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Domingo, 17/11/2019

Notas de un lector

Imaginando la realidad

La historia nos relata las transformaciones de una familia a través de los ojos de su joven protagonista, una chica de catorce años, atemorizada por el compromiso nupcial impuesto por sus padres

En ese afán de publicar “lo más valioso de la literatura clásica y moderna” -seña de identidad que llevó al sello Impedimenta a alcanzar el Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural-, llega a las librerías “El país imaginado”, la última novela de Eduardo Berti (Buenos Aires, 1964).
Con esta entrega, el autor argentino obtuvo en fallo unánime el Premio Emecé en 2011, y el Premio Las Américas en 2012. Traductor, periodista cultural y guionista, Berti cuenta con una impecable trayectoria literaria que comenzó en 1994 con la publicación de su primer libro de cuentos, "Los pájaros”; a éste, le  siguieron las novelas, "Agua" (1997), "La mujer de Wakefield" (1999) “La vida imposible" y "Todos los Funes”.

     A tono con la versatilidad de registros y escenarios que despuntan en su narrativa, el escritor ha ubicado la historia de “El país imaginado” en la China de principios del siglo XX, en los años previos al conflicto bélico con Japón y dentro del marco de la Segunda Guerra Mundial, donde sobreviven un puñado de arraigadas tradiciones que poco después entrarán en crisis por la revolución maoísta.
La historia nos relata las transformaciones de una familia a través de los ojos de su joven protagonista, una chica de catorce años, atemorizada por el compromiso nupcial impuesto por sus padres, que entablará una relación de amistad y dependencia con la bella Xiaomei, la hija de un vendedor de pájaros que se tornará decisiva en el desenlace de la novela.

     La belleza de la prosa, la sensualidad narrativa y la intensidad del estilo empleado en la escritura, son sólo algunas de las virtudes de este brillante y conmovedor relato, que se mueve entre el encanto de la voz delicada y conmovedora de su narradora, y el descubrimiento de un mundo casi soñado y tan enigmático como el “nushu”, ese idioma que utilizaban las mujeres chinas en la antigüedad: un código que consistía en enviar mensajes ocultos a través del bordado en tela, ya que a ellas les estaba prohibido escribir. “Decir que El país imaginado es un cuento de fantasmas     -afirma Alberto Manguel en la introducción al libro-, es reducir esta obra prodigiosa a una cuestión de género, a menos de colocar en su categoría Otra vuelta de tuerca y Pedro Páramo”.
Y, efectivamente, hallaremos aquí fantasmas, como la abuela, eje emocional y mental de toda la familia, que agoniza al principio del libro, cuyo último aliento no disminuye su presencia, sino que al igual que el protagonista del árido pueblo mexicano de Rulfo va creciendo  hasta ocupar todo el espacio de la novela.
Muestra Berti su destreza para dibujar peripecias pequeñas y grandes, resultado de una inventiva fecunda que nos habla de espectros, ensueños, bodas entre vivos y muertos, supersticiones y ritos ancestrales, pero también del amor o el descubrimiento del mismo, así como de la lealtad y el impulso rebelde necesarios para hacer frente a un horizonte atravesado por toda una cultura de sujeción filial y rígida obediencia.     

“El mundo está mal hecho”, dirá la joven heroína al final de la novela. Pero al menos, seguirá albergando bellas historias como la de “El país imaginado”, una elegante fábula acerca de la memoria y las oportunidades perdidas, y un motivo de alegría para cuantos reivindicamos la fe en la literatura.

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Pira de incienso
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