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Miercoles, 11/12/2019

La tribuna de Viva Sevilla

La noche de don Juan

La periodista y escritora trianera María José Vidal Castillo analiza el mito de don Juan y su vinculación con Sevilla.

Mucho antes de que la costumbre de tallar calabazas la víspera de Difuntos cruzara el Atlántico, Sevilla ya se llenaba de máscaras la noche de Todos los Santos, aunque éstas poco tenían que ver con los disfraces de Halloween y el importado “truco o trato”.

Y es que en esta ciudad que Tirso de Molina y José Zorrilla convirtieron en cuna del seductor más famoso de la literatura universal, don Juan Tenorio, es tradición representar su historia, que comienza en una noche de carnaval, precisamente en estas fechas en las que la frontera entre el mundo de los vivos  y el de los muertos se atenúa.

Los pecados de don Juan convierten a la capital hispalense en un gran escenario y los sevillanos respondemos a este honor recordándolos cada año en las calles y los teatros, y a veces también en otros pintorescos rincones como el cementerio de San Fernando o la taberna de la Plaza de los Venerables donde comienza la trama, la famosa Hostería del Laurel.

Si nos sentamos en una de sus mesas, es fácil imaginar la cita de don Juan con don Luis Mejía en esa noche festiva en la que se desencadena el drama, mientras los enmascarados recorren las calles del barrio de Santa Cruz.

Aguzando el oído, podemos incluso escuchar a escondidas su conversación, como hacen don Diego y don Gonzalo, para sorprendernos con las maldades de las que ambos presumen y, por supuesto, con su peculiar apuesta. Pero debemos tener cuidado, pues si lo hacemos corremos el riesgo de caer rendidos en los brazos de ese don Juan que, por donde quiera que fue la razón atropelló, la virtud escarneció y la justicia burló y de sentirnos tentados a conocer sus aventuras y desventuras.

Si es así, no tenemos más que acercarnos a disfrutar de alguna de las representaciones que recorren la ciudad y la provincia estos días. Personalmente, como trianera y antigua alumna de Los Padres Blancos, siento predilección por la puesta en escena de la Escuela de Teatro San José SSCC, que este año retoma su apuesta en el Teatro Los Remedios. Porque, ¿acaso hay un lugar más apropiado para sufrir con el engaño a doña Inés que en esta apartada orilla del Guadalquivir?

En Sevilla, en esta noche mágica no vaciamos calabazas para iluminar el camino que deben seguir las almas que se dirigen al purgatorio y en vez de al anglosajón Jack O’Lantern, que cuentan que engañó al mismo diablo, recordamos a nuestro don Juan, igual de vividor pero con un corazón capaz de amar. Nuestro héroe no necesita que ninguna brasa le guíe, pues su alma, aunque él se negó a salvarla, finalmente es redimida por el amor puro de doña Inés.

Aquí el naranja se desprende de las ramas de los árboles más famosos de la ciudad, los mismos que dotan de su peculiar olor a azahar a nuestras calles. Y no necesitamos más luz que la de esa luna que más pura brilla junto al río. Los sevillanos no tenemos que disfrazarnos ni pedir caramelos para disfrutar de esta fiesta en la que la muerte, por una vez, no da miedo. Porque nosotros tenemos nuestras propias tradiciones y personajes de leyenda.

Ningún Halloween podrá hacer sombra al amor de don Juan y doña Inés, a las ansias de venganza de don Luis Mejía, al honor burlado del comendador don Gonzalo de Ulloa, a la picaresca de Ciutti o a la vergüenza de don Diego ante los atrevimientos de su hijo. Porque en Sevilla los muertos de la víspera de Difuntos son sombras que escapan de las estatuas de mármol de una hacienda convertida en panteón para expiar los pecados de un truhan.

Son personajes que acuden a cenar retados por don Juan y que, a pesar de las afrentas, son capaces de perdonar. Y son héroes inmortales que, más allá de las tablas de un escenario, siempre recordaran al mundo que la medida de nuestro tiempo expirará algún día, pero que mientras quede un solo grano en el reloj de nuestras vidas aún estaremos a tiempo de salvarnos. ¿Y qué mejor lugar para hacerlo que en Sevilla?

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