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Lunes, 16/12/2019
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Málaga

De protectoras y desportegidos

Del lado de los que sienten. está dedicado a todas las protectoras y voluntarios de España, que se dejan la piel por ayudar a los desprotegidos

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  • Del lado de los que sienten. está dedicado a todas las protectoras y voluntarios de España, que se dejan la piel por ayudar a los desprotegidos

Hace unos días, la Sociedad Protectora de Animales y Plantas de Málaga, se hizo cargo de otro animal. Podríamos decir que es lo normal. Pero no debería serlo.

En primer lugar porque las protectoras no son recipientes o contendedores donde se echan, literalmente, los desechos orgánicos que ya no sirven.

Porque las protectoras tienen recursos económicos y humanos muy limitados, y en muchos casos, casi nulos, y que salen del esfuerzo exclusivo de particulares.

Porque las protectoras no deben ser la consecuencia de la falta de responsabilidad de las administraciones y de políticas públicas de protección animal.

Porque las protectoras se encuentran desbordadas pero tienen el corazón enorme.

Y cómo cerrar el corazón y las puertas ante éste desprotegido, consecuencia de una sociedad que carece de ética y moral, de principios, de valores, de empatía, de políticos y administraciones sin vergüenza, que financian y subvencionan el maltrato animal convertiéndolo en fiesta nacional, y que cada día permiten que en las perreras se practiquen asesinatos masivos de animales, que quieren vivir pero a los que se les niega, inmoralmente, el derecho a la vida.

Éste desprotegido, llegó mostrándonos sus costillas, a modo de mostrarnos la vergüenza de ser españoles.

Es un cachorro de galgo. Y no por casualidad.

Un galgo más, sin fuerzas para andar ni poder levantar su preciosa carita, ni mostrarnos sus ojos, quizás no quiso herir más nuestros sentimientos.

Un galgo que debería ser el emblema de éste país y al que venerar, respetar y darle una vida digna. Y ante el que deberíamos arrodillarnos y pedirle perdón.

Pero a los galgos, España, les pone los cuernos, conviertiéndolos en toros, para machacarlos en las plazas.

Y España les pone la cuerda, y los cuelga, y los usa y desusa a su antojo, y los dejan sin pan, y sin agua, sin sol ni libertad, y los convierte en seres desprotegidos dentro de un sistema carente de protección efectiva.

Y así llegó a la protectora, preguntándose el angelito, "¿qué me pasará ahora?"

Para tí, y por suerte, hay respuesta: te curarán tus penas, alimentarán tu alma, tus costillas serán para tí sólo, y te buscarán una buena casa.

Estarás protegido.

Por desgracia a otros miles de ellos, no podremos responderles.

La mayoría se dejan las costillas en el camino, pierden la vida en carreteras, campos, barrancos, y se quedan, acurrucados, esperando a la muerte en cualquier rincón de ésta verguenza de piel de toro, que sólo parece tener cabida, para los que ponen los cuernos o cabrones.

Rosario Monter es abogada animalista

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