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La Gatera

Entonces es Jazz...

Publicado: 27/09/2018 ·
22:51
Actualizado: 27/09/2018 · 22:51

En estos días bienales donde llamamos trasgresión a la falta de genialidad se cumplen 28 años de la muerte (que no desaparición) de Miles Davis

En estos días bienales donde llamamos trasgresión a la falta de genialidad se cumplen 28 años de la muerte (que no desaparición) de Miles Davis. “Un tipo extraño. Entre macarra hipster y pijo inmaculado”, según el profesor Álvarez-Monzoncillo y “Rebelde y negro, inconformista, frío y con estilo, airado, sofisticado, añade el rasgo que quieras: yo era todas esas cosas y más” según el propio Davis en su autobiografía.

Yo aprendí a disfrutar de Miles Davis de la mano de Manolo Grosso. Antes sólo lo había escuchado. Manolo me enseñó a entenderlo. Grosso, al que esta ciudad le debe tantísimo en cuestiones culturales, trajo a Davis a Sevilla para la clausura de la edición de 1987 de aquellos maravillosos festivales de Jazz que pintaban la ciudad de humo azul. (Pregunten al escritor y periodista Ignacio Díaz Pérez sobre la Saeta que Miles Davis grabó en su Sketches of Spain). Si un día soy capaz de convencerlo, Manolo podría escribir un libro que sería algo así como “detrás del escenario” y compartiría con el resto del mundo esas vivencias que cuenta con tanta sencillez entre amigos. Pues bien, Grosso, en esa virtud didáctica y altruista que tiene su forma de entender la amistad, me regaló hace muchos años una edición preciosa del mítico “Kind of the Blue”. El mejor disco para hacer el amor en palabras de Herbie Hancock… Y el mejor disco (según servidora) para leer Novecento de Alessandro Baricco, que escribió en los labios del protagonista, aquel melancólico pianista del buque Virginian: “¿Qué era eso?, No lo sé. […] Cuando no sabes lo que es, entonces es jazz.”

Este álbum se grabó en 1959. Davis estaba rodeado de lo mejor: Julian "Cannonball" Adderley , John Coltrane, Wynton Kelly, Bill Evans, Paul Chambers y Jimmy Cobb. Cuando estaban grabando “So What” ocurrió algo. El batería Jimmy Cobb tenía que acentuar el final de la introducción de la canción y dar paso a un solo de trompeta de Miles Davis. Pero Cobb golpeó con tanta fuerza que creyó que había arruinado la toma. Los compañeros siguieron tocando hasta el final dándola por buena. Cuando Cobb les avisó de que habría que repetir, volvieron a escucharla y quedaron encantados con la fuerza de aquel golpe. Quedando lo que para Cobb era un mal golpe, como uno de los sellos de belleza de ese disco. 

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Autor en Andalucia Información

Rosa G. Perea

Rosa G. Perea es escritora. Es cofundadora del Club de Lectura del Ateneo de Sevilla y editora en Almuzara

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Como escritora, editora y colaboradora en medios de comunicación, Rosa G. Perea habla de todo, predominando la cultura

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