Diario de un ex adolescente

Publicado: 30/06/2018 ·
¿Hablarán de cuestiones como la inmigración los adolescentes de hoy día o el único tema de su interés es hacerle la alineación a Hierro para este domingo?
Son algo más de las doce de la noche y un grupo de preadolescentes sigue dándole patadas a un balón junto a la ventana de la habitación donde pretendo escribir este artículo. El cuerpo me pide salir con el cuchillo de cocina y rajarles el esférico en toda su cara o decirles que se vayan a casa a darles pataditas a sus padres en los huevos, que no son horas. Pero, admitámoslo, soy un cobarde y ni voy a salir ni estoy dispuesto a que mañana se presente el padre de uno de ellos a sacarme de dudas acerca de su educación. En realidad, lo que me gustaría es salir a la calle a pegar balonazos con ellos, pero la adolescencia es uno de esos territorios imposibles de reconquistar por muy cercanos que lo tengamos al corazón.

Esta mañana, precisamente, alguien me recordabaTras el corazón verde, la película en la que descubrimos a Kathleen Turner porque entonces no teníamos edad, ni permiso, para ver Fuego en el cuerpo. Cuando aquella amargada escritora de novelas rosas terminaba por soltarse el pelo, decidida a disfrutar de una noche de fiesta y sudor, tuvimos claro que Joan Wilder permanecería ahí para siempre, también inconquistable y dispuesta a asaltarnos en cualquier momento el corazón; a traición, por supuesto.

Pero de aquellos años también conservamos momentos en sombras, y muchos tienen que ver con el terror y el horror que salpicaba los telediarios cada vez que ETA cometía un atentado. Entre ellos hay uno que permanece vivo, casi reciente, en la memoria; el que estuvo a punto de acabar con la vida de Irene Villa y de su madre, y que destrozó sus existencias hasta que descubrieron la posibilidad de renacer. Esta tarde he estado con Irene. Nos ha sorprendido que no quiera hablar ni opinar sobre las noticias en torno a los acercamientos de presos de ETA al País Vasco. Para ella la banda terrorista murió en 2011, el año que anunciaron que dejaban las armas, pero también el año en el que se cumplían dos décadas desde que se había convertido en víctima del terrorismo y el año en el que su caso quedaba prescrito por falta de pruebas contra los autores de la pretendida masacre. Veinte años en los que había luchado denodadamente contra la banda y tras los que consideró que había llegado el momento de ceder el testigo.

Respeto su decisión, de la misma forma que es admirable el ejemplo de superación que encarna hoy día para tantas personas, y por eso mismo nos compete a los demás mantener viva la historia de sufrimiento y dolor extendida por toda España por una panda de criminales durante tantas décadas para que nadie deforme y amolde ahora ese recuerdo de cara a quienes vienen detrás de nosotros y los confundan con la reinvención de los hechos. La Patria de Aramburu debería ser de lectura obligada en los institutos.

Acaba el día y toca hacer recuento del drama migratorio que se ha vuelto a vivir en aguas del Estrecho, así como de la respuesta humanitaria en nuestras costas y ciudades refugio, mientras cuesta reponerse de la sacudida por lo ocurrido frente a la costa de Libia, donde han aparecido los cadáveres de tres bebés y no hay noticias del centenar de personas que hacían travesía a bordo de un bote. La situación ha llegado a un punto que el Colegio de Periodistas de Andalucía ha convocado unas jornadas en Cádiz esta próxima semana para abordar un “fenómeno” que “tiene múltiples facetas, es fácil de manipular de cara a la opinión pública con fines políticos, y es complicado de manejar tanto por los medios de comunicación como por las organizaciones que trabajan en todos los aspectos relacionados con las personas inmigrantes”. En definitiva, un fenómeno que ha llegado para quedarse.

No sé si los mismos chavales que acaban de cansarse de tanto balón y han vuelto para sus casas, hablarán de estas cuestiones en algún momento del día o si el único tema de interés es hacerle la alineación a Hierro para este domingo.  Confío en que alguien les anime a lo primero. Solo serán adolescentes una vez en su vida y es mejor que lo aprovechen.

 

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