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Martes, 17/09/2019

Matrícula de deshonor

No queremos droga en el barrio

Los vecinos de Costa de la Luz, cansados del menudeo constante, se han armado de valor y han reivindicado sus derechos

Los vecinos de Costa de la Luz, cansados del menudeo constante, se han armado de valor y han reivindicado sus derechos a vivir en sus calles sin el miedo a las consecuencias que ocasionan los puntos de ventas de droga. Esta actitud valiente debería ser un referente para otros barrios de Huelva que pasan por situaciones mucho peores, y que da la sensación de ser un hecho al que no se le está prestando la atención suficiente, siendo un delito contra la salud pública cada vez más extendido. Los propios agentes de la autoridad están cansados de desarticular lugares de ventas y consumo de sustancias psicoactivas por todos los rincones, para que a los pocos días, dichos delincuentes vuelvan a las calles para reiniciar sus malos hábitos. Pero no sólo es la venta de sustancias prohibidas lo que preocupa a muchos ciudadanos. Estos puntos de venta conllevan muchos más problemas añadidos a dichos espacios: robos en las zonas colindantes, disputas constantes, destrozos de mobiliarios urbanos, suciedad e incluso prostitución en plena calle, siendo cada vez más fácil conseguir una dosis a pocos metros de cualquier vivienda. Nuestra sociedad está normalizando excesivamente este tipo de ventas, que empiezan a ser un problema social, del que todos somos conscientes, pero pocos se inmutan ante dichos hechos. En breve nos explotará de forma alarmante. Particularmente, y dada mi experiencia en este tema en particular, observo un incremento muy significativo en los puntos de ventas, que van mucho más allá de algún local, vivienda, kiosco, etc. La venta de droga está mucho más allá de lo que observamos a simple vista, aunque no ocasionen las situaciones de peligrosidad y miedo por las que protestan en Costa de la luz. Es hora de poner freno de forma más exigente a tanto aprovechado y sinvergüenza, que saca rédito económico de las miserias de muchas familias, que al final, son las que pagan las consecuencias y sufren los efectos del consumo, de la venta, y de los actos delictivos o incívicos que acarrean.

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