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Viernes, 20/07/2018

La salita de Moy

Dejemos a los muertos tranquilos

Asoman las vacaciones por el ventanal de esta salita y los nervios bailan al compás de las olas de mi añorada Chipiona...

Asoman las vacaciones por el ventanal de esta salita y los nervios bailan al compás de las olas de mi añorada Chipiona. Pero no me voy tranquilo pensando en el terror de los muertos que yacen bajo tierra. Me marcho con la extraña sensación de que en cualquier momento uno de estos se va a levantar y la vamos a liar, porque a ver cómo le explicamos al personal que ha tenido lugar todo un Expediente X en Sevilla: Un Walking Dead en la Basílica de la Macarena. ¡Qué yuyu!

Pero fuera de idioteces. Este plan, que creo que se nos está yendo un poquito de las manos, me da a mi que esconde unos intangibles que descatalogan toda mínima razón. Y Dios me libre de ser yo el que tome el asta de la bandera de la era franquista, o de la republicana. Soy demócrata. O mejor dicho, una persona que vive por el hoy y por el mañana, pero nunca para el ayer.

Lo que requiero es que alguien me explique y sobre todo me razone una “exigencia” menos humana que la de un frívolo genocida. Y que me lo cuente sin caer en la vulgaridad de las políticas cruzadas que, vampiros ellos, chupan la sangre de la sociedad con las situaciones más crueles, como el paro, el terrorismo, los mangazos o los muertos. Pues aquí me atengo a la enseñanza del mejor presidente de mi gobierno, mi abuelo, el que siempre me invitó a vivir y dejar vivir y, sobre todo, a dejar los muertos tranquilos.

¿De verdad es tan vital exhumar los restos de un asesino que por mucho que pisotees sus huesos ya no te va a responder? Y claro que es culpable del dolor de tantas familias rotas. Y por supuesto que hay que sentenciar por siempre sus hechos, como a los del otro bando, como a todos los que participaron de una guerra que no entendió de corazones, sino de intereses medidos. Y si la preocupación es la Ley de la Memoria Histórica, hagámoslo levantando las carreteras convencionales y tantos campos que aún hoy encierran el dolor impagable de esos hijos, de esos nietos que no conocieron a sus abuelos porque España es tan idiota que es capaz de suicidarse por un trozo de pan y una botella de vino.

Y si ese sanguinario, que por cierto levantó los muros del templo cristiano que custodia a la Virgen más copiada del mundo, sigue yaciendo en este santo lugar será porque su juicio ya no es terrenal. Que sea la Esperanza quien tome la maza y dicte sentencia. Y cuando hagamos quedadas laicas a las puertas de la Iglesia que sirvan al menos para mejorar situaciones sociales y no para ocuparse de alguien que ya no responde por su nombre. No me lo toméis a mal, pero creo que tenemos a nuestro alrededor miles de problemas más importantes que atender. Así os deseo unas plácidas vacaciones, que respiréis y seáis felices, y espero que durante este mes no tengan que venir los creadores de Residentes Evil a grabar su nuevo videojuego desde el atrio de la Macarena. O lo que sería peor, que a un hábil y astuto político se le ocurriese pedir a gritos la exhumación de los restos mortales del Santo Rey y Patrón Fernando III de Castilla, quién reconquistó España batiendo el cobre de su espada y no en una partida al mus como alguno quisiera pensar. Dejemos a los muertos en paz.

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