Mis compañeros me hacen sufrir

Publicado: 09/03/2017
No se trata de comportamientos agresivos aislados, sino de conductas inmorales, realizadas de forma continuada con la intención de hacer daño
El acoso que sufren los chicos y chicas en las escuelas se ha convertido en una preocupación generalizada en nuestra sociedad, y la necesidad de avanzar hacia medidas para su prevención, en una prioridad educativa. Educar para aprender a mantener relaciones sanas que garanticen una vida en común positiva es una de las grandes metas de nuestro sistema educativo.

El acoso escolar o bullying es un fenómeno que está provocando un gran impacto social debido al incremento de noticias que aparecen en los medios de comunicación y a las consecuencias negativas que padecen a corto y largo plazo los implicados. Los más de cuarenta años de estudio sobre el bullying dejan claro que se trata de una dinámica social en la que uno o varios escolares agreden física, verbal, psicológica o socialmente a otro u otros que difícilmente pueden defenderse.


No se trata de comportamientos agresivos aislados, sino de conductas inmorales, realizadas de forma continuada con la intención de hacer daño. Las relaciones a través de los dispositivos digitales abren otras formas de configurar nuestro mundo social y a su vez, nuevos riesgos asociados. Entre ellos se encuentra el cyberbullying, una forma indirecta de acoso escolar que comparte sus características básicas, aunque se le unen otras propias, como el ser víctima en cualquier momento y ante una amplia audiencia o la imposibilidad de identificar a tu agresor, quien puede permanecer en el anonimato. 


La implicación en bullying y cyberbullying no es un problema de unos pocos. No podemos obviar que si estas situaciones violentas están ocurriendo es porque hay un grupo de compañeros y compañeras que lo está permitiendo. Conocer qué está ocurriendo en las escuelas andaluzas se convierte en una tarea prioritaria para orientar las respuestas educativas para la mejora de las relaciones entre los iguales, y ese ha sido uno de los objetivos del estudio que hemos realizado gracias a la financiación del Centro de Estudios Andaluces.


A través de una encuesta realizada a más de tres mil escolares de entre 10 y 16 años se ha puesto de manifiesto que el acoso y el ciberacoso son fenómenos que están presentes en las aulas de Primaria y Secundaria de forma notoria, lo que requiere prestar atención educativa a su prevención e intervención. Afecta a un amplio número de chicos y chicas que pueden verse implicados de forma directa como víctimas, agresores o agresores victimizados. El número de víctimas es más frecuente en Primaria, aunque en Secundaria suelen darse los casos más graves.


Es importante prestar atención al rol de agresor victimizado, cuya presencia es verdaderamente significativa, lo cual nos está indicando que un importante número de chicos y chicas están implicados en dinámicas perversas en las que asumen la agresión y la victimización como comportamientos normalizados. Cuando en un centro educativo este rol está muy presente, suele ser indicador de que la ética y la convención social no están claras.


Fenómenos como los que nos ocupan requieren de respuestas educativas ajustadas a su complejidad que vayan más allá de propuestas puntuales, sino que aborden planes para una gestión democrática de la convivencia y de la prevención de los problemas derivados de ella ajustados a las particularidades de cada contexto. Ello requiere una respuesta clara y contundente por parte de los centros educativos contra el acoso escolar, formación inicial y continua del profesorado para detectar y saber cómo actuar ante este tipo de situaciones.


El abuso entre compañeros y compañeras requiere además de una mayor colaboración entre las familias y los centros educativos, una respuesta de las instituciones políticas contundente en la que sea considerado como un aspecto de atención prioritario dado el amplio número de escolares que se ven afectados directa e indirectamente.

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