Hace unos meses este periódico avanzaba la participación del bailaor arcense y Premio Nacional de Flamenco Marco Flores en el Festival de Jerez, que en su caso es una cita talismán que este marzo acaba de cumplir su vigésimo novena edición. Su espectáculo ‘Tierra virgen’ ha calado hondo en el festival vecino hasta el punto de haber recibido el Premio de la Crítica que le concede la Cátedra de Flamencología y Estudios Folclóricos de Jerez, los críticos y colegas periodistas que tuvieron ocasión de disfrutar de los diferentes espectáculos en el Teatro Villamarta.
Según el fallo del premio, la obra de Marco Flores compitió reñidamente con la de su compañero de viaje Manuel Liñán, esta titulada ‘Muerta de amor’. En todo caso, dos demostraciones de de danza de categoría. Sin embargo, el arcense ha probado las mieles de este éxito en otra ocasión, pues en 2012, y gracias a su propuesta ‘De flamencas’, ganó idéntico galardón. De ahí que en más de una ocasión haya dicho eso de que el festival jerezano es su talismán.
El exponente de las artes escénicas -su obra trasciende al ámbito del baile flamenco aunque sea especialista del mismo- ha reconocido en medios locales y provinciales que la noticia del premio le ha cogido por sorpresa pero que se siente muy contento.
Como detalle solidario, ha querido compartir el nuevo éxito de ‘Tierra virgen’ con los compañeros y compañeras del montaje que se estrenó en Madrid en 2024. Estos son los cantaores Enrique Remache y Manuel de la Nina y el guitarrista José Tomás, así como la coreógrafa Patricia Ruiz y la artista invitada Chelo Pantoja.
Como narraba el propio bailaor y coreógrafo poco antes del festival jerezano, ‘Tierra Virgen’ es “un viaje profundo, silencioso, provocador y verdadero a partir de un repertorio sólido, etéreo, culto y festero, que se mueve en la retaguardia de la modernidad”, expresaba entonces Marco Flores.
Un espectáculo, en suma, que se inspira “en las formas y estructuras clásicas de un arte como el flamenco, en pro de un acto artístico actual”. También es “un espacio idealizado que se inspira en las formas más clásicas del flamenco -cante, guitarra, baile- y en algunos conceptos relacionados con el origen de este arte: el folclore, lo popular o lo iberoamericano (las idas y vueltas)”.
Es, por tanto, “una pieza que evita encorsetarse en corrientes estéticas que parecen cada vez más impuestas: la vanguardia, lo contemporáneo, la modernidad. Por el contrario, se construye desde una libertad que desemboca en una reinterpretación de lo clásico, lo tradicional, los ritos y lo sacro: herramientas poderosas que pueden cambiar el mundo”.
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