Actualizado: 12:11 CET
Martes, 04/08/2020

Provincia de Cádiz

“Si me cierran otra vez por el Covid-19, entrego las llaves de la discoteca”

El ocio nocturno gaditano contiene la respiración ante el endurecimiento de la regulación de la actividad. “Ya hoy, estamos pagando por trabajar”, advierten

  • Andalucía sopesa el cierre de las discotecas.
  • El consejero de Salud sostiene que en estos tipos de establecimientos se incrementan un 20% las posibilidades de contagio

El brote de coronavirus en una discoteca cordobesa con más de un centenar de afectados, que celebraba una fiesta de graduación, ha encendido todas las alarmas y el presidente de la Junta, Juanma Moreno, ha adelantado que el Consejo de Gobierno tomará una decisión sobre el sector entre mañana y el martes. Entre las medidas valoradas, ha señalado, está la limitación de horarios. El vicepresidente, Juan Marín, planteó, por su parte, restringir el acceso. Pero el consejero de Salud, Jesús Aguirre, no duda de que lo más adecuado es el cierre, decretado ya en Cataluña, dado que, sostiene, las posibilidades de contagio en estos espacios cerrados se incrementa en un 20%.

“Si me cierran la discoteca otra vez, tendré que entregar las llaves del local”, advierte José Ignacio Quirós, dueño de Tribecca, uno de los establecimientos más concurridos de la noche jerezana, en la avenida Álvaro Domecq. Ya hoy, con las condiciones actuales de funcionamiento, “estoy pagando por trabajar”, lamenta. El endurecimiento de los protocolos es una amenaza para la supervivencia. “Tengo más gastos y solo tengo permitido un tercio del aforo”, remarca. Los números no salen. “Hemos perdido la Feria y el gran premio de motociclismo”. Llueve sobre mojado. “Nuestra temporada es el invierno, pero no sé si llegaré o si podré abrir entonces”, insiste. La incertidumbre no ayuda.

La Junta ha tenido serias dudas desde el inicio de la desescalada sobre la manera de recuperar la actividad. El Gobierno central autorizó la apertura de discotecas a mediados de junio, en la fase 3, pero la Administración autonómica optó por mantener la prohibición hasta el fin del estado de alarma. Cuando reabrieron las puertas, lo hicieron con un 40% de aforo máximo permitido en mesas y un 75% en terrazas. El incumplimiento de la norma ha llevado a actuar de manera implacable a la Policía. El pasado 11 de julio, unos agentes que se desplazaron a Momart Theatre, en Cádiz capital, por una pelea en el interior del local, procedieron a su desalojo. “No había más gente de la permitida”, niega, no obstante, Nacho Sánchez, responsable del establecimiento, tal y como ha trascendido. “La situación se descontroló, pedí 15 minutos para organizar pero no me dejaron”, explica.

Sánchez admite que “estamos aprendiendo día a día a funcionar en la nueva realidad”, aunque aclara que está cumpliendo con todas las medidas. “Destino el doble de gasto a personal que el último verano y facturo un tercio”. Esta es el coste de la nueva realidad para el sector. Ahora cuenta con acomodadores que acompañan a los jóvenes hasta alguna de las 40 mesas o a uno de la decena de palcos con los que cuenta y que permite concentrar a entre 300 y 350 personas, y más camareros para evitar los servicios en barra. “A las cinco o cinco y media, la noche está acabada”, relata, pese a que no echa el cierre hasta las siete. “No se puede bailar libremente, la fiesta está limitada”, reconoce. Pero se opone al cierre porque en Cádiz no ha habido brotes. Y “en algún sitio tiene que estar la gente para tomar una copa”.

Máxime si, tal y como ha planteado igualmente el presidente de la Junta, Andalucía prohíbe el botellón. En Arcos, el Gobierno local ha tomado la delantera. Luciano Muñoz, jefe de la Policía Local, señala que en las últimas dos semanas era ostensible que no se estaban cumpliendo las normas básicas de prevención en la zona en la que se concentran entre 500 y 600 jóvenes, sin mascarillas ni guardando distancias de seguridad. El alcalde, Isidoro Gambín, mantuvo reuniones con el sector del ocio nocturno y, de acuerdo a los informes de la Policía Local, decidió suspender temporalmente esta práctica. Consumir alcohol en la calle en la localidad serrana puede acarrear una sanción de entre 200 y 450 euros.

Muñoz mantiene que “no ha habido una mala reacción por parte de los vecinos” porque, señala, “no es una medida represiva, es en beneficio de la localidad”. “Estamos poniendo todos de nuestra parte, no podemos caer en la trampa”, añade, al tiempo que propone modificar hábitos, como salir más temprano, ampliar las zonas de esparcimiento u optar por otras alternativas de ocio, como el cine o el teatro. “Tenemos que acostumbrarnos a vivir con el virus”. La responsabilidad individual es clave. Como dijo este jueves Juanma Moreno, tenemos que “divertirnos pero con seguridad”. La fórmula se resiste.


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