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Martes 19/01/2021

Patio de monipodio

Colas de la vergüenza

Durante la autarquía la cola estaba en el economato, para comprar por unos céntimos menos. Ahora está en el banco para darle dinero, por unos euros más...

Publicado: 12/07/2020 ·
23:57
· Actualizado: 12/07/2020 · 23:57
Autor

Rafael Sanmartín

Rafael Sanmartín es periodista y escritor. Estudios de periodismo, filosofía, historia y márketing. Trabajos en prensa, radio y TV

Patio de monipodio

Con su amplia experiencia como periodista, escritor y conferenciante, el autor expone sus puntos de vista de la actualidad

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Durante la autarquía la cola estaba en el economato, para comprar por unos céntimos menos. Ahora está en el banco para darle dinero, por unos euros más. Hasta siete por hacer el ingreso y cien al año por mantener abierta la cuenta, es que no trae cuenta. No será porque no les interese pescar dinero, que ese es su negocio no sólo los siete euros, también lo que buscan con toda cifra cobrada, devengada, dicen, será que se vengan, aunque quienes deberíamos “venirnos” somos los usuarios y dejar los bancos vacíos. Su fin es mucho más que esos siete euros multiplicados por los miles de sufridos “clientes” obligados a ver detraído -más bien “de-llevado”-, su dinero, que para algo forzaron las fusiones y el desmantelamiento de las cajas de ahorros. El fin es vaciar la ventanilla para cerrarla, ahí reside todo, incluido el aumento del sustancioso beneficio obtenido sin recurrir a su negocio tradicional, que no es cobrar por recibir dinero sino al revés: se cobra a quien recibe el préstamo. Se han trastocado los términos y se ha destrozado la palabra “cliente”. Tergiversadas y prostituidas; la palabra y el concepto.


Igual que el cuento de “la oferta y la demanda”, cuando sólo hay oferta, para eso están los oligopolios; aunque estén prohibidos en la UE, la trampa va implícita en la ley, como reza el dicho popular y cuentan con el apoyo y la bendición del gobierno y de la Junta, por permisividad y por sus leyes de segundo capítulo desmontador del primero. El gobierno no puede hacer más que lo que hacen; no proteger la especulación sería un contrasentido igual que las colas. La banca gana dinero sin vender, esto es, sin dar créditos más que al consumo mediante tarjetas, lo más rentable por su altísimo interés. Para eso han cerrado oficinas, han ahorrado locales y muchos miles de salarios, esa ha sido la causa única de la “concentración”: aumentar el control de la gente y acostumbrarlos a las colas en la calle para enseñar a ser sumisos, ya con reconocimiento facial incluido. Promover las colas es parte de la obsesión gubernamental por el poder. Menos mal que el “trifásico” venía a arreglarlo todo; pues han hecho cortocircuito. De golpe los documentos no se pueden presentar en cualquier registro, que eso era facilitar. Ahora un registro y yastá. Centralización para confundir y entretener, con cita previa. Acostumbrar a la gente a esperar, a ver quién manda aquí. Además sin avisar, en vez de facilitar, entorpecer. El caso es retrasar y confundir: para remate del despropósito quien sella el papel duda de hasta dónde colocar el sello, porque quien debe recibir el documento “como hace teletrabajo” lo verá cuando le llegue. “Ventajas” de la burocracia. Y venían a arreglarlo. No, arreglados estamos, con ellos.


El máximo exponente de las colas de la vergüenza, del estricto racionamiento del color rojo incapaz de subir a sus rostros, es visible en los centros del SAS. “Para proteger” al “populacho” -en continua vuelta atrás- hay que esperar en la calle. A ver si razonan la ventaja de cambiar contagios por contagios + lipotimias, que la calle ya supera los 50º. Contra el contagio hay mascarillas. Contra las lipotimias y la tensión nerviosa ¿Qué han pensado?

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