Actualizado: 10:08 CET
Jueves, 24/09/2020
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Bosnia sigue atrapada en divisiones sectarias 20 años tras la paz de Dayton

El 21 de noviembre, fecha de la firma del acuerdo que puso fin a la más sangrienta de las guerras en la antigua Yugoslavia, no es siquiera una fiesta estatal en un país tan dividido que no puede acordar una ley sobre días festivos

El acuerdo de paz de Dayton (EEUU) -hace 20 años- puso fin a la guerra en Bosnia-Herzgovina, en la que murieron unas 100.000 personas entre 1992 y 1995, pero no ha servido para acabar con las divisiones que envenenan la convivencia entre sus tres pueblos mayoritarios: serbios, croatas y bosnio-musulmanes.

El 21 de noviembre, fecha de la firma del acuerdo que puso fin a la más sangrienta de las guerras en la antigua Yugoslavia, no es siquiera una fiesta estatal en un país tan dividido que no puede acordar una ley sobre días festivos.

El tratado fue rubricado en la base de la fuerza aérea estadounidense Wright-Patterson en las afueras de Dayton, en el Estado norteamericano de Ohio.

Veinte años después, Bosnia parece a primera vista un país tranquilo y normal. Un turista no se da cuenta de que muchos desplazados no han podido volver a sus hogares y que el país sigue tan dividido como siempre.

De hecho, Dayton nunca ha dejado de ser objeto de tensión política, con discusiones de si hay que preservar el acuerdo y su mayor legado, un "sudoku" administrativo enormemente complejo y descentralizado que frena el poder de las débiles instituciones centrales, o modificarlo porque es una "camisa de fuerza" que impide al país avanzar.

Los protagonistas -todos ya fallecidos- que llevaron a los acuerdos fueron el entonces líder de los bosnio-musulmanes, Alija Izetbegovic, los presidentes de Serbia, Slobodan Milosevic, y de Croacia, Franjo Tudjman, siempre bajo la mediación del diplomático estadounidense Richard Holbrooke.


Kresimir Zubak, antiguo líder de los bosnio-croatas, no firmó el acuerdo y hasta hoy tiene sus dudas acerca de Dayton

"No me gusta hablar de Dayton. Me hace sentir mal. El acuerdo detuvo la guerra, es cierto, pero creó muchos problemas", asegura Zubak en declaraciones a Efe en Sarajevo.

Los acuerdos incluían un anexo llamado "Constitución de Bosnia-Herzegovina", que definió un Estado de competencias imprecisas, con dos entidades extraordinariamente autónomas, un distrito especial y tres pueblos constitutivos, los bosnio-croatas, serbo-bosnios y bosnio-musulmanes.

Las dos entidades son la Federación musulmana-croata bosnia, que tiene el 51 por ciento del territorio, y la República Serbia de Bosnia, con un 49 por ciento.

La presidencia tripartita esta formada por un miembro de cada uno de esos pueblos, que rotan cada ocho meses, lo que dificulta la toma de decisiones en este país de 3,8 millones de habitantes.

El complicado sistema político consiste también en un gobierno estatal de Bosnia, los ejecutivos de las dos entidades y el de los diez cantones en que se divide la Federación, así como 13 parlamentos y otras instituciones en cada nivel administrativo.

Los acuerdos, que incluían el envío de 60.000 soldados de la OTAN al país para garantizar su estabilidad, se pactaron con la presión de detener la guerra más sangrienta en Europa después de la II Guerra Mundial.

Pero al mismo tiempo se congelaron las divisiones y convirtió a Bosnia en un Estado disfuncional, económicamente al borde de la bancarrota, con un desempleo superior al 40 por ciento y un salario medio que no llega a los 500 euros mensuales.

El sistema permite a una minoría política bloquear por completo al Estado central y es discriminatorio con los ciudadanos que no pertenecen a uno de los tres pueblos constitutivos, un aspecto que Estados Unidos y la Unión Europea exigen enmendar.

El judío bosnio Jakob Finci espera desde hace años que se modifique la legislación que permite solo a serbios, croatas y bosnio-musulmanes a ocupar la presidencia del país.

"Sería sencillo corregir eso desde el punto de vista jurídico, pero no hay voluntad política", asegura Finci.

Junto con el gitano bosnio Dervo Sejdic, denunció a Bosnia ante el Tribunal Europeo de los Derechos Humanos y, pese a ganar el pleito en 2009, la sentencia sigue sin aplicarse.

Sejdic y Finci son símbolos de un sistema político y judicial, atrapados en una inmovilidad absoluta por el choque de dos conceptos antagónicos.

Por una parte, las ambiciones separatistas de los serbo-bosnios, cuyo líder, Milorad Dodik, ha amenazado con celebrar un referéndum y que se sienten cómodos con la amplísima autonomía actual.

Por el otro, la idea de una bosnia unida, con un poder central fuerte y que cuenta con el apoyo de los bosnio-musulmanes, que suponen el 45 por ciento de la población del país.

Dayton solo se hizo posible después de que en agosto de 1995 el ejército croata derrotara a la autodenominada "República Serbia de Krajina", en Croacia, y junto al Ejército de Bosnia hicieran recular a las fuerzas serbo-bosnias.

El autoritarios líder serbio, Slobodan Milosevic, al ver debilitada su posición militar, aceptó finalmente negociar.

Para los musulmanes y la mayoría de los croatas, la República Serbia de Bosnia es fruto del genocidio y la limpieza étnica.

Para ellos significa una victoria política de los principales secuaces de Milosevic, el líder político serbo-bosnio, Radovan Karadzic, y su comandante militar, Ratko Maldic.

Ambos están siendo juzgados por el Tribunal penal internacional de crímenes de guerra en la ex Yugoslavia (TPIY) en La Haya, mientras que Milosevic murió en 2006, antes de ser juzgado

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