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Lunes, 15/10/2018

La tribuna de Viva Sevilla

El reto del CSIC

Margarita Paneque Sosa, la nueva delegada institucional del CSIC en Andalucía, explica el reto que se le presenta en esta nueva etapa.

Hace unas semanas, la presidenta del CSIC, la primera mujer que, en la casi centenaria historia del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, ocupa dicho cargo, me propuso asumir la Delegación Institucional en Andalucía. No podía negarme. Después de bastantes años trabajando por que las mujeres accedamos a los puestos de responsabilidad en nuestras carreras profesionales, por romper el techo de cristal, tan invisible y tan real a la vez, que muchas veces lo impide, por ser ejemplo de implicación, no podía dejar de aceptar una responsabilidad que sabía cambiaría radicalmente mi vida profesional, pero con la que quizás también podría cambiar la de otras muchas personas.

Representaba un paso desde el cómodo anonimato de mi laboratorio, que normalmente solo es una ventana para el mundo científico pero no para nuestro entorno social y cotidiano, un salto desde los matraces y las reacciones químicas en mi tranquilo laboratorio del IIQ, donde las conversaciones versan sobre catalizadores, proyectos, y publicaciones, a la vorágine de mi despacho en la Delegación del CSIC en Andalucía, rodeada de convenios con instituciones, de actos a los que asistir, de chiquillería que se pasea por las bonitas galerías del Pabellón de Perú donde, a veces por primera vez, se enfrentan al método científico, en la Casa de la Ciencia, que quiere serlo de toda la ciudadanía, pero sobre todo, apelada por las preocupaciones, problemas, intereses e ilusiones de los 23 Centros de investigación que el CSIC tiene en Andalucía, que se extienden por el amplio territorio de nuestra comunidad, abarcando todas las áreas de conocimiento.

Nunca hubiera podido decir que no a un reto tan complejo e ilusionante como el de trabajar y poder ver de cerca cómo Andalucía, mi tierra, se acerca a la ciencia y la hace suya, la convierte en su motor de desarrollo, sin tener que perder por ello la alegría y optimismo que nos caracteriza, por ser como somos y vivir como vivimos. La posibilidad se asumir tamaña responsabilidad me nubló la decisión durante un par de segundos, pero solo un par de segundos, porque no solo representaba un reto, sino también la oportunidad de poner en valor todo aquello para lo que me venía formando desde muy joven, todo lo que me han enseñado mis maestros a lo largo de la vida, y todo lo que en los varios cargos de responsabilidad en los que me he encontrado previamente, he podido aprender.

Soy consciente de que los retos a los que me enfrento son muy variados, casi tantos como la población que me rodea; desde que muchos profesionales de los medios acaben de asimilar que la C de CSIC no significa Centro sino Consejo (Superior de Investigaciones Científicas) (nombre que por cierto, según supe hace unos días, parece ser que inspiró al Consejo General de Hermandades y Cofradías de Sevilla al elegir el suyo propio), hasta convencer a todas las instituciones andaluzas (Junta, Universidades, Ayuntamientos, Diputaciones...) de que los investigadores del CSIC en nuestra comunidad somos profundamente andaluces aunque dependamos administrativamente del gobierno central, y por tanto, somos aliados en el crecimiento de nuestra tierra, y también convencer a los propios investigadores de que nuestro trabajo, las horas interminables de estudio, de experimentos, de noches de insomnio al son del instrumento científico de turno, tan costoso que no se puede parar en las 24 horas del día, de fines de semana robados a nuestras familias porque hay que acabar esa publicación, esa revisión de Tesis doctoral, ese informe de proyecto, ..., tienen un único fin: estar dispuestos y disponibles para hacer frente a los problemas que se le presenten a la sociedad. Y finalmente, no menos reto es la necesidad de difundir y hacer conocer nuestro trabajo, para hacer ver a la sociedad que ahí estamos precisamente para ese fin, formándonos y formando a los investigadores del mañana, siendo siempre sus aliados.

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