De Jerez a Cepeda, de la ciudad a la Sierra

Publicado: 17/06/2012
Germán, Nuria y Álvaro abandonan la ciudad para montar un bazar en la Sierra salmantina
Del Sur al Norte. De las ruedas de prensa a un bazar, de una ciudad de doscientos mil habitantes a un pueblo de cuatrocientos.

En las interminables tardes de cosquilleo informativo, de impertinente repiqueteo del teléfono, de mensaje inesperado, de preocupaciones y risas, de confidencias y primicias en la redacción de un periódico, Germán Fonteseca soñaba despierto con una vida nueva, con una día a día lejos de la vorágine de la profesión periodística, con un amanecer en la naturaleza, con un pequeño negocio que les diese de comer a él y a los suyos. 
Y los sueños, aunque sean radiados en directo al compañero, al amigo, a veces se convierten en realidad porque las circunstancias cotidianas se dan de tal manera que los hacen posibles. Una situación laboral que se precipita, un acuerdo, un apretón de manos y un adiós al trasiego de las ruedas de prensa, de los contactos profesionales, de las premuras por cerrar páginas y un hola a páginas de redes sociales que hablan de repoblar pueblos, de emprender nuevos caminos.  Pero antes, Germán tenía el convencimiento de que “el autoempleo era la salida  y eso  nos llevó a Nuria. mi mujer , y a mí,  a buscar el tipo de actividad comercial que pudiese ser rentable en una situación de crisis como la actual. Y, tras ir viendo posibilidades,  decidimos que un comercio de alimentación, esos que llaman de  proximidad, era lo más conveniente. Y en esa idea trabajamos durante algo más de un año aquí en Jerez, pero al final no fructificó nada”.
Aunque eso no le hizo desfallecer en su intento y “seguimos buscando, ya fuera de Jerez.  Yo, que había visitado meses antes algunas localidades de la Sierra de Albarracín (Teruel)... seguí en el intento, por internet, de dar con el sitio. La Sierra de Francia y la provincia de Soria se repetían con frecuencia en las  alertas de negocio de Abraza la Tierra. Por eso decidimos que en Semana Santa iríamos a ver la sierra salmantina -por proximidad física- y que en verano  iríamos a Albarracín, un lugar que yo ya conocía, de pasada, pero que ni Nuria, ni Álvaro, mi hijo pequeño,  habían visto más que por mis fotos.  Y como el destino parece que tiene preparada sorpresas que no alcanzamos a entender la más de las veces... casi cuando estábamos ideando a dónde  iríamos en Semana Santa, se cruzó en nuestro camino Cepeda de la Sierra, Anun Sánchez, Carmen María y Ángel Rendón. Se cruzaron en unas pocas horas los cuatro (Carmen María y Ángel son matrimonio) y tuvimos las cosas muy claras”.
   Tan claras que el Miércoles Santo se pusieron camino a Cepeda, cuatrocientos habitantes,  que “nos recibió con frío y una ligera llovizna. Ángel nos paseó por sus calles, nos llevó de fuente en fuente contándonos su historia, nos presentó a los primeros vecinos, descubrimos el tamaño de sus flores, reconocimos los primeros cerezos, tocamos las piedras de sus casas y nos empapamos de imágenes que, unas horas después, con los ojos cerrados esperando que el sueño venciera a la consciencia, se repetían una y otra vez, impidiendo su llegada. Se mostraban tan vívidas, tan fantásticas, tan irreales... que tardamos mucho en rendirnos a la inconsciencia, víctimas de nuestra excitación”. 
Lo tenían claro Germán, Nuria y Álvaro, que Germán junior ya está emancipado: vivirían en Cepeda, pero de qué. “Hay que buscar financiación y luego vimos lo que había en el pueblo y no podíamos ser competencia, así que decidimos  montar un bazar en el que ofrecer un poco de todo, menos alimentación”. Y, a partir de ahí, la casa, el local, de lo que se encargaron Anun y Ángel, y el día 1 de julio que Germán, Nuria y Álvaro serán nuevos pobladores de Cepeda de la Sierra. Una nueva vida.
 

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