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Lunes, 10/12/2018

Patio de monipodio

Productividad

Productividad es “cualidad de producir”. Y producir es crear, aportar algo nuevo...

Productividad es “cualidad de producir”. Y producir es crear, aportar algo nuevo. Salvo acepción 3ª: “rentar beneficio anual”, añadida por el uso, de las palabras, casi nunca riguroso, “productividad” sugiere, inspira la primera descripción. Aumentar la producción de algo debe suponer una mejora en la cantidad de un bien aportado a la Sociedad. Pues, para la hispana y recaudatoria Administración, no. Para la Dirección General de Tráfico, para la Dirección de la Unidad de Tráfico de la Guardia Civil, “producir” es poner más multas. Más multas. Más multas. Tanto, que en aras de esa discutible “productividad”, aquellos agentes que no alcancen el número de denuncias estimado por los agobiantes, opresores y codiciosos planes de la institución. La “norma” exige que cada pareja sea un poco menos benemérita y “casque” un número determinado de denuncias, como única unidad de medida de la “buena” realización de su trabajo. Su interés en la mejora del tráfico, por lo que se ve, depende exclusivamente de su participación en el ingreso económico previsto. Porque lo grave, lo peor, lo menos cercano a alguna forma de mejorar la seguridad, es que, si no llegan al número de denuncias exigido, sus ingresos disminuyen. O sea, para entendernos: los agentes no cobran comisión por poner multas. Pero cobran menos si no ponen el número que se les exige. No es lo mismo… ¿o sí?

Así, es fácil explicarse por qué, ante un vehículo averiado, muchos agentes, lejos de prestar socorro, riñen y aprovechan para dar un repaso a todos los papeles habidos y por haber, por si hubiera posibilidad de sacar algo. No todos, desde luego, la Asociación Unificada de la Guardia Civil, ha llamado “perversa y maquiavélica” esta “normativo de productividad”, porque, desde que se implantó, “genera malestar, competitividad y animadversión entre los propios agentes”. Y en la definición no se incluye el perjuicio ocasionado a los conductores. Ni el tiempo empleado en comprobar documentos y consecuentemente sustraído a una vigilancia del tráfico óptima y racional. Pero, más grave aún, la referida Asociación ya ha ganado varios juicios al Cuerpo, ante lo cual, vienen cambiando algún aspecto específico, que permita usar otras palabras para seguir haciendo lo mismo.

La inocencia nos hace creer que las patrullas están para cuidar la seguridad y fluidez, pero la práctica impuesta lleva otra dirección. Levantar la mano para examinar al vehículo y al conductor, nunca pasó de molestia innecesaria. Cuantas veces, mientras se miran con lupa los documentos y se registra el coche, otros pisan la línea continua, o cometen otras infracciones, sin que los agentes puedan (porque no sería lógico pensar que no quieren) fijarse en ellos. Cuantas veces una nimiedad hace perder a un automovilista un buen rato, mientras los agentes consultan por radio, precisamente por esa misma nimiedad.

Medir la productividad en el número de multas impuestas es, desde luego, una forma perversa de entender el tráfico. Es aprovecharlo como método recaudatorio. Nada más. Con frecuencia lo niegan, pero los hechos lo demuestran. Y eso entraña la responsabilidad de no cuidar debidamente la seguridad.

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