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Viernes 22/01/2021

Matrícula de deshonor

Política de guerra

En los últimos tiempos, la política se ha convertido casi de forma obsesiva en una lucha encarnizada para lograr el poder

Publicado: 26/10/2020 ·
12:03
· Actualizado: 26/10/2020 · 12:03
  • Política de guerra.
Autor

Federico Pérez

Federico Pérez vuelca su vida en luchar contra la drogadicción en la asociación Arrabales, editar libros a través de Pábilo y mil cosas

Matrícula de deshonor

Un cajón de sastre en el que hay cabida para todo, reflexiones sobre la sociedad, sobre los problemas de Huelva, sobre el carnaval...

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En los últimos tiempos, la política se ha convertido casi de forma obsesiva en una lucha encarnizada para lograr el poder, dejando claramente de manifiesto un único pensamiento y considerando a “los adversarios” enemigos a los que hundir en la más profunda de las miserias. Mandar a toda costa y asegurarse un futuro, aunque sea por poco tiempo, es el fin de este controvertido enfoque político, lleno de agresividad y hostilidad en un contexto en el que la sociedad y sus valiosos ciudadanos sólo tienen un sentido y valor claro: el voto.

Ante dicho panorama, las batallas políticas emergen sin escrúpulo, sin importar las consecuencias de dichos actos, utilizando a los propios ciudadanos como herramientas para lograr sumar escaños, manipulando y utilizando estrategias tan ruines como el propio despropósito que encierra. Atrás queda la democracia, ese estado de libertad política colectiva en el que los intereses deberían ser regidos por el bienestar común y no por intereses particulares y partidistas, con los que llenarse los bolsillos inundando los egos con talones en blanco.

Era de esperar que las guerras de partidos generaran esa crispación colectiva, que generaran ese odio manifiesto que observamos que parte de los propios líderes incitan y fomentan en cada discurso rancio y casi inquisidor hacia sus coetáneos. Ganar y vencer, derrotar al oponente y alzarse victorioso en un sistema podrido donde los intereses de la clase política se alejan excesivamente de las necesidades reales de los ciudadanos, que nos aferramos a promesas vacías e incumplidas y danzamos como coribantes al son que nos marcan, como adeptos y embriagados de ese poder ajeno del que poder recoger algunas migajas. Con este paisaje político y social era difícil afrontar adversidades como las que estamos viviendo, que a pesar de los meses que llevamos, sólo acaba de comenzar.

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