Actualizado: 19:28 CET
Jueves, 04/06/2020

Provincia de Cádiz

"La única vacuna que tenemos es la de la conducta"

La pérdida del miedo al virus alerta a los expertos y los profesionales. La responsabilidad individual es clave para avanzar o no

  • La gente paseando por la acera de una avenida de Jerez a la caída de la tarde
  • El confinamiento no puede ser eterno, hay que aprender a convivir con el virus y prevenir posibles repuntes

El cierre de tres bares en Jerez y dos en Cádiz por contar con más clientes de los permitidos en sus terrazas justo al inicio de la desescalada hizo saltar las alarmas a principios de esta semana, con una nota de Horeca en la que la patronal advertía de que algunos establecimientos “tenían muchísima gente de pie” y animaba “a llamarle al orden y, por supuesto, no servirle bebida”.  

“Entramos en la etapa más importante de la crisis”, advierte en relación a estos lamentables sucesos Joaquín Fernández-Crehuet, catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad de Málaga y Vicepresidente de la Comisión Andaluza de Deontología Médica. “El virus sigue en el ambiente y de lo que hagamos depende que sigamos adelante o no”.

Fernández-Crehuet sostiene que, sin vacuna biológica aún disponible, “solo tenemos la vacuna de la conducta”, de manera que apela “a la práctica saludable y el compromiso ético que debe desarrollar cada persona” tras el confinamiento porque es el instrumento más eficaz contra la pandemia. “Lo que uno haga bien o mal a partir de ahora es fundamental para los demás”, remarca.

Más aún si se tiene en cuenta que solo el 1,7% de los gaditanos, unos 21.000, ha tenido contacto con el coronavirus, según se desprende de la primera oleada del macroestudio que arrancó el pasado 27 de abril en más de 36.000 hogares para medir el nivel de inmunidad de los españoles presentado el miércoles por los ministros de Sanidad, Salvador Illa, y Ciencia, Pedro Duque, junto a los directores del mismo. En España, indica el informe, únicamente han desarrollado anticuerpos dos millones de personas, el 5% del total de la población.

“Los resultados son sorprendentes”, reconoce Fernández-Crehuet, quien hace, al respecto, algunas consideraciones . En primer lugar, el decreto de estado de alarma, con la restricción de circulación, ha funcionado. La decisión se tomó para frenar “la explosión de contagios” producida por un error de estimación del riesgo de la infección. “Se dijo que era como una gripe o que únicamente se contagiaba por contacto directo y se permitieron aglomeraciones” en manifestaciones el 8 de Marzo, eventos multitudinarios deportivos o políticos.  

Una vez superado el colapso provocado en los centros sanitarios y tras reducirse el número de contagios de diarios a unos números controlables, hay que tratar de recuperar la normalidad. Pero, remarca, las cosas no serán como antes ante el riesgo de un repunte en la incidencia de casos: “Tenemos que aprender a convivir con el virus”. Sin tratamiento eficaz al cien por cien y sin la inmunidad de rebaño, que obliga a contar con el 60% o el 70% de la población con anticuerpos, habrá que extremar las medidas de prevención, como el uso de mascarillas y el distanciamiento social, al menos un metro y medio, o las dos cosas, y extremar la medidas de higiene. Nunca mejor dicho, “en nuestras manos está el futuro”.

El riesgo, advierte, está en el 33% de los españoles que, habiendo tenido contacto con el virus, no sufrió síntoma alguno, porque son especialmente peligrosos por su capacidad para contagiar. Por eso, insiste, es “tan importante romper los mecanismos de contagio” con la prudencia, “no bajando la guardia”. Lo deseable, además, sería poder de disponer de test en abundancia para poder llevar a cabo un diagnóstico rápido ante la más mínima sospecha, poner en cuarentena al paciente, determinar su grupo de riesgo y someterlo igualmente a pruebas para controlar el brote. “investigación en racimo”, recalca, junto a “investigación de laboratorio”. Esa es la fórmula. A corto y largo plazo. Entre tanto, el compromiso individual es fundamental porque, ojo, “si las cosas no marchan bien volveremos a la fase anterior o nos estancaremos sin avanzar” a la normalidad.

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