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Domingo, 21/10/2018

El chollo de las SICAV

Las Sociedades de Inversión de Capital Variable, son una fórmula financiera que mezcla la forma jurídica de sociedad anónima, con un fondo de inversión y a día de hoy, constituye la preferida por ricos y grandes fortunas, por tributar a un ridículo e inmoral 1 %, frente al 43 % que les correspondería si lo hicieran por el IRPF y para cuya constitución son necesarios nada menos que un mínimo de 2´4 millones de euros.

Lejos de verse afectadas por la situación actual, han crecido enormemente, poniendo de manifiesto la transferencia de rentas tan injusta que se está produciendo en los últimos años y que la crisis no ha hecho más que acelerar y que consiste básicamente en estrangular a la clases medias y bajas, pero sin hacer lo mismo con los más pudientes. 


La anarquía que vive la economía occidental, está sirviendo para que la riqueza se esté concentrando aún más en menos manos y el auge de estas sociedades en nuestro país, indica que España no está siendo ajena a este impúdico fenómeno de acaparamiento de poder económico, a pesar de estar caminando al borde del colapso social.

Todos los que pensaban que la fuerte recesión económica que atravesamos, que las abruptas caídas bursátiles y de renta fija, iban a justificar un parón en la creación y actividad de las SICAV, se equivocaron. En 2011 se crearon 71 nuevas, el doble que en 2010 y se estima que en total acumulan un patrimonio cercano a los 23.300 millones de euros.

Fue un invento creado por Felipe González en 1983 para evitar la fuga de capitales, que ha ido degenerando en el mejor vehículo para mantener contentos a los grandes patrimonios.
Desde entonces, ningún Presidente ha tenido lo que hay que tener para que arrimaran el hombro, haciendo cumplir el principio básico de progresividad de todo sistema fiscal democrático decente: Que pague más, quién más tiene.

Actualmente, es la forma más directa de eludir el IRPF, por eso, el nuevo escalafón establecido para las rentas altas en este impuesto, no les va a afectar. Como siempre, son las clases medias y medias altas, con rentas del trabajo, las que cargan con todos los pseudoajustes que se están llevando a cabo últimamente y los que con toda probabilidad, se seguirán produciendo.

Mientras la Agencia Tributaria nos exprime con la declaración de la renta, ciudadanos empresarios como Amancio Ortega (Zara), Alicia Koplowitz (FCC), Isaac Andic (Mango), la familia del Pino (Ferrovial), hasta famosos como Pedro Almodóvar o Ana Rosa Quintana, tributan sólo un 1 % a través de este indefendible vehículo de inversión.

Sinceramente, no creo que una ligera subida en su tipo impositivo, suponga una estampida de estas grandes fortunas al extranjero (o sea, paraísos fiscales) pero sin duda, neutralizaría la sensación generalizada que tenemos la opinión pública de que los Gobiernos de este país, benefician a las élites, protegiendo su estatus, en detrimento de aquellos que nuestra única forma de vida es una nómina.

Pienso que la concentración de la riqueza entre unos pocos, abona el terreno para todo tipo de conflictos por la fractura social que provoca. Y debemos tener claro que el nivel de desigualdad económica que existe hoy día, no es una expresión de la libertad, sino más bien de su negación.

¿Qué cabe esperar cuando un directivo puede llegar a cobrar hasta 400 veces más que sus empleados? Hace poco leí un informe que denunciaba que en Gran Bretaña la distribución de la riqueza del país es ahora, como la existente en tiempos de la Segunda Guerra Mundial. Sólo los tres americanos más ricos, Bill Gates, Paul Allen y Warren Buffet, poseen una fortuna superior al PIB de las 42 naciones más pobres.

Todo este descontento social se va convirtiendo en una olla a presión cuyas consecuencias sólo pueden ser el uso de la violencia y el sufrimiento de mucha gente normal y trabajadora, que no se dedica precisamente a especular en los mercados financieros.

Aquellos que callan; aquellos que pudiendo hacer, no hacen nada; aquellos que aplauden y ríen las gracias a los poderosos; aquellos que decís una cosa y hacéis otra; aquellos que miráis para otro lado. Todos sin excepción, tarde o temprano, tendréis que dar cuenta por vuestros actos, ya sea por acción o por omisión.

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