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Lunes, 18/06/2018

La Taberna de los Sabios

Democracia para evitar que nos destruyan

¿Qué ocurriría si volvieran a tener la mayoría absoluta del Parlamento catalán los independentistas? Volver a dinamitar España

Bajo el actual conflicto catalán pugnan dos fuerzas clásicas que han conformado durante siglos la España que hoy conocemos. Por una parte, la centrífuga, que en su versión extrema aspira a la independencia de los territorios – hoy, Cataluña; ayer, País Vasco; antes de ayer, los cantones - frente a la centrípeta, la que aspira ala convivencia de todos los españoles bajo un mismo estado. Los nacionalismos centrífugos mutan a lo largo de la historia, adaptan su discurso, pero mantienen un idéntico fin, que no es otro que separarse del conjunto de España. Y, España, sin algunas de sus actuales regiones ya no sería España, sería otra cosa. O sea, que el independentismo lucha abiertamente por la destrucción de España, para aniquilar la convivencia fructífera, hermosa y posible del conjunto de los españoles, con su variedad y riqueza compleja.

Debemos saberlo y no dejarnos engañar más. La Constitución de 1978 creó el Estado de las Autonomías, reconociendo regiones y nacionalidades. Comenzó una dinámica de fuerte descentralización que transformó a España desde el país centralizado que era en 1977 hasta convertirse en el más descentralizado de Europa en la actualidad. Precisamente fue el Título VIII de la Constitución el que generó más debate, rechazo y recelo. ¿Qué ha pasado? Pues que, desgraciadamente, al final tuvieron razón los que se maliciaron que toda esta dinámica no serviría para tranquilizar a los nacionalismos sino para todo lo contrario, para darle armas con las que al final destruirnos. Es triste decirlo, es doloroso reconocerlo, pero el sueño de concordia y equilibrio al que aspiró nuestra constitución ha fracasado por el egoísmo miope e irresponsable de los independentistas. El Estado ha quedado anémico frente a los pequeños Estados en los que en verdad se han convertido algunas autonomías, que han perseguido abiertamente la lengua española, que han adoctrinado en sus colegios a sus niños en el odio a España y que llevan trabajando durante años en la división, la crispación y la separación. Convertidos en enemigos de la concordia, aspiran ahora a dinamitar nuestra democracia. ¿Se lo permitiremos?

Los golpistas no cejarán en su intento. Una vez enterrado el malhadado Procés, con algunos de sus principales instigadores huidos o en la cárcel – que no son presos políticos, sino políticos presos –y la autonomía catalana intervenida por el 155, nos encaminamos hacia unas nuevas elecciones. ¿Qué pasará el 21D? No lo sabemos, ojalá ganen los constitucionalistas. Pero, ¿qué ocurriría si volvieran a tener la mayoría absoluta del Parlamento catalán los independentistas? Pues que nadie lo dude, que tratarían de volver a dinamitar España, bajo la supuesta legitimidad que le concedería el resultado electoral, que transformarían en plebiscito para sus intenciones. Pues deben saber que de nuevo se encontrarían al Estado – y a una mayoría de españoles – frente a su ilegal y antidemocrático secesionismo que, de ninguna manera, podemos permitir que nos impongan.

España es de todos los españoles y no de una minoría organizada y fanatizada de ellos. Cualquier cuestión que afecte a la integridad del territorio español deberá ser votada por el conjunto de los españoles, previa la preceptiva reforma constitucional. En ningún caso, gobierno alguno podría negociar o pactar un referéndum parcial que conllevara la independencia de una parte de España sin que previamente acordáramos,entre todos, una reforma constitucional. Nadie puede quitar al conjunto de los españoles de su legítimo derecho a votar sobre el futuro de su propia nación.

Nos queda mucha lucha democrática por delante, para evitar que dinamiten nuestro derecho a decidir. Y la lucha será dolorosa y prolongada. Pero debemos darla y ganarla: la democracia, la razón y la justiciaestán de nuestro lado. 

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