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Viernes, 20/09/2019

Me queda la palabra

Catalunya Vs. España

No estaba bastante enrarecido el ambiente respecto del llamado caso catalán que han tenido que aparecer dos grupos de iluminados a remover más las turbias aguas que imposibilitan ver el fondo de una posible solución al tema.

El problema del referéndum por el Derecho a Decidir en Cataluña continúa siendo primera página de forma recurrente desde hace bastantes meses. De largo nos viene un grave problema que no se ha sabido resolver en los tres siglos que existe España como país.
Sepan quienes se llevan las manos a la cabeza acerca de la negación de nuestra patria tradición milenaria, que hasta entonces lo que ahora conocemos como España, no había sido un estado unitario y fue entonces con el primero de los Borbones, Felipe V, que todos los títulos que acompañaban de la casa de Austria, dieron paso al de Reino de España, hecho que hasta entonces no era más que el derecho dinástico sobre todos los territorios que mediante nupcias, conquistas o guerras, con sus correspondientes bulas o tratados de paz, iban acumulando los miembros principales de la casa de Habsburgo. También habrá que decir que los antecesores del primero de ellos recibieron el erróneo honor de ser considerados los primeros reyes de España.
Es, como ya se anunciaba en el párrafo anterior, hace tres siglos que los dos territorios históricamente más díscolos, que su integración a España, Catalunya y Euskalherría, marcaron por entonces el germen de su distanciamiento.  Si bien los Territorios Vascos, al haber tomado partido por el ganador, Felipe V, recibieron a cambio sus fueros, expresión de su identidad diferenciadora del resto, como premio a su apoyo, hecho que nunca supuso mayor incomodidad al resto del país.
Mientras el apoyo de Cataluña al derrotado Archiduque Carlos, sin tener que venir a extendernos con más detalles, produjo la famosa caída de Barcelona a manos del ejército borbónico, que trajo consigo la abolición de las instituciones catalanas, que enconaría desde entonces los ánimos, siendo hoy en día ésta la fecha elegida como la “Diada”, el Día de Cataluña, que explica lo poco que se ha avanzado en el tema.
Si este fue el momento inicial de una concienciación catalanista a nivel popular, no da la impresión que en los dos siglos siguientes avanzara mucho la posible salida al problema. Es ya a principios del siglo XX que los nacionalismos en España, sobre todo el catalán, recuperan su fuerza inicial. Lógicamente tras la caída de la república el nacionalismo queda oculto en gran medida hasta la restauración democrática.
Es sabido que de la modélica transición, tan glorificada y tan sobrevalorada, era la ocasión para “desfacer tal entuerto”. Si la Transición fue el momento ideal para definir las características singulares de las Comunidades Históricas, el obtuso empeño del “café para todos” no pudo satisfacer el afán diferenciador de las Comunidades del art. 151. Si todas las regiones pudieron convertirse en comunidades autónomas no era de extrañar que las otras no se sintieran cómodas con la situación.
A todas luces la postura de estas últimas puede aparecer como egoísta, pero que se obligara al resto, donde no existía apenas sentimiento identitario propio como ente autonómico, fue un disparate que desvirtuaba el aliciente del reconocimiento como pueblo a los primeros.
El descontento catalán, antes o después, aparecería. Mucho más cuando por mor de sus intereses y sirviendo al común, se prestaban a colaborar con unos u otros para sujetar gobiernos minoritarios y como consecuencia de ello arreciaban las críticas oportunistas, en especial al nacionalismo catalán.
Quizá durante el gobierno de Zapatero estuvimos a punto de llegar a un acuerdo con la aprobación del Estatuto, pero la decisión del Tribunal Constitucional de dar al traste con la innovadora ley catalana, rompió todos los puentes que se habían tendido con tanto esfuerzo.
A día de hoy, con la radicalización posterior del nacionalismo catalán, con la frustración por la medida y la falta de voluntad negociadora del gobierno, y la del nacionalismo español el tema parece estar más candente que nunca y la solución pactada se escapa de cualquier planteamiento. Solo la Tercera Vía, que pasa por una revisión federalista de la Constitución, como defiende el PSOE, aboga por un postura ecléctica, que trata de conjugar tan enfrentadas posturas. Pero hoy en día el partido socialista carece de predicamento suficiente para convencer al resto con su idea.
Y ahora, al albur de tan extrema situación, hay quienes pretenden adquirir protagonismo para salir en la foto. No estaba bastante enrarecido el ambiente respecto del llamado caso catalán que han tenido que aparecer dos grupos de iluminados a remover más las turbias aguas que imposibilitan ver el fondo de una posible solución al tema.
Del grupo de Nicolás Sartorius, Ángel Gabilondo, José Luis Cuerda y otros, aunque sigan la línea federalista del PSOE, no se les puede negar la buena voluntad, pues en su manifiesto se observa una clara vocación por promover el entendimiento.
En cambio del otro, el que se autodenomina como “libres e independientes”, políticamente mucho más variopinto por el rebujo ideológico que supone juntar en el mismo guiso gente como Mario Vargas Llosa, Albert Boadella, Joaquín Leguina, Ángeles Pedraza, Carlos Herrera, Nicolás Redondo Terreros (Hijo del histórico líder de UGT), José María Fidaldo (ex-líder de CCOO), José Luis Garci, Carlos Falcó (el ex-marido de Isabel Preisler), Ramón Arcusa (el del Dúo Dinámico), Adolfo Suárez Illana (el hijo del primer presidente de la democracia), sin olvidar a tres dinosaurios de la caverna como Federico Jiménez Losantos, Fernando Sánchez Dragó o Hermann Tertsch, como más conocidos, no tenemos motivo ninguno para fiarnos, ya que, incluso olvidándonos de los nombres, no hay más que leer su exigencia a Rajoy de que no dialogue para ver que  manifiesta el absoluto y aberrante sinsentido que demuestran quienes, en situación como esta, parece que lo único que pregonan es la confrontación con su postura intransigente. Sencillamente lamentable. ¡Éramos pocos y parió la abuela!

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