Ha muerto un pintorazo

Publicado: 10/12/2019
Autor

Salvo Tierra

Salvo Tierra es profesor de la UMA donde imparte materias referidas al Medio Ambiente y la Ordenación Territorial

Escrito en el metro

Observaciones de la vida cotidiana en el metro, con la Naturaleza como referencia y su traslación a política, sociedad y economía

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Pero sobretodo valorarán a la gran persona indisoluble de un gran artista, gratificante en sus enormes reflexiones surgidas de enriquecedoras experiencias
Este era el deseo que Eugenio Chicano nos hizo para un día como hoy, que se escribiera una referencia con ese título. Nació un día de Navidad, de esos en que la alegría nos llega con el solsticio de invierno, ampliando la luz de cada día, como milagro del advenimiento de un redentor. En el caso de Eugenio para redimirnos a través de su pintura de la codicia insana, trasladando a pinceladas la humildad de su ser y estar, del rencor inútil, abriendo sus brazos a amigos de todo tipo y condición, olvidando y perdonando ingratitudes pasadas, de los malos momentos entonados en seguiriyas en los que la soledad se convierte en amiga creativa. Nos dejó en el día en que el Museo de El Prado, el parnaso de la pintura, cumplía su segundo centenario. A buen seguro que Velázquez y Goya lo han recibido con ese abrazo entre grandes maestros que supone el reconocimiento de grandes virtudes para trasladar al lienzo la historia de cada momento, sin trampantojos, propio como él decía de un pintorazo. Pero sobretodo valorarán a la gran persona indisoluble de un gran artista, gratificante en sus enormes reflexiones surgidas de enriquecedoras experiencias personales, abierto a las más intrépidas propuestas siempre con un sí como respuesta, con mirada crítica pero positiva ante el devenir incierto. Semana Santa, carnavales, feria, futbol, flamenco, toros, política o crítica social, se unían en el crisol de fundamentos para una pintura basada en claves personales que configuraban un universo personalista y único, fácil de entrada pero complejo en su esencia.

Fue en su apreciada Venta “El Tunel” de los Montes de Málaga cuando, tras desgranar la magia del arte en la más variada de sus manifestaciones,surgió una profunda conversación sobre la función del artista en la sociedad, su manera de trascender y la muerte, a la que temía menos que a la enfermedad.Encomendándose con fervor a su Zamarrilla hizo prometer a “Salvito” que en tal día como hoy debía escribir unas líneas con tan llamativo título. Lo prometido es deuda y junto a Enrique Salvo Rabasco escribimos esta humilde elegía por quien fue para todos siempre amigo y maestro.

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