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Viernes, 25/09/2020

Notas de un lector

La isla del poeta

La obra de Jordi Sierra i Fabra continúa creciendo de forma imparable, a ritmo de éxitos e incesante creación. Con más de nueve millones de libros vendidos en España, y un reconocimiento que ha superado nuestras fronteras, su febril actividad le ha llevado a crear dos años atrás la “Fundación Taller de Letras Jordi Sierra i Fabra” en Medellín, Colombia y a impulsar tareas y aspectos relacionados con su particular devoción: el mundo de las letras infantiles y juveniles.


Ve ahora la luz, “La isla del poeta” (Siruela. Madrid, 2009), una sugestiva novela que narra la historia de Isa, una joven de diecinueve años, que guarda en su interior un íntimo deseo: conocer al poeta cuyos libros salvaron su vida cuando luchaba contra la muerte cuatro años atrás.
El día antes de una complicada operación, Isa, descubrió los versos de Isaac Estruch, un vate ampliamente reconocido, que tras publicar su tercer poemario, decidió retirarse a una pequeña isla caribeña y vivir al margen de la fama y del incómodo universo literario que empezaba a circundarle. Llevada por su perseverancia y su admiración, Isa, emprende en solitario su excursión y consigue llegar a aquel recóndito lugar -cercano a Cartagena de Indias-, donde Isaac Estruch vive casi como un ermitaño, esclavo de un carácter irascible y abrazado a su voluntaria soledad.

Con estos mimbres, el autor catalán, teje una sólida historia donde surgen el coraje de una joven por conocer a su “ídolo”, agradecerle su milagrosa recuperación y emular su poderosa fuerza lírica, el ostracismo de un escritor que renunció a todo por un desengaño -¿literario?, ¿amoroso?-, y una velada crítica a la vacuidad del éxito…Pero sobre todo, “La isla del poeta”, es un canto de amor a la poesía y a su verdadera esencia.

Tras la negativa del protagonista a intercambiar cualquier palabra con Isa -molesto por haberle encontrado y creer que se trata de una periodista con deseos de una exclusiva-, Isaac Estruch comienza a tornar su actitud agresiva -y, en ocasiones, desagradable- en solícita comprensión. La sinceridad de Isa, su tenaz intención de hacerle saber, que no fue la poesía, sino sus poemas los que la impulsaron a sobrevivir, llega a desarmarlo hasta el punto de ofrecerle su casa para pasar la noche y acceder a mantener una conversación sobre los misterios y los secretos de la creación poética. “Serás poeta cuando consigas meter el mundo entero en dos o tres líneas”, le aconseja Estruch. Y para Isa, tal revelación se convertirá en una búsqueda real e imaginaria de lo que serán sus versos presentes y futuros, de lo que su maestro significa y significará en sus días venideros.

Con la satisfacción de haber cumplido su sueño -y de haber traspasado la durísima coraza de “su poeta” hasta rozar su benévolo corazón-, Isa emprenderá el regreso con un haiku en sus labios: “Sonará triste/ el último latido/ al despedirnos”.

Libro, en suma, con una temática muy bien trenzada y resuelto con una pluma ágil y cómplice, que sumirá al lector en una cálida marea de líricos y encontrados sentimientos.

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