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Actualizado: 16:33 CET
Miercoles, 19/09/2018

Me queda la palabra

Im-pre-sen-ta-bles

Hoy lo normal es agachar la cerviz y tragarnos todo lo que nos echen.

Vendría a cuento recordar cuantas frases famosas se han dicho sobre como el capital, las grandes empresas, los poderes económicos, vamos los ricos de toda la vida, nos han ganado por abandono a las clases populares: esto es la mejor prueba de ello. Hoy lo normal es agachar la cerviz y tragarnos todo lo que nos echen. Bien es sabido que ninguno de nosotros tiene la culpa; esa es de los sindicatos de los partidos políticos, de la emigración, de Catalunya, etc, etc. Cualquier cosa menos reconocer la verdad de que la responsabilidad de la situación recae en quienes no tienen dignidad, ni decencia para defender lo de todos, que también es lo suyo. El capital quiere rebaños y eso es lo que somos. No movemos un dedo y siempre tenemos justificación: que si la gente que lucha está manejada, que si tienen unas condiciones de trabajo privilegiadas, que si cuando a no sé a quién le hizo falta ellos y ellas no estaban. En el fondo, el pecado capital de España, la envidia, es el denominador común de todas estas argucias, porque llamarle argumentos sería insultar al diccionario. No reivindicamos que queremos tener esas condiciones de trabajo que tienen los demás, preferimos que se las quiten a ellos, porque no tenemos suficientes arrestos para luchar por mejorar las nuestras. Nos parece mejor llorar miseria a base de humillarse y hacer la pelota al cacique o a su perro. Así nos va. En el caso de la Base la doble moral de la gente de Rota, que no permite que nadie diga nada en contra de ella, pero a la misma persona se le llena la boca de bilis porque quienes trabajan en la base tienen mejores sueldos, mejores condiciones y más seguridad ¿En qué quedamos? Lo de siempre: Pura envidia. No hay más que ver el odio que rezuman montones de comentarios en cualquier foro donde el anonimato ampare a la cobardía, el odio, la mentira, la envidia y la rabia. El refranero español es sabio y si eso de “Hoy por ti, mañana por mi” es uno de los más hermosos ejemplos, aquí se podrían aplicar otros como: “No hay peor sordo que el que no quiere oír”, “Arrieros somos...”, “Cuando las barbas de tu vecino veas pelar pon las tuyas a remojar”, “A todo cerdo le llega su sanmartín”, “Si la envidia fuera tiña, cuántos tiñosos habría”. Pero, incluso para esta camada de im-pre-sen-ta-bles, habrá quienes seguiremos saliendo a defender sus derechos cuando se los pisoteen, como algunos de los compañeros del aeropuerto que apoyaron a la gente del Hotel. Ese es el camino y no la bajeza y la ruindad. No todos somos iguales.

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