Aritmética del corazón

Publicado: 30/09/2020 ·
Soy de letras puras, de latín y griego. Nunca me supe la tabla del nueve, para que me entiendan. Los números son enemigos de mi corazón...
Soy de letras puras, de latín y griego. Nunca me supe la tabla del nueve, para que me entiendan. Los números son enemigos de mi corazón, dardos que quieren hacerme sangrar, ogros en la noche de la habitación de un niño pequeño. Yo soy cerrado de juntar palabras y dejar que las letras me acaricien mientras las personas inteligentes resuelven el mundo para los que nacimos torpes. No me gustan las matemáticas. Pero nada. Estoy divorciado de sus cuerpos perfectos desde que siendo niño ellas se dieron cuenta de que yo no era su tipo.


Sin embargo, quién me lo iba a decir a mí, un profesor emérito de mates con la quimio metida en vena, la sonrisa hecha una raíz cuadrada y la casta valiente sumada en toneladas le está dando la vuelta a la aritmética de mis días. Este profe colecciona palabras hermosas, camisetas del Sevilla y kilómetros a Salamanca, tiene las alforjas desbordadas de amores infinitos para Merchi Delgado, que es mujer de hablar poco y hacer mucho y dice que se cura por sus castas o por las mías. Ha escrito un libro, es tuitero apasionado y se tira por la espalda cualquier mala noticia para beberse a borbotones cualquier luz de esperanza. Juanma es profesor de matemáticas, sí, pero sus letras son oro macizo, plata cincelada, prosas que prometen felicidad y lecciones amontonadas entre las sábanas de los hospitales y las vías encarnadas en sus brazos. Si él sigue, yo sigo. Aunque tenga que aprender que nueve por siete son setenta y dos ¿no?


Aquí me tiene, honrando a las matemáticas a las que siempre di la espalda. Este valiente me está enseñando que la vida es un número perfecto porque estamos ante la creación de Dios, el dueño de todas las multiplicaciones. Juanma Díaz es imparable, valiente, positivo, romántico, pasional, íntegro y capaz. Vamos, que pelea por estar a la altura de su Merchi, que es de esas personas que el cielo pone en la tierra para que los cobardes las tomemos como espejos de gallardía.


Juanma está escribiendo de mielomas y tratamientos contra el cáncer con una sonrisa en la cara mientras yo escribo estas líneas con las pilas de la calculadora vieja de mi corazón dando boqueadas. Menuda ecuación.


A este caballero imparable quiero decirle en esta epístola de cuadrícula y porcentajes que yo estoy dispuesto a ser alumno de mates si las clases las imparte él. Me apunto. Porque me está dando lecciones sin saberlo, enseñando a mi torpe sesera a mirar al futuro, a valorar las cosas importantes. Y a quejarme menos.


Hoy dice Juanma que le duele la rodilla. A mí me duele el alma de ver cómo lo dice, con esa sonrisa valiente y hermosa. Las cuentas de este maestro vitalista son imparables. Como mi respeto. Del cero... al infinito. 

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