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Viernes, 20/04/2018

Palabras en Libertad

El año viene con encuestas

El PP se desangra por la vía abierta por Ciudadanos. El PSOE ni está ni se le espera

El año viene con encuestas. Las últimas publicadas señalan un posible empate técnico entre tres fuerzas: PP, PSOE y Ciudadanos. El partido naranja cosecha con el tirón catalán el mayor crecimiento en intención de voto de su historia. Podemos, sumido en su tedioso vaivén, desaparece como alternativa y vuelve a donde Pablo Iglesias quiso colocarlo a base de cal viva: al tope electoral marcado por Anguita. Ahí se acaba el sueño transversal, de la hegemonía, la casta y el arriba y abajo, tras colocarse como parlamentarios de puño en alto en el hemiciclo, sectarios en sus propias filas, exterminadores con la disidencia y folclóricos en el debate nacional: inexpertos en la tramitación parlamentaria, ignorantes de la política como servicio público, incapaces de crear un proyecto para el bien común una vez sentados en el escaño.

El PP se desangra por la vía abierta por Ciudadanos. El fracaso de Cataluña minimizado como si fuera una anécdota sin interés, probablemente ha dado el golpe gracia – en diferido – al partido de la derecha española desde 1982. La caída por el abismo empezó con la corrupción y el mal gobierno – valga para afirmar esto el ‘gabinete de crisis’ de tráfico, cómodamente vacacionando en Sevilla, donde parece estar el ministerio del Interior virtual de Zoido, mientras los despachos de trabajo permanecen vacíos, las carreteras nevadas y los españoles abandonados a su suerte -, pero la indiferencia a la hora de hacer política, la pasividad como norma, han dejado en evidencia el agotamiento de lo que los jueces han llamado organización criminal.

El PSOE ni está ni se le espera. Ganó Sánchez con entusiasmo en las bases y se puso al frente de la izquierda verdadera, pero al poco tiempo sucumbió a la realidad: la fantasía de la Internacional y el puño en alto como respuesta a todo solo vale para la parroquia, no para la sociedad. No hubo consulta a las bases en su desplazamiento hacia la órbita del PP, al mismo tiempo que gravitaban en torno al independentismo haciendo suyas las 45 tesis de Mas, el deseo de indulto a los sediciosos y el firme rechazo a Ciudadanos. Resultado: se quedó sin su base social y electoral. A la porra todo.

Y Ciudadanos empieza a convertirse en el movimiento político del Siglo XXI en esta España zaherida por la política tradicional y la estupidez, así en el estado como en las autonomías; Ciudadanos se sitúa lejos de esa idea de la derecha amarrada con gusto al lastre del franquismo, y se ubica al margen de la idea de política inercial y corrupción a partes iguales que tanto define al PP. La absurda idea de que el PP es la única alternativa al PSOE – y viceversa – se desvanece en el despacho de Rivera y en las empresas de demoscopia. Puede que el año que comienza establezca un nuevo mapa electoral en el que el sorpasso se lo dé Ciudadanos, a lo Macron, a todo el arco parlamentario. Tendrá mucho que ver con la inercia, la incompetencia y, sobre todo, la estupidez y folclore de sus adversarios.

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