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Miércoles 20/01/2021

Patio de monipodio

Una gran empresa

Tremendamente descorazonador es verlos de simple comparsa del poder municipal. ¿El encargo de la obra civil por delante de la dignidad de la obra bien hecha?

Publicado: 21/09/2020 ·
22:37
· Actualizado: 21/09/2020 · 22:37
Autor

Rafael Sanmartín

Rafael Sanmartín es periodista y escritor. Estudios de periodismo, filosofía, historia y márketing. Trabajos en prensa, radio y TV

Patio de monipodio

Con su amplia experiencia como periodista, escritor y conferenciante, el autor expone sus puntos de vista de la actualidad

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Viene a ser una empresa grande. Y, por extensión, un cometido, un trabajo difícil. Difícil no es sólo lo que es difícil. Mucho más es lo que se hace difícil, o lo que difícilmente se hace, que es mucho más grave. Hay que ver cómo han cambiado valoraciones y posicionamientos. Los colegios profesionales de arquitectos e ingenieros, como conciencia de especialización en su materia, un día fueron conciencia, aportaron crítica, idea crítica a las administraciones, discutieron, cuestionaron y en justa contrapartida propusieron soluciones. Tremendamente descorazonador es verlos de simple comparsa del poder municipal. ¿El encargo de la obra civil por delante de la dignidad de la obra bien hecha? Ellos tienen la respuesta.


La comunicación terrestre es materia de Junta de Andalucía y Gobierno de España. Todo lo que el Ayuntamiento gaste en transporte lento y destrozo viario, son ganas de ahorrar la inversión verdaderamente necesaria a las otras administraciones. Por eso la pregunta: Si San Bernardo y Santa Justa están unidas por tren en cuatro escasos minutos, si desde Bellavista a Santa Justa no llega a ocho, si desde Dos Hermanas a Santa Justa sólo pasa ligeramente de diez. Si Coria del Río podría estar a nueve minutos de la estación central ¿qué sentido tiene reducir a un carril la circulación en el eje Ramón y Cajal-José Laguillo, para elevar a diez o doce minutos un trayecto que ya se hace en menos de cuatro? ¿O piensan que habrá gente con tantas ganas de perder el tiempo, como para esperar el tranvía para ir desde Luis Montoto a Santa Justa, o desde Eduardo Dato a Ramón y Cajal? O desde extremo a extremo, que exige tomarse tiempo.


La Junta en algunas ciudades de Andalucía y el Gobierno en algunas de España se ha encargado y se encarga del transporte rápido, el eficaz, el que no se hace en superficie, el que no estorba a la ciudadanía. Sólo Sevilla, con un Ayuntamiento tan “activo” en el abandono de la arboleda, única defensa contra la temperatura y la contaminación, usa el dinero de la ciudad (de la ciudad, no del Ayuntamiento), en un transporte ineficaz creador de dificultad al tráfico. Porque a los conductores no se les puede convencer amargándoles el trayecto. Para todo hace falta argumento. Y el único capaz de demostrar la eficacia del transporte público frente al privado, es la eficacia. Para entendernos: tan sólo cuando la red de metro cubra toda Sevilla y la de autobuses se limite a complemento de la anterior, porque jamás podrá competir con ella, tan sólo entonces se podrá argüir, casi cabría decir forzar a los conductores a dejar el coche en su casa. O junto a ella, si no se lo impide el carril-bici.


Ahorrar el esfuerzo económico a las administraciones responsables es algo que nunca agradecerán ni las administraciones ni las ciudades beneficiadas por el sacrificio de los sevillanos, que verán mejor atendidas sus demandas de comunicación mediante la pérdida de inversión en esta y su  trasvase a otras, no más afortunadas. O sí. Más afortunadas por contar con un Ayuntamiento preocupado por el bienestar de sus vecinos. Y desde ahora con unos colegios profesionales también defensores de la lógica, de la estética y del bienestar común.

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