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Domingo, 16/12/2018

Notas de un lector

Vladímir Vysotski, humana poesía

Con su acostumbrado esmero, la editorial orensana Linteo, nos hace entrega de una importante muestra de la poesía de Vladímir Vysotski (Moscú, 1938 - 1980)

Con su acostumbrado esmero, la editorial orensana Linteo, nos hace entrega de una importante muestra de la poesía de Vladímir Vysotski (Moscú, 1938 - 1980), que, bajo el título de “Zona desmilitarizada”, recoge 42 poemas humanos de un imprescindible de las letras rusas.
Tres décadas después de su muerte, Vysotski sigue siendo un personaje legendario en su país. Así nos lo hace saber OlegShatrov, quien además de verter al castellano esta antología, da cuenta en su prefacio de las andanzas de este poeta, cantautor y actor.

     En 1953, tras asistir al entierro de Stalin, compone Vysotski su primer poema, “Mi juramento”. Ocho años más tarde, llegaría su bautismo musical, con “El tatuaje”, la primera de un sinfín de canciones que aún hoy tararean muchos de sus compatriotas. La difusión de su obra se hizo a golpe de escenario, actuación tras actuación, pues sus composiciones no tuvieron la ventaja de poder grabarse en disco. Sin embargo, la valentía con la que afrontó sus temas -ansias de libertad, críticas veladas contra el poder…-, su personal estilo lírico -rimas, hipérboles…- y su defensa de los más necesitados -sobre todo, el mundo de los gitanos rusos-, le granjearon el afecto y el respeto del público. Claro que, no siempre fue fácil sortear la cerril censura de entonces. En 1968, acosado por las autoridades y tras componer “Batida de lobos” (“¡Empieza la persecución y la batida/ caza de lobos grises, viejos y cachorros!/ Vocean los monteros, los perros ladran y vomitan;/ banderolas rojas, nieve blanca, sangre a chorros”) se convierte en disidente.

La década de los 70 será un constante ir y venir -Italia, Canadá, Estados Unidos, Tahití…-, y una eficaz manera de difundir y afianzar sus ideales fuera de la patria. Pero su exilio no fue definitivo, pues como bien apunta el propio OlegShatrov,  “el país lo necesita, él necesita a su país”, y hasta él regresa, e incluso hasta Siberia se desplazará para cantarle en directo a los mineros.

     El 25 de julio de 1980, moría en su casa de Moscú. Su entierro, fue una multitudinaria despedida con la que sus devotos quisieron  rendir homenaje a un artista -ya por entonces- mítico.
En estos poemas, se halla la esencia de un creador vitalista, fervoroso en la defensa de sus creencias, y que supo alzar la voz para luchar contra un régimen dictatorial. Su legado sigue vigente y, ahora, el lector español, tiene ocasión de acercarse a su decir punzante, torrencial, solidario.

OlegShatrov ha optado por una traducción rimada -con lo que dicha opción tiene de arriesgada- y ha querido, así, aproximarse lo más posible al sarcasmo, la ironía y la ácida crítica que presidieron las letras musicales de Vysotski.“Todos dicen que me falta ingenio./ No soy el hombre del siglo. Lo acepto./ De cálculos integrales no entiendo:/ no los alcanza mi intelecto”, reza uno de sus textos de principios de los 60. Mas el tiempo demostró que ese intelecto era mucho más agudo, mucho más despierto de lo que él mismo considerase.

     Humana poesía, sí, la que brota de este poeta de rotundos principios: “No me gusto cuando tengo miedo,/ la agresión al débil no la soportaría./ Que hurguen en mi alma no lo admito,/ que alguien le escupa, menos todavía”.

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