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Miercoles, 16/10/2019

La Taberna de los Sabios

El 996 y la guerra con China

Publicado: 08/05/2019 ·
09:28
Actualizado: 08/05/2019 · 09:28

Algunos creen que China es un gigante con los pies de barro. Seguro que sí, pero mientras eso ocurre, nos habrán batido en todos los frentes

996, esto es lo que hay. Y no, no es el número de la bestia, ni un Aleph cabalístico, ni, siquiera, una postura inédita del kamasutra. Es, sencillamente, la fórmula magistral de éxito chino. Doce horas de trabajo, de 9 de la mañana a 9 de la noche, seis días a la semana.Millones de chinos se afanan a ese ritmo, con la promesa de un futuro mejor y eso es lo que recomienda Jack Ma, fundador de Alí Babá, para ser feliz y realizarse como persona. China, bajo una original mezcla de comunismo feroz y de capitalismo salvaje, se ha convertido en una superpotencia que supera a Europa y rivaliza directamente con EEUU. Los americanos han decidido plantarle frente y le han declarado la guerra. Una guerra posmoderna en la que en vez de cañones se utilizan aranceles y en vez de tanques, tasas aduaneras.

La llamada guerra comercial no es una locura más de Trump, sino una estrategia de país. Lobbies, thinktank, universidades y ensayistas llevaban tiempo pidiéndosela, sabedores de que China es la gran ganadora de la globalización impulsada por EEUU. O sea, que los americanos – y nosotros con ellos – estamos perdiendo la guerra económica y del dominio mundial en nuestro propio campo.Nos han engañado como a occidentales…

En la segunda mitad del siglo XIX, se disparó la demanda de guano como abono. Como no había mano de obra suficiente, se trajeron a chinos con la promesa de trabajo en minas de oro muy bien pagados que, en verdad se trataban de guano mal retribuido. De ahí, la expresión “te engañaron como a un chino”. Pues bien, los chinos no se dejaron engañar más y hoy somos nosotros los que tenemos la moca detrás de la oreja.

Desde el siglo XV los chinos son pobres. A lo largo del XIX y del XX pasaron hambre. Pero aquellos tiesos compran hoy empresas.Ibn Jaldún, nuestro paisano del XIV, ya advirtió que los imperios siempre terminan decayendo por la relajación de las costumbres, mientras que los bárbaros, austeros y sacrificados, aspiran a la conquista. Estableció una ley fatal, que se ha cumplido inexorablemente a lo largo de la historia. Al final, los bárbaros terminan siempre conquistando al imperio acomodaticio y decadente. Pero, una vez en el poder, se vuelve a poner en marcha la rueda infinitiva. Los antiguos bárbaros se acomodan mientras que, en algún páramo, nuevos bárbaros, forjados en la miseria, sueñan con destruirles.

Algunos creen que China es un gigante con los pies de barro y que, a medida que las clases medias vayan desarrollándose y los derechos sindicales avanzando, perderá su imbatible competitividad. Seguro que sí, pero mientras eso ocurre, nos habrán batido en todos los frentes. Occidente no sabe qué hacer y Trump ha escogido la peor opción, la de encerrase detrás de murallas – de alambre con México, arancelarias, con el resto del mundo -, receta propia de los pueblos en decadencia.

Ya ocurrió con los chinos. Fueron, desde la prehistoria, una potencia cultural y tecnológica. Ellos inventaron el papel y la pólvora. Pero en el XV, el emperador  Zhengtong ordenó el cierre de fronteras y se aisló del mundo, destruyendo la gran flota que levantara el mítico almirante Zheng He. China se encerró y se rodeó por murallas. Ahí comenzó su decadencia hasta que, bárbaros y hambrientos, decidieron abrirlas para comerse el mundo. Y nosotros somos su botín, si nos dejamos, claro está.

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Autor en Andalucia Información

Manuel Pimentel

El autor del blog, Manuel Pimentel, es editor y escritor. Ex ministro de Trabajo y Asuntos Sociales

La Taberna de los Sabios

En tiempos de vértigo, los sabios de la taberna apuran su copa porque saben que pese a todo, merece la pena vivir

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