Justicia y política

Publicado: 03/07/2018 ·
He mantenido siempre que la Justicia importa poco a los políticos, que están todos a otras cosas...
Ciertamente, en las encuestas que se suceden sobre la valoración de la ciudadanía sobre nuestras instituciones, la Justicia no sale muy bien parada. Con independencia de que la mayoría identifican injustamente, acaso por ignorancia, Justicia y jueces, la cuestión tiene una explicación sumamente sencilla. Planteado un litigio, la desesperante tardanza en su resolución produce un doble efecto insatisfactorio: quienes pierden se indignan por obvias razones; a quienes ganan, les llega la razón tarde y de manera insuficiente a sus legítimas aspiraciones. Pienso siempre en los accidentes de tráfico. Haya o no lesionados, las víctimas no dejan de ser perjudicados tras el cumplimiento de la sentencia; ni se les repone su vehículo al estado en que estaba, ni se les compensa por ello de forma satisfactoria ni hay quien les haga desparecer las secuelas físicas que quedaron. 

He mantenido siempre que la Justicia importa poco a los políticos, que están todos a otras cosas. Un ejemplo lo encontramos en la prometida Ciudad de la Justicia de nuestra ciudad, un sueño imposible del que hablan con la frecuencia de las mareas los políticos responsables sin un ápice de convicción ni sinceridad. 

Es preciso que se conozca en qué medida importa a nuestros dirigentes la calidad de nuestra Justicia. Basta para ello con considerar que la “ratio judicial” española se sitúa en 10,35 jueces por cada 100.000 habitantes, sin duda menos que la media europea, si consideramos que sólo estamos delante de Armenia, Azerbayán, Turquía, Georgia, Dinamarca y Malta. Piénsenlo, por favor, con detenimiento. La justicia española se sitúa por detrás de Moldavia (12,3), Ucrania (14,5) o Albania (12). Y por supuesto, lejos de Portugal (16,7), Rumanía (18,6), Grecia (19,9) y Alemania (24,7), cifras superadas por Francia o italia, como es de suponer. 

El empeño de las administraciones por dedicar a la Justicia los mejores gestores lo vivimos día a día en nuestra cercanía. Asistimos estupefactos a cómo han dimitido al señor secretario general de Justicia de la Junta de Andalucía por robarle joyas a su suegra, mientras “donmanué” pretende tomarse su venganza por los sudores que le hizo pasar la polémica juez Alaya. Puro surrealismo si mezcla de mal alguno. 

Cuando les oigo hablar de sus proyectos, y de sus importantes logros, por conseguir una Justicia de primera me recuerdan aquellos versos de Serrat en una canción que debería ser de obligada lectura llamada Algo personal (“... Pero, eso sí, los sicarios no pierden ocasión / de declarar públicamente su empeño / en propiciar un diálogo de franca distensión / que les permita hallar un marco previo / que garantice unas premisas mínimas / que faciliten crear los resortes / que impulsen un punto de partida sólido y capaz / de este a oeste y de sur a norte, / donde establecer las bases de un tratado de amistad / que contribuya a poner los cimientos / de una plataforma donde edificar / un hermoso futuro de amor y paz”). En fin, sigamos zurrando a los jueces como responsables únicos de los males que sufre la Justicia española. Y que Dios les conserve la vista.

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