Por un Corpus a la altura de Sevilla

Publicado: 29/05/2018 ·
El desmesurado número de participantes ha generado un dilema con peligrosa, pero necesaria solución...
Gracias. Eternamente gracias. Es lo primero que cabe pronunciar cuando los poderes fácticos hablan de la procesión del Corpus de Sevilla y, frágil memoria, olvidan quiénes salieron al paso para salvar una histórica festividad que se quedó literalmente sola.

Gracias a los cofrades de Sevilla hoy el Corpus aún sigue latiendo en el corazón de la ciudad y gracias a ellos la curia no ha de remangarse para apretar los tornillos de los pasitos o para clavar claveles blancos a los pies de los santos.

Y aunque no deba partir de mi esa palabra tan costosa, pero de vez en cuando tan necesaria, hoy me gustaría poner en valor lo tanto y mucho que ofrecen nuestras hermandades, y por ende sus miembros, en la protección del patrimonio y tradiciones de Sevilla.

Y aún así, aunque el azote duela, los cofrades no deben perder la estela de los que ayer le representaron. Hay que tomar el cirio del ejemplo, ser fríos y cautos y actuar pensando en el bien común y no en el de los unos u otros. Toca decir “basta” y romper la baraja de aquel Corpus que salvaron.

Porque seguramente el contenido de Asenjo no es tan desacertado como pensamos -lo de las formas ya es otro cantar-. Pero el Corpus al pique de un repique de morir ahora no por soledad, sino ahogado en su propio éxito.

El desmesurado número de participantes ha generado un dilema con peligrosa, pero necesaria solución. Prima el salir, procesionar, dar luz, pero olvidamos a todas aquellas personas que no tienen esa posibilidad o, sencillamente, prefieren alabar al Santísimo hincando sus rodillas a pie de calle. Y el debate no es ya ni si la formación cristiana de los que forman las representaciones de nuestras hermandades es la adecuada para ser consecuentes con la festividad litúrgica que venimos a conmemorar cada jueves de Corpus. Ni siquiera si algunos se lo toman como un paseo matutino con un feliz final en la ingesta de la “tostá” y el cafelito. No, no es cuestión de abrir debates, sino de encontrar el equilibrio.

No sé cuál es el número más acertado para acotar el cortejo. Pero si el cofrade se siente responsable de la estocada que ya viene arrastrando esta particular procesión en los últimos años, quizás ahora sea el momento de dar un buen capotazo y salir al paso para salvar, otra vez, nuestra fiesta mayor.

No te importe el que dirán, ni si los poderes salen ganando. Al final el tiempo sólo premia a aquellos que pensaron en el bien del hoy para salvaguardar el mañana. Todo es cuestión de tiempo o de tiempos. He ahí el equilibrio y, sin más, el éxito.

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