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Sábado 12/06/2021

Provincia de Cádiz

Vox y Unidas Podemos, duelo a garrotazos

Que Vox o Unidas Podemos sean los previsibles e inevitables socios de Gobierno, según tengan opciones de presidir la región PP o PSOE es desalentador

Publicado: 26/04/2021 ·
19:26
· Actualizado: 26/04/2021 · 19:26
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  • Rocío Monasterio y Pablo Iglesias, en el debate de Cadena SER, el viernes pasado.

Si Vox y Unidas Podemos obtienen un buen resultado en las próximas elecciones en la Comunidad de Madrid, perderemos los españoles en general. El espectáculo que están dando en estos días es lamentable y muestran la degradación de la política en España, imparable desde la crisis de 2008 y el fin del bipartidismo.

La campaña se estrenó con la desafortunada lona en Sol donde la formación de Abascal compara las cantidades que se destinan presuntamente para al atención de un menor extranjero no acompañado (mena) y la pensión de una anciana. El mensaje destila odio e independientemente de si los tribunales consideran que es delito o no es repungante. En primer lugar, porque es mentira. Los datos están manipulados. La presidenta Isabel Díaz Ayuso lo ha explicado. Pero el mensaje que lanza Vox es del todo intolerable porque es racista. Y España no lo es. Quiero creer que el partido ha tomado nota del rechazo unánime que ha generado el cartel y deseo con todas mis fuerzas que la retiren por iniciativa propia. Sus propios cargos públicos han tenido que defender el mensaje o matizarlo, síntoma de inseguridad y preocupación ante una iniciativa fallida

Los ciudadanos son más inteligentes de lo que cree el atajo de expertos que diseñan estrategias electorales. Culpar a los menas de que las pensiones sean reducidas es ridículo. Y lo peor es tratar de adivinar a quién le echarán la culpa cuando, si se diera el caso, expulsados todos los menas, las pensiones siguieran siendo pequeñas. Vox basa su programa electoral en un buen puñado de fobias y así es imposible construir región o país.

Pero Abascal es solo una de las dos caras del extremismo populista. Pablo Iglesias es la otra. La campaña del otrora vicepresidente del Gobierno (vi-ce-pre-si-den-te del Go-bier-no) está llena de contradicciones. Llega al debate de Telemadrid en taxi y se marcha en coche oficial. Duerme en un casoplón pero usa sudadera para los actos públicos. Pide que se condenen las amenazas recibidas, cuatro balas en un sobre, pero considera a Otegui un hombre de paz. Sus argumentos son la bronca, los disturbios, la lucha antifascista. El hombre que se desentendió del drama de las residencias de mayores, pese a asumir la competencia, y asegurar que trabajar mucho es de cretinos, otea en el horizonte el desastre y solo confía ya en que el PSOE, como se ofreció inexplicablemente Gabilondo, le rescate del naufragio.

Que Vox o Unidas Podemos sean los previsibles e inevitables socios de Gobierno, según tengan opciones de presidir la región PP o PSOE es desalentador. El rifirrafe en los estudios de la Cadena Ser entre Iglesias y Monasterio solo es un aperitivo de lo que nos esperan en los próximos meses. La crispación alcanza cotas peligrosas.

Díaz Ayuso, favorita, ha llevado la voz cantante hasta el momento, pero corre el riesgo de quedar en un segundo plano. Su reto, a corto, es hacerse oír entre tanto ruido. Aunque mucho me temo que la campaña ha explotado y hasta el 4 de mayo solo podemos asistir impotentes a un duelo a garrotazos.


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