serio”.

Pero con los chicos, la cosa cambia radicalmente. Los insultos y las vejaciones son más habituales contra quienes actúan contra el concepto reaccionario de hombría. “Se castiga que un adolescente se salte las normas del buen macho”, ironiza Gil. “La bisexualidad es como bajar un escalón”.

De hecho, los bisexuales suelen llevar la etiqueta de homosexuales que no se deciden a salir del armario de una vez. “A veces, también padecen el rechazo por parte de los propios gays”, quienes les acusan de traicionar la causa o de querer mantener ciertos privilegios de la comunidad heterosexual, en una doble discriminación muy dolorosa.

“Lo habitual es que un hombre bisexual acabe compartiendo su vida con una mujer para no complicarse la existencia”, apunta, al respecto, Sandra Rodríguez, vicepresidenta de la Federación Andaluza Arcoiris. Ante los prejuicios sociales, capitula, “se aferra a las relaciones que no generan rechazo absoluto ni hostilidad”.

Gómez recuerda, en este sentido, que “después de la Guerra Civil”, con el nacionalcatolicismo, “muchos bisexuales, hombres y mujeres, gays y lesbianas, se casaron con parejas heterosexuales” para evitar problemas ante el poder establecido, perpetuando cuarenta años prejuicios en torno a cualquier otra identidad sexual. Hoy aún se dejan sentir las consecuencias.

Pese a todo, es optimista. “Hay que aceptar que en el futuro nos vamos a enfrentar a la diversidad”, pronostica. “Podemos ponerle todas las letras que queramos a la identidades sexuales, podemos poner en circulación todos los clichés que queramos, pero es una decisión tan personal” que no habrá heteropatriarcado que lo evite.

Hoy, “los jóvenes tienen más claro lo que siente, lo que son, pero les preocupa la respuesta de su entorno”, como la reacción de los padres cuando conozcan primero una novia y luego un novio. Faltan referentes. Los homosexuales los han tenido en mayor número; los bisexuales, en menor medida. Por eso es importante desmentir los clichés y dar visibilidad al colectivo, concluye.

“La gente no asume sin más que eres bisexual, tiene que decirte algo”

Juana y Pilar, ambas jerezanas, en la veintena, constatan que, en cuanto a la visiblidad de la bisexualidad, los hombres son más reticentes a expresar su naturaleza abiertamente. “No conozco a ningún chico bisexual”, asegura Juana, pese a que cuenta con un buen número de amigas que también se declaran bisexuales. “No caigo en ninguno ahora mismo”, responde Pilar. “Para un chico, asumir su condición es más difícil”, insiste Sandra Rodríguez, vicepresidenta de la Federación Andaluza Arcoiris, y mujer trans. Ella misma inició la transición a los cuarenta. También le costó afrontar su bisexualidad, algo que hizo con posterioridad. “Estuve escondiéndome de mí misma durante mucho tiempo”, confiesa. De hecho, expresaba su transexualidad, pero “me callaba mi bisexualidad” hasta hace relativamente poco. Pero cuando le puso nombre, “sentí un gran alivio”. “No ha sido fácil, aunque tampoco ha sido un camino de espinas”, admite.

Para Pilar, tampoco, “básicamente porque no me importa demasiado lo que piense la gente”, reconoce. Con 22 años, tomó conciencia de su bisexualidad a los 17 años. “Antes de eso, me lo habían sugerido algunas amigas por mis actitudes”, pero lo negaba hasta que conoció a una chica, compañera de trabajo en un campamento de verano, que le gustó. “Dar el paso fue un mundo”, recuerda. Recalar en la universidad fue decisivo. El apoyo familiar ha sido clave. “Cuando se lo conté a mi madre, se limitó a asentir y a animarme a que le siguiera hablando del asunto”. Fuera de casa sí tiene un buen montón de anécdotas porque “la gente no asume sin más que seas bisexual, tienen que decir algo”, lamenta. En una ocasión, una amiga le presentó un chico con el que comenzaba una relación. “Nos dimos dos besos al principio de la noche, pero cuando se despidió, después de escucharme comentarios que le llevaron a pensar que me gustaban las mujeres, me dio un apretón de manos”. También ha estado vinculada al mundo cofrade. “No lo he ocultado. Mi entorno lo sabía y no ha habido rechazo”, aunque no es lo habitual. En el grupo de conocidos con mayor relación, hay un joven homosexual que, sin embargo, se afana en ocultar a su círculo más cercano las relaciones que tiene.

Todavía persisten demasiado prejuicios pese a que “ahora se visibiliza más”, asegura, por su parte, Juana. “Antes era un tabú y aún sigue siéndolo”. La mitad de su familia lo acepta, “no sé si lo comprende, si no hay problemas, pero tienen claro que lo importante es que sea feliz”; la otra mitad muestra menos comprensión. Entre los propios homosexuales hay cierto rechazo. E incluso ella misma mostró resistencia cuando, en la adolescencia, tuvo que afrontar que le gustaban las mujeres tanto como los hombres. Curiosamente, sus primeras relaciones fueron con mujeres; luego, con hombres; a partir de iniciar sus estudios universitarios, comenzó a compaginar. En cualquier caso, “mis amigos lo saben y no hay problema alguno”. También ha contado a sus parejas su condición. Con el último chico, no fue por iniciativa propia, pero cuando le preguntó sobre relaciones anteriores, se lo explicó. Solo encontró respeto.

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