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Martes, 17/07/2018

Me queda la palabra

Amor Prohibido: (María Rozalén + Felipe Benítez)

Para mí “Amor Prohibido” de María Rozalén, escrita por Felipe Benítez, es una de las más bellas canciones escritas en castellano.

Cuando Lola, mi compañera, mi amiga, mi señora, mi mujer, me invitó a escuchar esta canción ni tan siquiera imaginaba que iba a descubrir algo tan exquisito, tan delicioso, tan bello. Ella suele recomendarme pocas piezas musicales, pues sabe que soy un abducido por la música y a quiene padecemos estos raptos es difícil sorprendernos. Tampoco, culpa de mi desconocimiento, Rozalén significaba nada más que el nombre de una cantante muy bien valorada sobre quien nunca había mostrado interés alguno. Si algo me llevó a prestar atención fue saber que la letra pertenecía a la pluma de Felipe Benítez Reyes.
De Felipe se pueden decir y se dicen muchas cosas; de las que me llegan a mí, que si utiliza un lenguaje muy difícil, que si sus novelas son complejas… Evidentemente entre los citados no me encuadro; en Rota hay quienes escriben de manera muy brillante (no daré nombres para evitar suspicacias) y quienes por mucha fama y nombre que tengan no aportan nada en absoluto (tampoco aquí citaré aunque habrá enseguida quien se nos venga a la memoria)
Yo, como muchísimas personas más, considero que Felipe Benítez es un gran escritor y que tanto sus obras, como los reconocimientos recibidos así lo acreditan. Confieso que he leído cinco novelas suyas, no recuerdo ninguna más. He disfrutado con ellas, en especial con “el Novio del Mundo” y más aún con “El Azar y Viceversa”. Para nada pienso que sean novelas ni difíciles  ni intrincadas y sí muy bien narradas, entretenidas e interesantes. No puedo valorar su poesía, solo he leído poemas sueltos, no soy muy versado en este campo.
Recuperando el hilo del primer párrafo el nombre de Felipe Benítez me predispuso a  abrir mis expectativas a la canción. Entonces fue el descubrimiento. Los primeros compases del tema, acompañando la irrupción de una voz que encaja perfectamente y que acaricia las palabras, van desgranando una bellísima melodía con una letra increíble que nos habla de un amor fresco e intenso, apasionado y libre, adornando el desarrollo del tema con unas imágenes intensísimas, “paraísos sin serpientes”, “como solo puede verse un espejismo dentro del corazón”, “no existen frutas prohibidas sino bocas que se cierran”, brillando la sucesión de contrastes de opuestos que desgrana “cara y cruz”, “cielo y suelo”, “posible y quimera”, “pureza y pecado”, “secreto y contado”, “premio y castigo”, “inocencia y penitencia”... coronado por una estrofa, la única que se repite, que define la canción en un breve resumen “Dos solitarios dándole al mundo su sin razón de ser”. La música, más que integrada, hermanada con la poesía, rompe la dulce suavidad de la monotonía de la balada con unos “crescendos” impactantes , coincidiendo con la intensidad de la voz y del mensaje.
De Rozalén, todo lo que desconocía se diluyó tras este primer impacto. No tardé en asomarme a su discografía, fresca, alegre, sencilla, humana y adictiva; un soplo de buen hacer con toda la humildad de quien sabe lo que se trae entre manos sin darse importancia. Ha sido como un flechazo, como mi llegada a la mayoría de mis mitos. Como la magia aparece cuando menos se espera, este miércoles 27 de septiembre, se nos ha aparecido como uno de esos días que recuerdas porque el destino te hace estar donde no soñabas.  Hoy firmaba  Rozalén en un centro comercial de Jerez su último trabajo, “Cuando el río suena”, en el que se incluye “Amor Prohibido”. Lo supimos casualmente cuando llegamos, teníamos absoluto desconocimiento del evento, y ha merecido la pena. Hemos tenido la entrañable experiencia de charlar unos  breves minutos con ella y toda la aureola que se puede crear cuando alguien te impacta por el valor de su trabajo, en su caso se magnifica en las distancias cortas, enorme en la cercanía, en la sencillez, en esa fuerza dulce que contagia, en esa capacidad de asomar una grandeza que enamora.
¿Para qué contar más? Recomendaos que la escuchéis, seguro que habrá bastantes que lo agradezcan. Si Antonio Piera, mi amigo del alma, se quedó en “Nosotros”, uno de sus últimos artículos, con “Nos ocupamos del mar” como la más bella canción escrita en castellano, yo me quedo con “Libre te quiero”, que escribió Agustín García Calvo y Amancio Prada encumbró con una  preciosa versión, y con “Amor Prohibido” de María Rozalén, escrita por Felipe Benítez.

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