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Actualizado: 16:32 CET
Viernes, 22/06/2018

Matrícula de deshonor

Nuestro país es adicto

Todo barrio tiene al traficante de turno, conocido por todos, que abastece sin ningún tipo de pudor a los consumidores

Apesar de las continuas advertencias sanitarias y las prohibiciones legales, en España se siguen consumiendo sustancias nocivas, que van desde las aceptadas como el tabaco y el alcohol, hasta las más prohibidas, como la cocaína, los opiáceos o el THC. Nuestro país es un país adicto, estando a la cabeza de Europa en cuanto al consumo y al tráfico se refiere. Aún así, no podemos decir que falte información en nuestro país; los españoles conocemos bien las sustancias y sabemos las consecuencias que acarrean, las hemos vivido tanto, que hasta dejaron de ser noticia. Entonces, ¿cuál es el motivo de que se siga consumiendo de forma tan obsesiva? En general, las drogas siempre han estado asociadas al ocio y la diversión, que junto al poder, han sido los tres pilares fundamentales para esta negativa generalización, que se extendió con demasiada facilidad desde los años 80. Dichas sustancias adquirieron una confusa notoriedad en los artistas, que pecaban excesivamente de ellas, incluso para soportar las largas batallas de los continuos conciertos, sobre todo, por las propiedades que muchas poseen, obviando los síntomas destructivos y el incontrolado deseo de seguir atados éstas. En la actualidad, es tan alto el consumo en nuestro país, que casi todos conocemos a un amigo, familiar o compañero de trabajo que ha tenido alguna que otra problemática con las drogas, y aún así, los jóvenes siguen consumiendo a edades más tempranas. Pero lo que verdaderamente me preocupa, es la facilidad que existe en conseguirla. Todo barrio tiene al traficante de turno, conocido por todos, que abastece sin ningún tipo de pudor a los consumidores. Ya no sólo nos centramos en los barrios marginales, a los que se sigue acudiendo, sobre todo por ser más barata; ahora se instalan en nuestros propios bloques, calles y barrios, convirtiéndose en un doble problema para nuestra sociedad y, si no ponemos todos de nuestra parte, difícilmente minimizaremos su impacto en esta adicta sociedad.

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