San Jerónimo vuelve a la vida

Publicado: 15/02/2015
La total restauración del monasterio no termina aquí. Las décadas de olvido y abandono aún pasarán factura a las viejas fábricas medievales, lo que obligará a una actitud permanente de análisis y reparaciones puntuales, pero ya se hará sobre un “edificio”, no sobre una “ruina”.
En esta semana se han cumplido 601 años desde la fundación del monasterio de San Jerónimo de Buenavista, aniversario que está coincidiendo con su recuperación para usarse como centro cívico de un barrio que, siempre, lo ha defendido y reivindicado como algo propio. Mi primera intervención en el edificio se remonta  a 1988 en la que, con fondos de la Comisaría del V Centenario del Descubrimiento, y junto con José María Cabeza, acometimos los trabajos imprescindibles para frenar la ruina del edificio y dotarlo de una mínima funcionalidad. El limitado presupuesto no permitió pasar, en aquel momento, de la consolidación del claustro, la reconstrucción de la escalera norte al desaparecido coro y la rehabilitación de parte de la Imprenta de Indias que ha venido funcionando como biblioteca.

En los últimos meses del gobierno de Manuel del Valle se barajó la posibilidad de dejar el claustro aislado, como un decorado exento para representaciones escénicas y edificar un centro cívico, de nueva planta, adosado a las traseras de las viviendas de calle Marruecos. Esta propuesta no nos pareció la más adecuada porque suponía dejar el claustro como una ruina sin vida, como un no-edificio, con sus portadas renacentistas cegadas o abiertas a un vacío, mientras la actividad se desplazaba a una construcción de nueva planta. Por ello la solución, planteada por el equipo técnico municipal, formado por Fernando Sánchez Navarrete, Gonzalo Sánchez Caballos y quien esto firma consistía en integrar ambas edificaciones, ubicando el centro cívico adosado a los costados sur y levante del claustro mediante la reconstrucción espacial y constructiva de las naves conventuales desaparecidas en estos lados, de cuyas características arquitectónicas originales se disponían de suficientes datos gracias a las investigaciones arqueológicas dirigidas por Florentino Pozo Blázquez.


En el costado sur, los muros de la caja de escalera se encontraban al completo a falta de la bóveda de cubrición; también permanecía el primer tramo de peldañeado casi completo y  su restante trazado se advertía reflejado en los muros, lo que ha permitido su reconstrucción de acuerdo con las técnicas y materiales originales.  De la contigua sala capitular se mantenían 3 de sus 4 paredes, buena parte de sus ventanas y, sobre todo, las huellas de los encastres en los muros de las perdidas bóvedas, lo que ha posibilitado la reconstrucción de todos estos elementos, recuperando, con ello, la volumetría y singularidad espacial de tan importante estancia.


De la distribución y características arquitectónicas del costado de levante no existían restos tan evidentes, por lo que la reconstrucción se ha centrado en mantener las proporciones originales de las distintas dependencias (altura, anchura, gruesos de muros, etc.), aunque señalando claramente la separación entre la obra nueva y la histórica. En el tratamiento de las fachadas se ha mantenido la disposición, tamaño y proporción de los huecos primitivos, a partir de los  ya existentes en la sala capitular, resultando una imagen exterior muy similar a la que muestran los grabados decimonónicos conocidos.


Si bien, en un principio, estaba previsto situar la nueva escalera y el ascensor, que exigen la normativa actual, en el ángulo  de encuentro de las naves reconstruidas, la aparición, en ese lugar, de una valiosa cripta obligó, para su protección, a desplazar estos núcleos verticales hacia el exterior.


La total restauración del monasterio no termina aquí. Las décadas de olvido y abandono  aún pasarán factura a las viejas fábricas medievales, lo que obligará a una actitud permanente de análisis y reparaciones puntuales, pero ya se hará sobre un “edificio”, no sobre una “ruina”, con una nueva generación de sevillanos recorriendo sus galerías, estudiando en su biblioteca o asistiendo a conferencias o conciertos. La vida está volviendo a San Jerónimo.

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