75 años del atropello del tranvía al palio de La O

Publicado: 14/03/2018 ·
Aniversario de aquel Viernes Santo en el que el tranvía de Sevilla-Camas arrasó un paso de palio del que milagrosamente sólo hubo que reparar daños materiales
Nuestras mentes, por naturaleza, acostumbran a ser olvidadizas. Apenas el ayer tiene cabida en el aquí y ahora y ni mucho menos en el mañana. Pero que sería de nuestro legado, de esta herencia llamada Semana Santa sino fuera por la memoria y la infinidad de anales que mantenemos en nuestros prestigiosos archivos. 

Así, esta próxima Semana Santa los hermanos de La O recordaremos un pasaje tan triste como inolvidable. 75 años de aquel Viernes Santo en el que el tranvía de Sevilla-Camas arrasó un paso de palio del que milagrosamente sólo hubo que reparar daños materiales, pero en ningún caso humanos. Ni siquiera la Virgen de la O sufrió un mínimo rasguño y sorprende a merced de las imágenes devastadoras de un paso que término prácticamente para el desguace. 

Fue a la una de la madrugada del 23 de abril de 1943, cuando la hermandad trianera regresaba a casa por el tramo de la calle San Jorge, cuando Curro, el tranviario, dirigía lentamente aquel tranvía tras la cofradía -era costumbre-, pero un error deparó en una tragedia de la que hoy aún se recuerda porque, sin duda, aquel fatídico suceso pudo haber terminado con la vida de muchas personas. 

Las crónicas hablan de "misterio". Los cofrades y cofradas de La O lo catalogan de "milagro". De la mediación de la Virgen de La O para que aquel atropello tan sólo hubiera destrozado la orfebrería del palio, sin que ni una sola persona -ni nazarenos, ni público allí presente-, se cruzara en ese corto trayecto recorrido en escasos segundo. Sólo un lesionado de consideración, el patero izquierdo de aquel paso comandado por Rafael Aguirre 'el Viejo' y que respondía al nombre de Salvador Dorado 'el Penitente'. Curiosamente, aquella situación le produjo una cojera de por vida, obligándole a colgar en el costal para sustituirla por una corbata negra que le llevó a convertirse en uno de los capataces más prestigiosos de la era profesional de las trabajaderas. 

Los 36 costaleros arrollados aguantaron el tipo y fueron más fuertes que aquel tranvía. Por tal razón, ellos, los hombres de abajo, promovieron los distintos actos que en Triana se conmemoraron en agradecimiento a la intersección de la Virgen, obrando un verdadero milagro, de los que hacen aún más grande si cabe la pureza de una protestación de fe llamada Semana Santa de Sevilla. Sí. Todo pasa por algo. 

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