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Patio de monipodio

Control, control, control

Han hecho profeta a Orwell, una mayoría siempre silenciosa no sólo no ha querido verlo sino que agradece los “avances en seguridad”; una mayoría a quien...

Publicado: 08/06/2022 ·
11:45
· Actualizado: 08/06/2022 · 11:45
  • Cinturón de seguridad.
Autor

Rafael Sanmartín

Rafael Sanmartín es periodista y escritor. Estudios de periodismo, filosofía, historia y márketing. Trabajos en prensa, radio y TV

Patio de monipodio

Con su amplia experiencia como periodista, escritor y conferenciante, el autor expone sus puntos de vista de la actualidad

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Han hecho profeta a Orwell, una mayoría siempre silenciosa no sólo no ha querido verlo sino que agradece los “avances en seguridad”; una mayoría a quien los golpes son “mal menor”, “precio justo” a la seguridad de sentirse seguros, pero nuestros movimientos pueden seguirse hasta en el baño. La seguridad habrá que verla, esto sí es seguro. Falta el chip. Si todavía no lo han puesto, será porque dudan si ponerlo en el tobillo o en la cabeza. El segundo es más seguro, porque puede recibir una descarga eléctrica si nos da por pensar, acción tan peligrosa para el poder. Naturalmente será también “para nuestra seguridad”.¿La nuestra, o del Gobierno mundial?

Nos acercan peligrosamente al “ojo que todo lo ve”, para algunos sólo una buena película y un mal programa de televisión. Para la mayoría quien avisa es un visionario “que no está de acuerdo con ná”; Un ayuntamiento llena la ciudad de cámaras, dedica a la policía a cachear y registrar gente aleatoriamente, pero es aplaudido porque lo hacen “para prevenir”. ¿Prevenir? “Control, control, control” canción de Aguaviva, donde el mundo se había llenado de robots. De humanos robotizados o idiotizados que viene a ser lo mismo. Ahí nos llevan. Sabíamos que el objeto del cambio de hora es acostumbrarnos a obedecer, pero la obediente ciudadanía lo aprobó, porque “lo hacen por nosotros”. También “por nosotros” nos obligaron a amarrarnos al asiento del coche. “Todo por nosotros”, una medida sólo útil, y no siempre, en caso de golpe frontal. Por eso cuando dan estadísticas dicen sólo la parte que les conviene: “el 35% de los muertos no llevaba puesto el cinturón”.

En vez de la verdadera verdad: el 65% sí lo llevaba puesto (pero no les sirvió de nada). Era muy importante acostumbrarnos a obedecer. Han dado el salto sin red “por nuestra seguridad”.
Las normas impuestas progresivamente no han culminado. Pero han apretado tuercas. El  “sistema de llamada de emergencia e-call”, nos permite desde ahora avisar del accidente. Si el accidente permite llevar el dedo hasta el botón. Eso lo darán por entendido. Pero, como por ahora no han cambiado las pobres normas de protección de datos, al menos podremos exigir el borrado de los nuestros. ¿Para qué dar ideas? Reformar la Ley de Protección de Datos será lo próximo. Por nuestra seguridad. Naturalmente.

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