Actualizado: 22:01 CET
Lunes, 15/10/2018

Torremolinos

Torremolinos: calles de poetas y escritores

Uno de los escritores, poetas y periodistas más allegados a Torremolinos y merecedor de una vía pública a su nombre en el municipio es el rememorado Ángel Palomino, autor de la famosa novela "Torremolinos, Gran Hotel", que le valió el Premio Nacional de Literatura Miguel de Cervantes

  • Ángel Palomino describe con fino humor el Torremolinos de los años sesenta, inmortalizado en su famosa novela.
  • Ángel Palomino nos legó miles de páginas llenas de humanidad y humorismo
  • ?Torremolinos, Gran Hotel?, Premio Nacional de Literatura Miguel de Cervantes 1971
Uno de los escritores, poetas y periodistas más allegados a Torremolinos y merecedor de una vía pública a su nombre en el municipio es el rememorado Ángel Palomino, autor de la famosa novela "Torremolinos, Gran Hotel", que le valió el Premio Nacional de Literatura Miguel de Cervantes en 1971 y que contribuyó no poco a la fama del Torremolinos turístico. Ángel Palomino es uno de esos personajes que, sin haber tocado fanfarria para hacer gala de sus elevados talentos, sorprende por su rica y variada capacidad creativa, por sus vastos conocimientos de una gran diversidad de materias, por la sencillez con que vivió, por su profundo sentido de la amistad y del humor y por el trato tan amable que dispensó a sus contemporáneos. Como escritor era capaz de imitar los estilos de los más grandes autores, aunque tenía su propio estilo rezumante de humanidad y humorismo. Sus novelas son la amenidad por excelencia.                         
Ángel Palomino Jiménez nació el 2 de agosto de 1919 en Toledo, ciudad donde también realizó sus estudios primarios y secundarios. Se trasladó a Madrid en 1935 al objeto de cursar la carrera de Ciencias Químicas. Al inicio de las vacaciones veraniegas le sorprendió el Alzamiento Nacional y decidió ingresar en la Academia Militar de Toledo, de la que llegó a ser profesor de historia y geografía, además de haber obtenido el grado de Alférez.
Tras abandonar la academia, cursó periodismo y, entre 1946 y 1950, fue redactor jefe del "Diario de Larache", en Marruecos, y posteriormente, de 1950 a 1954, subdirector               de la revista "Fiesta", en Tetuán. Paralelamente a estas actividades, Ángel Palomino colaboraba con la revista La Codorniz (bajo el pseudónimo de Ulises), colaboración que mantuvo desde 1947 hasta 1978, año en que desapareció la famosa publicación cómica. A la par de ello, escribía artículos y columnas periodísticas, a su nombre o con el pseudónimo de G. Campanal, para los diarios ABC, Arriba, Semana, El Heraldo Español, y El Alcázar, además de sus cotidianas colaboraciones con la Agencia EFE. Con el tiempo extiende su colaboración a otros muchos periódicos y revistas, tanto de España como de los distintos países hispanoamericanos. Televisión Española le encarga dirigir el programa "La Pública Opinión". Y, por si aún le faltara tiempo, estudia y se diploma como Director de Empresas.
En 1980 fue admitido como miembro de la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo. Asimismo se le invistió como Académico Numerario de la Real Academia de Gastronomía. Entre los premios y reconocimientos a su fecunda labor literaria, destacan: Premio Ejército de Literatura y Periodismo, por su obra "Mientras velas las armas"; Premio Club Internacional de la Prensa (1968) por su obra "Zamora y Gomorra"; Premio Leopoldo Alas de narraciones breves (1970) por "Suspense en el cañaveral"; Premio La Felguera (1970) por el cuento "Detrás de un aligustre o de un evónimo"; Premio Alfaguara y Premio Nacional de Literatura Miguel de Cervantes (1971) por "Torremolinos, Gran Hotel"; Premio Hucha de Oro (1972) por el cuento "Informe a la superioridad"; Finalista Premio Planeta (1977) por "Divorcio para una virgen rota"; Premio Círculo Mercantil de Almería (1980) por "Los que se quedaron", y Premio Internacional Tabacalera (1992) por "Yo no violé a Ketty Strip".
Ángel Palomino abarcó los principales géneros literarios: la Narrativa, la Poesía, el Cuento, el Ensayo y los guiones de cine y televisión. Obras suyas que pueden admirarse en la pequeña y gran pantalla son "Torremolinos, Gran Hotel" y "Madrid, Costa Fleming". En poesía cabe destacar "La Luna no se llama Pérez". En Cuento, además de "Informe a la superioridad" y "Suspense en el cañaveral", las narraciones cortas "Tú y tu primo Paco" y "Un jaguar y una rubia". En Ensayo, "El milagro turístico", "Carta a un sueco", "Caudillo", "Defensa del Alcázar" y "La Guerra Civil empezó en Asturias", además de la ya citada "Mientras velas las armas", ganadora del Premio Ejército.
Entre las muchas novelas y narraciones de éxito de Palomino, la mayoría humorísticas, citaríamos, amén de las mencionadas con anterioridad, "Bosnios para un nuevo Guernica", "Plan Marshall para cincuenta minutos", "Las otras violaciones", "Memorias de un intelectual antifranquista", "El César de papel", "Este muerto no soy yo", "Todo incluido", "De carne y sexo", "¡Quiero un hijo de Julio!", "El pecado de Paquita", "La comunidad de propietarios", "Insultos, cortes e impertinencias", "Mis cartas a su majestad"  y "Han volado el toro del coñac", que fue su última novela.
Profundo conocedor y analista de la historia de España, denuncia Palomino con admirable ingenio en sus páginas sobre la Guerra Civil que, "si los militares republicanos (Miaja, Casado, Mera…) sublevados contra el Gobierno de la República el 5 de marzo de 1939, lo cual supuso el fin de la Guerra Civil española, se hubiesen alzado tres años antes, el 18 de julio de 1936, a la par que sus antiguos compañeros los generales Franco, Mola y Queipo de Llano, España se habría ahorrado la Guerra Civil".
    Ángel Palomino se nos fue "de Madrid al cielo" un 20 de febrero de 2004. Como muestra del fino humor que siempre le caracterizó, he aquí esta anécdota real. Dado que estaba de moda imprimir las tarjetas de visita poniendo debajo del nombre la profesión (Arquitecto, Ingeniero, Abogado…), nuestro hombre se hizo imprimir unas que decían: "Ángel Palomino, Señor Particular". En las tarjetas de visita honorarias de nuestro Particular y genial Señor, bien pudiéramos añadir con letras de oro: "Ángel Palomino, Magnificador de Torremolinos".

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